Las muñecas sexuales tal y como las conocemos fueron un invento de los nazis durante la Segunda Guerra Mundial, una idea de las SS para evitar que los soldados siguieran contagiándose el sífilis de las prostitutas francesas. Hoy en día, los fabricantes de muñecas sexuales se encuentran en la carrera de adaptar sus maniquíes, cada vez más realistas, a la era de la robótica: sensores, inteligencia artificial y emulación de sentimientos.

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El sexo con robots, que es una realidad a medias, ya está generando diversos debates sobre sus implicaciones éticas.

Robots sexuales y machismo

Campaign Against Sex Robots es una organización de académicos que propone la prohibición de los robots sexuales. Sus razones distan de proteger la moral de los robots, como podrías pensar. Han publicado un artículo académico para explicarse. Sus argumentos son, en resumidas cuentas, que:

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  • El sexo con robots deshumaniza a las mujeres
  • La visión que tenemos de los robots sexuales se asemeja al intercambio prostituta-cliente, que consiste en reconocer únicamente las necesidades y deseos del comprador de sexo (mientras que el vendedor carece de subjetividad y es tan sólo un objeto)
  • La producción de robots sexuales demuestra los horrores aún presentes en el mundo de la prostitución, construido sobre la percepción de que las mujeres son seres inferiores (lo que justifica que puedan ser usados como objetos sexuales)

El estudio está liderado por Kathleen Richardson, investigadora sobre ética y robótica en la Universidad De Montfort. Richardson considera que la industria está extendiendo el problema de la prostitución a las máquinas, y que esto no es ético ni seguro.

Una de las co-autoras del artículo, Erik Billing de la Universidad de Skövde, cree que este tipo de robots contribuirá a que existan todavía más casos de explotación sexual en la sociedad: “la explotación humano-robot se replicará con más explotación humano-humano, como un círculo vicioso”.

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Cuando el Washington Post le pregunta por los robots sexuales masculinos, cada vez más frecuentes, Billing contesta que sucede como en el mundo real: “hay cierto número de prostitutos masculinos, pero para nada en el mismo grado que prostitutas femeninas”.

Enamorarse de un robot, la historia tangencial

Las relaciones entre humanos y robots nos obsesionan desde siempre. Para muestra, las obras de sci-fi: desde Battlestar Galactica hasta Ex Machina, solemos fantasear con el amor entre una inteligencia artificial y una persona.

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El artículo de Campaign Against Sex Robots señala similitudes entre el sexo con robots y la explotación sexual puesto que la industria de robots sexuales todavía no ha conseguido llegar mucho más lejos de lo que ya ofrecían las muñecas inflables. Pero la robótica y el desarrollo de inteligencias artificiales abre nuevas posibilidades tanto para los fabricantes como para los clientes. Incluso posibilidades tangenciales al sexo: en el futuro, nos enamoraremos de robots.

Esto forma parte de la naturaleza de los seremos humanos: valoramos las cosas de manera muy subjetiva. Hay personas que se hacen vegetarianas por amor a los animales, hay personas que se atan a un árbol por amor a la naturaleza. Y habrá personas que desarrollen sentimientos con los robots, se sientan atraídos por ellos y quieran tener relaciones sexuales con ellos.

El sexo realista con robots está cada vez más cerca

La industria de los robots sexuales es conocedora de su público y se dirige a esa persona con problemas sociales que necesita llenar un vacío emocional. Matt McMullen, el fundador de RealDoll, trabaja con un equipo de ingenieros para conseguir dar vida a sus muñecas sexuales. Su intención es que los clientes se vean atraídos “a un nivel emocional e intelectual, más allá del físico”.

Es cierto, seguirá habiendo sociópatas ahí fuera que paguen decenas de miles de euros para satisfacer sus filias sexuales a través del nuevo nivel de realismo que ofrecen los robots. Por eso mismo hace falta poner el debate sobre la mesa: la ética de la robótica es un problema que hay que afrontar.

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Conocemos las tres leyes de los robots que proponía el universo de Asimov: no hacer daño a los humanos, obedecer las órdenes de los humanos y preservar la propia existencia. Ojalá el maestro siguiera por aquí para orientarnos en la moral inversa: la de los humanos con respecto a los robots.

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