Un software automático de Google se asegura de que no haya quejas relativas a la privacidad difuminando las caras de las personas que son captadas por las cámaras de Street View. Sin embargo, ese software dista mucho de ser perfecto. El resultado de esta imperfección es una singular colección de monumentos convertidos en estatuas anónimas.

El ilustrador francés Marion Balac ha recogido estas extrañas imágenes de estatuas sometidas al anonimato en una exposición titulada Dioses anónimos. Es complicado dejar el trabajo de la privacidad en manos de robots, pero las estatuas sin rostro de esta colección también inducen a una reflexión sobre los límites de la privacidad, y el exceso de celo al tratar de protegerla. [vía Marion Balac]

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