Durante el Holocausto nazi existieron un gran número de héroes anónimos. La historia en algunos casos los ha acabado consagrando, como es el caso de Oskar Schindler tras la novela y la película de Spielberg. Hoy repasamos la historia de uno de esos nombres, posiblemente, el primer hacker de la historia. Un funcionario que fue capaz de salvar la vida de cientos de judíos alterando la tecnología de la mismísima IBM. Esta es la historia de René Carmille.

Si al ingenio del mago John Maskelyne se le podría considerar como el precursor de lo que hoy entendemos por hacker (o cracker), años más tarde sería su nieto Jasper Maskelyne, el ilusionista, el hombre que comenzaría a construir la definición de un hacker. Se trata de otra figura heroica que emergió en la Segunda Guerra Mundial, gracias a sus trucos y señuelos la armada británica logró ventaja en el campo de batalla. Aún así y para ser exactos con el término, ni Jasper ni John fueron hackers, no hay informática por medio, pero desde luego allanaban el camino para que apareciera la figura de Carmille.

IBM y la tecnología para computar judíos

En plena expansión del Reich, el gobierno alemán había tomado una decisión que escondía una decisión macabra. Anunciaba el inicio de un censo para “ordenar” a la población. La realidad es que detrás de la iniciativa se escondía la persecución de todos los judíos que existían en cada territorio ocupado. Para ello los nazis hacían uso de las administraciones de los países donde llegaban, entre otros de los Centros de Estadística, un lugar desde el que comenzarían a rastrear, arrestar y finalmente deportar a los campos de concentración o como mano de obra esclava.

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El censo que llevarían a cabo se realizaba a través de las máquinas Hollerith, filial alemana de IBM, a través de unas tarjetas perforadoras. Cada tarjeta asignaba a un ciudadano, y cada ciudadano tenía en la tarjeta una serie de identificaciones entre las que se encontraría la raza o la religión.

Tarjetas perforadoras utilizadas para el censo.

Estas máquinas, también conocidas como tabuladoras, son una de las primeras en la historia de aplicación en informática. Existen desde 1890 y fueron creadas por Herman Hollerith con la idea de tabular el censo de ese mismo año en Estados Unidos. Años más tarde, en 1896, se produce una fusión con otras tres empresas, lo que finalmente dio lugar en 1924 a la International Machines Corporation (IBM).

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Por tanto la historia dice que estas máquinas de IBM fueron las encargadas de comparar cada día durante el Holocausto los posibles cambios de los ciudadanos, ya sea de domicilio o estado civil. Pensemos que la utilización de estas máquinas, utilizadas por Alemania diariamente, reportaron a los fabricantes de esa época grandes dividendos.

Carmille, funcionario de día, hacker por la noche

Modelo de máquina Hollerith.

Es en este momento de la historia cuando aparece la figura de nuestro héroe. René Carmille, aparentemente un hombre más, era un funcionario del Departamento de Demografía de Vichy, además y posteriormente estuvo trabajando en el Centro Nacional de Estadística como jefe del servicio. Evidentemente no era uno más, también era un experto en el manejo de las cartas perforadas para almacenar datos y la historia le atribuye el honor de ser el inventor del código alfanumérico que al final de la guerra sería utilizado por Francia para el número de la Seguridad Social.

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En este contexto, cada territorio conquistado por los nazis en Europa suponía una puesta a punto con los censos a través de estas tarjetas. Llegados a Vichy tras la caída de Francia, a Carmille lo envían a Alemania para aprender a trabajar con las nuevas máquinas y comenzar a trabajar para los nazis en Vichy desde el Centro de Estadísticas. El hombre desconfía y piensa acertadamente que el trabajo de los censos esconde algo más. Meses más tarde llega la confirmación de sus pesquisas, el ministro de Justicia de Vichy, Raphael Alibert, le pide a Carmille que incluya la pregunta número 11 en las tarjetas: la religión del ciudadano en cuestión.

Unos meses antes, Carmille se había enrolado en la red Marco Polo de la Resistencia, una especie de servicio secreto de la autoproclamada Francia libre con la que podía llevar a cabo un plan que “hackeara” las máquinas del censo. La idea: modificar o alterar los códigos que se introducían en las tarjetas de forma que podría ocultar la identidad de muchos judíos de Francia.

Campo de concentración. Foto: EverettHistorical / shutterstock

Un trabajo que le tomó horas diarias con el que iría salvando vidas en cada tarjeta modificada. El funcionario y el equipo a su cargo omitían o realizaban errores de bulto sobre esa pregunta número 11 que retrasaba las redadas y las identificaciones de los judíos. No sólo eso, Carmille se las ingenia también para robar información del censo y pasarla a la Resistencia francesa. Tenemos por tanto al que podríamos considerar el primer hacker de la historia salvando literalmente miles de vidas.

Desgraciadamente y con el tiempo, cuantos más “errores” y desinformación se produce mayor es el cerco de los alemanes, quienes comienzan a pedir explicaciones intentando averiguar la naturaleza de los mismos. Pasaron varios años hasta que descubrieron a Carmille, pero en febrero de 1944 fue detenido por la Gestapo, momento en el que los nazis ponen a gente de confianza al cargo de los censos.

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Carmille acaba siendo deportado a un campo de exterminio tras haber sido torturado durante dos días. Allí moriría de tifus un 25 de enero de 1945 con 59 años de edad. Con su muerte se perdía la figura del, posiblemente, primer hacker de la historia, además de uno de los grandes héroes anónimos del Holocausto. En cuanto a la cifra de vidas que pudo haber salvado vulnerando la tecnología del censo, no se tiene constancia del número exacto, pero podría valer un dato revelador: durante la misma fecha en la que Carmille actuaba sobre los censos, en Holanda un 75% de los hebreos fueron deportados a los campos. En Francia, donde actuó Carmille, la cifra fue de un 25%.

Foto de portada: Auschwitz I. Wjarek / shutterstock

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