Planta de helio de Amarillo, Texas. Foto: Wikimedia Commons.

El helio es una sustancia paradójica. Se trata del segundo elemento químico más abundante en el universo por detrás del hidrógeno. Sin embargo, en la Tierra es escaso (apenas cinco partes por millón). En 2010 predijeron el eventual agotamiento de las reservas de helio del planeta, así que el descubrimiento de un nuevo yacimiento en Tanzania es una excelente noticia.

El primer problema del helio es que es muy ligero. En condiciones normales se presenta en forma de gas que asciende a la atmósfera y se disipa en ella. Bajo algunas condiciones, sin embargo, el helio que da atrapado en la corteza terrestre en forma líquida y se almacena en grandes depósitos que puede explotarse de manera similar a cómo se extrae el gas natural.

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El problema de estos depósitos es que son muy raros. El más grande del mundo que se conocía hasta la fecha está en Amarillo, Texas, y contenía poco más de 28 millones de metros cúbicos. Desde su privatización en los años 90, los precios del helio han estado sometidos a fuertes fluctuaciones que se han cebado en los presupuestos de no pocas instituciones científicas.

¿Renovable?

En la naturaleza, el helio se crea cuando elementos radiactivos pesados como el uranio decaen en el interior de la corteza terrestre, generando átomos de helio. Por esta razón se considera un elemento renovable, pero el problema está en el ritmo al que se renueva. El decaimiento radioactivo es un proceso lento, y actualmente consumimos helio a un ritmo superior al que se genera.

En 2010, el físico de la universidad de Cornell y ganador de un premio Nobel Robert Richardson se hizo famoso por predecir que las reservas de helio se agotarían en 25 años, o sea, para 2035. Si las estimaciones de Richardson daban en el clavo, el precio de un simple globo de helio como los de las fiestas de cumpleaños podría subir hasta los 100 dólares en 2035.

Lago Bogoria, en el Valle del Rift, Tanzania. Foto: Wikimedia Commons.

Afortunadamente, parece que no es que el helio sea tan escaso, sino que hasta ahora no habíamos sido capaces de detectarlo con la suficiente precisión. Un equipo de investigadores británicos de las universidades de Oxford y Durham han desarrollado una técnica que permite identificar grandes depósitos subterráneos de helio que se forman cuando la actividad volcánica libera el elemento en la corteza terrestre.

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Hasta ahora, estos depósitos de gases habían pasado dedsapercibidos, pero el equipo ya ha descubierto uno enorme en el valle africano del Rift, en Tanzania. El helio de estos depósitos suele estar mezclado con otros gases, y ello requerirá de un proceso de extracción algo más complicado. La buena noticia es que también abre la puerta a localizar nuevos yacimientos en otras regiones geológicamente similares. Uno de los usos del helio líquido en la actualidad es refrigerar los imanes que se usan en los escáneres de resonancia magnética de los hospitales. [ Goldschmidt geochemistry conference vía Eurekalert]


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