Comenzó como una amenaza. Tibia, casi sin contexto. Un grupo de atacantes anónimos que lanzaron una advertencia muy simple: o cumplían sus exigencias (que Sony nunca ha llegado a revelar del todo) o harían público el contenido obtenido tras un devastador ataque contra la red de servidores de la compañía. 10 Terabytes, para ser más exactos, que han desatado el caos.

Sony no lo hizo, y las consecuencias pronto comenzaron a sucederse. Primero, cinco películas de la distribuidora aún por estrenar de la productora se filtraron online. Posteriormente, datos como los sueldos de los altos directivos, o guiones y números de la seguridad social de sus empleados comenzaron a inundar internet. Conocimos incluso que Sony Pictures no parece ser precisamente el mejor lugar para trabajar del mundo.

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Y cuando propios y extraños comenzaban a suspirar aliviados pensando que hasta ahí había llegado todo, llegó el tifón: se reveló que Sony guardaba sus contraseñas en un documento plano llamado, efectivamente, "Contraseñas". Que detrás del abandono del biopic de Steve Jobs se escondían unas disputas escandalosas entre Amy Pascal, co-presidenta de la compañía, Scott Rudin, uno de sus más prestigiosos productores ejecutivos y Angelina Jolie. Que Spiderman pudo haber aparecido en Captain America: Civil War pero se negaron a ceder los derechos a Disney. Las reuniones secretas que Hollywood mantiene regularmente para frenar la piratería salieron a la luz. De locos.

Fue entonces cuando el papel de The Interview, que desde el principio había estado rondando como uno de los posibles motivos detrás del ataque, comenzó a ganar relevancia. Los atacantes pidieron, directamente, que no se estrenase. En este momento tuvo lugar el primer punto de inflexión:

  • Sony conocía los fallos de seguridad 2 meses antes de la filtraciones.
  • Sony había mantenido el mismo equipo de seguridad responsable cuando sucedieron los ataques a PlayStation Network, en primavera de 2011, y responsable de que el servicio estuviera caído durante casi un mes.
  • Sony sufrió el primer ataque en febrero de este año y decidió ocultarlo.

Sony era, a efectos prácticos, una perita en dulce para cualquier atacante que hubiese decidido atentar contra su seguridad. Pero lo peor de todo, lo más grave, es que hoy, después de todo, Sony ha decidido cancelar definitivamente el estreno de The Interview.

Y es terrible.

Terrible no sólo porque supone que los hackers han ganado la partida, sino porque sienta un precedente muy peligroso: Sony acaba de proclamar ante todos los posibles atacantes del mundo que si lo intentan con la suficiente pericia e insistencia pueden conseguir, eventualmente, lo que quieran. Ha quedado demostrado que un ataque informático puede ser lo suficientemente devastador como para provocar que una compañía pierda 100 millones de dólares (las pérdidas calculadas tras la cancelación del estreno) de un plumazo, y toda su reputación en el camino.

De hecho, y extraído de la última amenaza que han enviado los hackers:

The world will be full of fear.

Remember the 11th of September 2001.

Lo peor de la pésima gestión de Sony Pictures del asunto desde el principio es que quedará constancia de ello en la historia de los ciberataques corporativos y, a diferencia de muchos otros, probablemente marque el inicio de muchos más. La decisión implica que, probablemente, no veremos en los cines ninguna película polémica que tenga que ver con Corea del Norte durante los próximos años y que, por desgracia, todo el mundo ha olvidado que ceder ante las amenazas del acosador abusón no siempre es la mejor de las ideas.

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