Durante un tiempo el Joyita fue un barco de lujo por donde pasaron muchas de las grandes estrellas de cine de la época. Sesenta años después el misterio en torno a la embarcación fantasma sigue sin resolverse. ¿Qué pasó con los 25 pasajeros que partieron el 3 de octubre de 1955? Esta fue su historia.

Era el año 1931 cuando el director de cine en Hollywood Roland West realiza un encargo a la compañía Wilmington Boat Works de Los Ángeles. El hombre quería construir una embarcación de lujo, un yate con el que navegar, hacer fiestas y cerrar negocios. Ese yate de lujo iba a ser el Joyita, nombre con el que West bautizó al barco por su esposa, la actriz Jewel Carmenille.

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Cinco años después, en 1936, Roland vende el barco al señor Milton E. Beacon. Durante este período el Joyita realizó numerosos viajes al sur de México y contaba como capitán con Chester Mills. El Joyita estaba construido en madera de cedro y contaba con un casco de 5 centímetros de espesor sobre marcos de roble. Una embarcación de 21 metros de longitud cuyo tonelaje de peso muerto (la capacidad de carga sin riesgo de una embarcación) era de 70 toneladas. Además tenía tanques para hasta 9.500 litros de agua y 11.400 litros de combustible.

Pasaron los años y en octubre de 1941, justo antes del ataque a Pearl Harbor, el Joyita fue adquirido por la Marina de los Estados Unidos. La embarcación entonces se desplaza a Hawai, donde es equipada como barco de patrulla Yarp YP-108. Se utilizó para patrullar por la zona hasta el final de la Segunda Guerra Mundial. Ya en 1943 el barco encalló y resultó gravemente dañado, pero la Marina lo necesitaba y ordenó repararlo. Para ello cambiaron las tuberías, ahora de hierro galvanizado en lugar de cobre o latón. En 1946 el Joyita ya era excedente para los requisitos mínimos de la Marina. La embarcación pasa a estar abandonada.

En 1948, dos años después, el barco que nació como símbolo del lujo de una época era vendido a la firma Louis Brothers. En este punto se mejoraron aspectos como el casco además de añadir un equipo de refrigeración. La embarcación ahora tenía dos motores que proporcionaban 225 HP junto a dos motores diesel adicionales para los generadores. En 1950 vuelve a pasar de manos, William Tavares es el nuevo propietario. Cosas de ricos, porque a los dos años y en vista del poco uso que hace de él lo vende a la doctora Katharine Luomala (de la Universidad de Hawaii). Luomala a su vez se lo alquila a su amigo Thomas H. Miller, un marinero británico que vivía en Samoa.

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Y es justo aquí donde comienza la misteriosa historia del Joyita. Miller piensa que puede hacer negocio con la embarcación. El capitán comienza a utilizarlo como barco de alquiler comercial y de pesca.

Un viaje sin retorno

Joyita modificado para la pesca por Miller. Wikimedia Commons

Era muy temprano, sobre las 5 de la mañana del 3 de octubre de 1955. Ese día partió el Joyita del puerto Apia de Samoa con destino a las Islas Tokelau, a unos 270 kilómetros de distancia. El barco estaba programado para salir con la marea del mediodía del día anterior, pero un problema con el embrague del motor retrasó la salida del puerto. De hecho no se pudo arreglar y el capitán Miller decidió partir al día siguiente con un solo motor. La embarcación llevaba 16 miembros de la tripulación y 9 pasajeros, entre ellos un funcionario del gobierno, un médico, un cirujano militar que había participado en la Segunda Guerra Mundial y un hombre de negocios con sus dos hijas.

En cuanto a la carga del barco, esta consistía en suministros médicos, madera, 80 bidones de aceite vacíos y cajas con variedad de productos alimenticios. El viaje, si todo iba bien, debía durar entre 40 y 48 horas. Miller también había cerrado un cargamento de copra (la pulpa seca del coco) de vuelta. El capitán esperaba llegar a las Islas Tokelau el 5 de octubre.

Pero llegó el día y el barco jamás apareció en el puerto. Un día después, el 6 de octubre, saltan las alarmas desde el puerto de Fakaofo, quienes informan del retraso de más 24 horas. Peor aún, ninguna embarcación o radio costera había recibido algún tipo de señal de socorro de la tripulación. Se inicia entonces una misión de búsqueda y rescate.

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Del 6 al 12 de octubre se une la Fuerza Aérea Real de Nueva Zelanda cubriendo un área gigantesca del océano. Desgraciadamente nadie da con el paradero del yate o la tripulación.

Un mes después, el 10 de noviembre, el capitán del buque mercante Tuvalu, Gerald Douglas, parece divisar algo a lo lejos. Su embarcación recorría la ruta de Suva a Funafuti, y conforme se acercaban se iban despejando las dudas. Se trataba del Joyita y el barco estaba a más de 1.000 kilómetros al oeste de su ruta programada.

Ruta planeada y lugar donde fue encontrado el barco. Wikimedia Commons

Cuando el Tuvalu llegó hasta la posición del buque este estaba parcialmente sumergido. Las primeras inspecciones también certificaban que no había rastro de ninguno de los pasajeros o la tripulación. Además faltaban cuatro toneladas de carga. Por último, estas primeras pesquisas señalaron que la radio estaba sintonizando a 2182 kHz, el canal internacional de socorro en el mar.

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También había algunos daños en la superestructura. El puente estaba destrozado y las ventanas estaban rotas. Un toldo de lona había sido aparejado detrás del puente. Douglas y su tripulación también se dieron cuenta de otro detalle: el Joyita llevaba normalmente un bote y tres balsas salvavidas, pero no estaban allí, sus espacios estaban vacíos. Por otra parte se sabía que el buque no llevaba los suficientes salvavidas para todos los que estaban a bordo.

Más indicios. Se encontró que el motor de estribor estaba cubierto por colchones, ¿para qué? Douglas estaba perplejo. Además, el embrague del motor todavía estaba parcialmente desmontado, lo que mostraba que el barco había seguido funcionando con un solo motor (tal y como partió del puerto).

En la sala de máquinas había una bomba auxiliar aparejada, había sido montada sobre un tablón de madera entre los motores principales. Sin embargo, tampoco había sido conectada. Como decíamos la radio a bordo estaba sintonizada en el canal de socorro, pero cuando el equipo de Douglas fue inspeccionando se encontró que también había un pequeño puente en un cable, entre el conjunto y la antena. Un truco que en este caso limitaba la radio hasta los 3 kilómetros como máximo.

Joyita en 1942. Wikimedia Commons

Los relojes eléctricos a bordo del Joyita (todos conectados al generador del yate) se habían detenido a las 22:25 y los interruptores para las luces de la cabina de iluminación y navegación estaban encendidos, lo que implicaba que, sea lo que sea que ocurrió, pasó durante la noche. Además el diario de navegación, el cronómetro mecánico y otros equipos de navegación (junto a las armas de fuego que Miller guardaba en el barco), habían desaparecido.

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Importante también: encontraron una bolsa de médico en la cubierta que contenía un estetoscopio, un bisturí y cuatro vendajes manchados de sangre. En cuanto al combustible revisado, el Joyita todavía tenía en los tanques. De la cantidad utilizada se calculó que hizo alrededor de 390 kilómetros hasta que fue abandonado, según la ruta de navegación, a 80 kilómetros de Tokelau. Probablemente la fuga había comenzado después de las 9 de la madrugada de la segunda noche del viaje, es decir, con unas nueve horas de oscuridad por delante.

Lo cierto es que, aunque el Joyita fue encontrado con las cubiertas inferiores inundadas, el casco estaba intacto. Cuando el barco fue amarrado de vuelta al puerto de Suva los investigadores recuerdan cómo oyeron el sonido del agua entrando en el yate. Más tarde encontraron que un tubo en el circuito de agua del sistema de enfriamiento del motor había fallado, lo que permitió que el agua inundara la sentina (la parte más baja de la sala de máquinas).

Siendo así, lo más probable es que cuando el primero de la tripulación se percató de la filtración ya era demasiado tarde, porque el agua habría llegado por encima de las tablas del piso de la sala de máquinas. En ese momento habría sido casi imposible localizar la fuga, en cuyo caso se habrían encontrado con la enorme dificultad de bombear agua.

La versión oficial

Un cocinero del Joyita. Wikimedia Commons

La investigación posterior encontró que el buque estaba en muy mal estado antes de partir, pero que aún así, el destino de los pasajeros y la tripulación era “inexplicable de acuerdo a las evidencias”. Un punto que traía de cabeza a estos investigadores fue el referente a las balsas y el bote que faltaban. Parece claro pensar que los habrían utilizado para huir voluntariamente, pero lo cierto es que según la investigación no había motivo para ello. El Joyita estaba equipado para transportar carga refrigerada y su revestimiento en bodegas lo hacía prácticamente insumergible.

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La investigación oficial sólo pudo establecer las razones de la inundación del buque. Se encontró que el recipiente habría comenzado a inundarse debido a la tubería de refrigeración fracturada. Las bombas de achique estaban inutilizadas porque se bloquearon, para colmo el barco carecía de subdivisiones en las sentinas. El agua habría inundado gradualmente las cubiertas inferiores. Finalmente el hundimiento hizo que el motor restante fuera incapaz de mantener una velocidad para dirigir la embarcación.

Esta versión oficial concluía colocando gran parte de la responsabilidad de los acontecimientos en el capitán Miller. En primer lugar por la imprudencia de emprender un viaje oceánico con un solo motor y numerosos fallos (aunque menores). En segundo lugar por su negligencia al no proporcionar ayuda por radio. Por último encontraron que no tenía las licencias en regla para el tipo de viaje comercial.

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En cambio la investigación jamás tuvo en cuenta los restos médicos encontrados. Jamás se adentraron en esas “otras teorías” que tanto gustan. Las hipótesis de lo que pudo haber ocurrido a expensas de la versión oficial.

¿Y si….?

El naufragio del Joyita. Wikimedia Commons

Con el tiempo el Joyita ha dado para mucho. Desde libros hasta documentales donde tratan de ofrecer explicaciones a lo ocurrido, hipótesis que van desde lo racional y convencional hasta lo sobrenatural e incluso paranormal de los amigos del misterio.

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Veamos. Dado que el casco del Joyita estaba en buen estado y su diseño lo hacía casi insumergible, una de las principales preocupaciones de los investigadores era determinar por qué razón los pasajeros y la tripulación no permanecieron a bordo, más si cabe, si lo ocurrido se debía únicamente a las inundaciones en la sala de máquinas. Lo lógico habría sido esperar, ¿o quizás no?

… Miller está muerto

Una de las hipótesis que más se han repetido en el tiempo es aquella que da por supuesto que el capitán estaba herido. Miller era la persona que lo sabía todo acerca del Joyita, y el hombre era muy consciente de la capacidad del yate para mantenerse a flote. Podría ser que Miller murió o quizás estuvo inconsciente por alguna razón (quizás una pelea a bordo, de ahí los vendajes con sangre).

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Sin el capitán para poner orden al resto de los pasajeros estos podrían haber entrado en pánico cuando el barco comenzó a inundarse, tomando entonces las balsas salvavidas. Sin embargo, esto no soluciona todo. ¿A dónde fue a parar entonces la carga y el equipo que no se encontraba en el barco? A menos, claro está, que existiera un segundo buque que hubiera encontrado el Joyita abandonado antes que el capitán Douglas y se hubiera llevado todo.

Poco después de conocerse la versión oficial de la investigación apareció en escena un amigo del capitán Miller. Se trataba del también capitán S.B. Brown. El hombre estaba convencido de que Miller nunca habría dejado su barco mientras estuviera vivo, principalmente porque conocía la estructura y comportamiento del yate. Brown dijo que sabía de la tensión que existía entre el capitán y su primer oficial, Chuck Simpson. Para el amigo de Miller es muy posible que los dos hombres hubieran acabado en una pelea, quizás cayendo al mar malheridos y dejando el barco sin un experimentado marinero, dando paso al miedo del resto de pasajeros que huyeron.

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…. Japón como enemigo marino

Cómo no, los medios también han ayudado a construir el mito alrededor del barco. The Fiji Times citó en su momento a través de una “fuente fiable” que el Joyita había pasado por una flota de barcos de pesca japoneses durante su ruta. Según esta fuente el Joyita pasó demasiado cerca y su tripulación “había observado algo que los japoneses no querían que supieran”.

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Esta afirmación tan débil no tendría ninguna validez si no fuera porque poco después aparecía el Telegraph afirmando por otra fuente que algunas fuerzas japonesas de la Segunda Guerra Mundial todavía activas (¿amigos de Hiro Onoda?) eran las culpables de las desapariciones, grupos que operarían por la zona de forma clandestina.

Lo cierto es que en aquel momento todavía existía un fuerte sentimiento anti-japonés en partes del Pacífico, y en Fiji había cierto resentimiento de que Japón pudiera operar flotas pesqueras en aguas locales. Tales teorías comenzaron a ganar credibilidad cuando se dio cuenta de un nuevo suceso. Los hombres encargados del mantenimiento del Joyita años después de que la investigación hubiera finalizado encontraron una serie de cuchillos con la etiqueta de “hecho en Japón”. Sin embargo las pruebas posteriores concluyeron que aquellos cuchillos eran muy antiguos y podrían haber pertenecido a cualquiera de los dueños anteriores del Joyita.

… Rusia, por supuesto, y otras hipótesis

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Una buena historia de misterio no puede acabar sin la teoría rusa. En este caso la teoría más generalizada habla de un secuestro de los pasajeros por parte de un submarino ruso. Por supuesto, todo ello debido a la creciente Guerra Fría que asolaba al planeta.

Otra hipótesis nada descartable es la de los piratas del mar. Aquí se pueden valorar muchos caminos y desenlaces pero uno de los que más se ha repetido es el de la muerte por asesinato de los 25 pasajeros (y posteriormente tirando sus cuerpos al océano) y el robo de las 4 toneladas de carga desaparecidas.

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Con el tiempo se ha revelado parte del pasado del capitán Miller. Entre otras cosas se sabe que el hombre había acumulado grandes deudas después de una serie de viajes de pesca sin éxito. Bajo este prisma corre la hipótesis de un posible fraude de un seguro, sin embargo el sentido común sitúa a esta trama paralela demasiado complicada.

La hipótesis del dueño del Joyita

El barco remolcado en 1955. Wikimedia Commons

Cuando todo el mundo daba al caso por perdido como uno de esos misterios sin resolver, en 1962 aparece el libro The Joyita Mystery. Su autor, Robin Maugham, fue el posterior propietario del barco. El hombre se había obsesionado con la historia y pasó años recopilando información e investigando sobre el caso. En el 62 publicó sus descubrimientos.

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Maugham explicaba en su libro que posiblemente el evento se inició como contaba la versión oficial, con la inundación de aquella tubería y el fallo de las bombas. Los colchones encontrados cubriendo el motor de estribor se utilizaron, o bien en un intento de detener la fuga, o bien para proteger el cuadro eléctrico. Al mismo tiempo y según las pesquisas del hombre, el Joyita se encontró con muy mal tiempo y oleaje.

El capitán Miller, sabiendo que el barco era insumergible y desesperado por llegar a su destino para recibir el dinero por el viaje, siguió adelante. Sin embargo Chuck Simpson (y quizás más miembros de la tripulación) exigieron regresar. Esto llevó a un motín y una lucha en el barco durante la cual Miller sufrió una lesión grave. Maugham exponía que para entonces el barco ya estaba en medio de una tormenta con vientos que aquel día registraban más de 60 km/h y con un motor que no podía más junto a la sentina inundada.

El agua que entraba acabó cortando toda la energía eléctrica del yate. Su teoría es que Simpson, fuera de control, tomó la decisión de que todos abandonaran el barco con los equipos de navegación y los suministros junto al lesionado Miller. Todos habrían muerto a la deriva.

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Sea como fuere y revisando cada una de las hipótesis, si hay algo claro en este caso es que no existe unanimidad. En cuanto al Joyita siguió pasando de manos. El mismo Maugham lo vendió en 1966 a un publicista de Levuka, quién llegó a planear convertirlo en un museo y un salón de té pero jamás vio la luz.

Dicen que el Joyita fue desapareciendo pieza por pieza, vendiendo aquí y allá partes de un “barco fantasma” de leyenda como muchos lo han denominado. En ese proceso de desintegración se fue perdiendo también cualquier pista que pudiera arrojar luz sobre el paradero y los hechos que ocurrieron aquellos días de 1955.