Eliminar el vello corporal es una costumbre peculiar y casi tan antigua como el propio ser humano. La cima tecnológica a la hora de eliminar el vello no deseado es la depilación láser. A primera vista, parece un proceso limpio, rápido e indoloro, pero ¿cómo se ve de cerca y en cámara lenta?

En Veritasium se han hecho exactamente la misma pregunta, y han acudido a un centro de depilación láser para filmar qué es lo que le pasa al vello cuando se somete a varios pulsos láser de alta potencia. La respuesta corta es, literalmente, que el pelo hierve hasta perder toda su agua y termina calcinado en una fracción de segundo.

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Aunque visto tan de cerca impresiona un poco, en realidad es así como funciona. El secreto para que el láser abrase el pelo pero no la piel es triple, por un lado implica la propia frecuencia del láser, por otro la duración de los pulsos, y para terminar una sustancia de nuestro cuerpo llamada melanina.

Molécula de melanina al microscopio electrónico

El secreto está en la melanina

Empecemos por este último. La melanina es un pigmento oscuro presente en la piel, el pelo o los ojos de los seres humanos. Las partes con abundante melanina, como cualquier otro material oscuro, absorben más longitudes de onda que las partes claras del cuerpo. De hecho, absorben también mucha radiación infrarroja, que es la razón por los que los láseres de depilación operan en esta parte del espectro y su haz no es visible a simple vista.

El pelo oscuro está cargado de melanina, y por ello absorbe mucha más cantidad de energía que la piel que lo rodea. Esa es la razón por la que, tradicionalmente, la depilación láser funcionaba mejor en pieles claras con pelo oscuro. Al absorber la energía del pulso láser, el pelo se calienta a más de 100 grados celsius y el agua que contiene se sublima. El pelo se hincha como cereal tostado y arde, pero el procedimiento no busca quemar solo el pelo.

Lo que busca es transmitir el calor hasta la raíz del pelo y destruir las células del folículo piloso que son precisamente las que hacen que un pelo simplemente afeitado siga creciendo y vuelva a aparecer. Para destruir esas células no hace falta una temperatura abrumadora. Más de 60 grados celsius son suficientes. A veces hacen falta varias sesiones para destruir completamente la raíz pero, cuando se logra, el pelo ya no vuelve a crecer.

Folículos pilosos dañados por la depilación láser.

La frecuencia

Dicen que, cuando Theodore Maiman inventó el primer láser de rubí, lo definió como “una solución para un problema que aún no se ha inventado”. En 1994, el primer láser de rubí de alta potencia encontró su vocación: eliminar el vello corporal para siempre. Pero el láser de rubí era una solución bastante tosca, porque solo sirve en pieles muy claras con vello muy oscuro.

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Con el tiempo, se han ido inventando nuevas máquinas de depilación láser que utilizan alejandrita, neodimio o Xenon, Krypton-Argon para adaptarse a diferentes tonalidades de piel. Estos últimos son los que se conocen popularmente como Luz Pulsada-Intensa o IPL, y emiten en diferentes longitudes de onda a la vez.

Los pulsos y el recortado

La razón de que el láser se emita en pulsos y no de manera continuada es precisamente evitar que la temperatura que acumula el pelo se eleve demasiado y produzca quemaduras en la piel más allá de destruir la raíz del pelo. Cada pulso no suele durar más de 1,5 milisegundos. De igual manera, se suele recortar el pelo antes de la depilación láser para que el pelo calcinado no dañe la piel al caer sobre ella, y para mejorar la transmisión de calor hasta la raíz. En este vídeo podéis ver esta curiosa masacre capilar en todo su esplendor.


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