Imagen: Alexander Gabyshev / Instituto De Investigación De Ecología Aplicada Del Norte

El permafrost de Siberia lleva tiempo haciendo cosas raras. Primero fueron los enormes agujeros que aparecieron de la nada y después las inquietantes burbujas de metano bajo el suelo de la tundra. Pero donde los científicos tienen el ojo puesto es en el cráter de Batagaika, que no para de crecer.

Conocido por los locales como la “puerta al infierno”, el cráter de Batagaika es una gigantesca estructura geológica del centro de la República de Sajá-Yakutia (la región más fría de Rusia) cuya actividad está relacionada con el cambio climático. Apareció hace unos 25 años al hundirse parte del terreno tras la tala parcial de un bosque, y desde entonces ha seguido creciendo a un ritmo continuo hasta convertirse en el cráter más grande de su tipo, con un kilómetro de largo por 86 metros de profundidad.

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Se calcula que crece una media de 10 metros al año, pero en los años más calurosos ha llegado a expandirse más de 30. Su crecimiento no muestra signos de desaceleración; es más, los científicos temen que su pared lateral alcance un valle vecino en los próximos meses y lleve al colapso de un terreno mucho mayor. Cada vez más profundo, el agujero ha dejado ya a la vista bosques enterrados hace 200.000 años, y se ha convertido en un entorno clave para estudiar los efectos del calentamiento global en Siberia.

Durante los últimos doscientos milenios, la mayor parte del planeta pasó por periodos de enfriamiento y calentamiento, pero lo que ocurrió en Siberia no lo tenemos tan claro. Analizando los sedimentos que van quedando expuestos en el cráter a medida que se derrite el permafrost, los científicos pueden averiguar cómo cambió el clima en el pasado para intentar predecir lo que va a ocurrir en el futuro.

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El problema es que la última vez que Siberia sufrió un cambio parecido a este fue hace 10.000 años, cuando la Tierra apenas salía de su última edad de hielo. Hoy los niveles de dióxido de carbono en la atmósfera son mucho más altos (400 partes por millón de CO2 frente a 280 partes por millón tras la última glaciación) y el calentamiento global, más acelerado.

Pero la cosa puede ponerse aún peor. A medida que el cráter de Batagaikase se vuelve más grande (y ya hemos visto que crece a un ritmo alarmante), quedan expuestas reservas de carbono que han estado encerradas durante miles de años. Carbono que las bacterias convierten en metano y acaba depositado en la atmósfera en un proceso que los científicos llaman retroalimentación positiva: el calentamiento acelera el calentamiento. Así que... sí, eso de “puerta al infierno” parece estar justificado.

[BBC vía Science Alert]