Konami sigue sumando puntos en su particular carrera para ser una de las compañías más detestadas del año. Primero la salida de Kojima, luego la cancelación (o casi, como vamos a ver) de Silent Hill y por último las acusaciones de algo que se parece mucho a la esclavitud. ¿La última? Reírse de sus fans.

El motivo es la aparición de una nueva entrega de Silent Hill. El problema es que no saldrá en Xbox, PlayStation o resto de plataformas habituales, ni siquiera lo hará en PC, el nuevo Silent Hill es una especie de pseudo-versión espantosa que verá la luz en máquinas recreativas.

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El engendro, que tiene su propio vídeo promocional y todo, estará obviamente basado en el universo del popular videojuego pero con las mecánicas y la dinámica de una máquina recreativa convencional.

Konami, como nota adicional, tiene una lucrativa división que se dedica a fabricar y equipar con juegos este tipo de máquinas. La misma división a la que envía a modo de castigo a los empleados que considera que no son dignos de estar desarrollando con el resto de la compañía. Bravo.

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