¿No estará exagerando el escritor de esta reseña? Probablemente, pero no siempre tiene uno la oportunidad de salir del cine con una sonrisa y ganas de ser un poco más amable con la gente que te rodea. Acompáñame y deja que intente explicarte por qué Kubo and the two strings (Kubo y las dos cuerdas mágicas en castellano) es la película que necesitas ver este fin de semana.

Cómo viene siendo habitual, esta es una reseña completamente libre de spoilers. Puedes leerla tranquilo.

Kubo and the two strings es la última producción de Laika, un estudio de animación que tiene cuatro películas en su haber: Coraline, Paranorman, The Boxtrolls y la que nos toca hoy. Este es su tráiler:

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Cuatro largometrajes en siete años parece un registro muy pobre si lo comparamos con Disney o Pixar, pero es que Laika tiene una particularidad: sus películas están animadas mediante marionetas en Stop Motion. Explicado de manera muy burda: pones una marioneta frente a un decorado, le sacas una foto, la mueves un poquito, le sacas otra foto. Todas esas fotos, a razón de un mínimo de 26 fotogramas por segundo, se unen para formar una imagen en movimiento. Si suena dolorosamente laborioso, es porque lo es.

Diferentes momentos del rodaje de Kubo and the two strings. Fotos: Laika Studios / Universal Pictures

Una obra de arte

¿Merece la pena tanto tiempo, esfuerzo, paciencia y talento? ¿Qué sentido tiene hoy en día hacer una película con marionetas cuando se puede hacer con programas 3D que simulan marionetas? Preguntar eso es preguntar por qué alguien querría molestarse en pintar al oleo cuando puedes lograr el mismo resultado con un lienzo y una impresora 3D. La respuesta es: por amor al arte, literalmente.

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Todas las películas de Laika tienen una atmósfera particular y cautivadora, una calidez que no se logra con GCI. Es como ir a ver el mejor teatro de títeres del mundo y, a poco que quede en ti un ápice del niño que fuiste, volverá a hacerte sentir el asombro y la magia que sentías a esa edad.

Kubo and the two strings también es un hito dentro de la productora porque es la primera vez que deciden incorporar efectos generados por ordenador para algunos planos. Afortunadamente, esos efectos están integrados con tanta delicadeza que no rompen la magia de las marionetas. Por el contrario, iluminan el film para que brille aún más. Visualmente, la película es arrebatadora. Una preciosidad repleta de detalles en los que fijarse de principio a fin. Las escenas de acción, aunque poco grandiosas, son increíbles. Resulta difícil creer que se hayan rodado con maquetas y muñecos.

El guión

Kubo and the two strings cuenta la historia de un niño que vive en una apartada aldea de Japón contando historias a sus vecinos con ayuda de figuras de origami y un shamisen al que le falta una cuerda. Su madre, aparentemente enferma, solo pone una condición a las correrías de Kubo: que nunca salga de noche.

A partir de este comienzo intrigante y un poco confuso, la película cuenta una historia que acaba siendo bastante convencional. El guión toca temas serios como la muerte, la pérdida de seres queridos o la perfección, pero no se adentra en aguas muy profundas ni te hará sentir más inteligente por averiguar los dos o tres giros de guión antes de tiempo. Al fin y al cabo, es una película para niños. En ese sentido, muchos echarán de menos la tenebrosa complejidad de Coraline.

Los personajes

Los habitantes de este hermoso mundo en stop motion son, a la vez, su mayor virtud y su mayor inconveniente. Los actores que prestan su voz (Charlize Theron, Matthew McConaughey, Ralph Fiennes y el joven Art Parkinson) hacen un trabajo extraordinario dando parte de su personalidad a los protagonistas. Incluso han conseguido que la siempre denostada versión doblada al español sea bastante digerible.

El mayor problema es que los protagonistas de Kubo and the Two Strings son un niño desgarbado, una mona, y Matthew McConaughey vestido de escarabajo. Es muy duro ponerse a vender figuras de acción de eso. Si hay un problema con esta película es ese, que busca agradar a niños y mayores cuando probablemente debería haberse centrado en estos últimos con un guión más adulto y complejo.

Y sin embargo...

Hasta aquí, casi parece que estoy intentando convencerte de que no vayas a ver Kubo and the two strings porque su guión es simple y sus protagonistas son raros, pero en realidad lo que me gustaría es que fueras a verla. La razón es que el último estreno de Laika ha conseguido emocionarme.

Varias veces, mientras la veía, he pensado si algo en la película no estará inspirado en experiencias personales del guionista. La razón es que, aunque simple, la historia de Kubo and the two strings logra tocar la fibra sensible de manera muy efectiva y hacer que te emociones. El tono intimista de la narración, el toque que dan las marionetas y el espectacular trabajo artístico hacen que salgas del cine con ese poso emocional, entre la tristeza y la felicidad que solo dejan las buenas películas y los buenos libros. Además, ya os adelanto que el film no tendrá secuelas sencillamente porque Laika nunca hace secuelas.

Kubo and the two strings es una belleza en el sentido más amplio y profundo de la palabra, y el mundo sería un lugar mejor si todos nos expusieramos a una dosis de belleza todos los días. Puedes ir a ver un atardecer, leer algo de poesía, dedicar 10 minutos a ver cómo juegan tus hijos, o ir a ver Kubo and the two strings, una de esas películas que logrará que te reconcilies un poco con el mundo.


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