Imagen: PetrJanJurac / Shutterstock

A finales de 1940 se presenta una delegación de representantes del gobierno de Estados Unidos en Dinamarca. Allí tiene lugar una reunión con altos cargos del país que finaliza con sorpresa: Estados Unidos les ofrece comprar Groenlandia por 100 millones de dólares. Este es el comienzo de un sueño maquiavélico: una construcción secreta bajo la inmensa capa de hielo del planeta. Una mentira muy real que se mantuvo décadas en el más absoluto silencio.

Si hacemos caso a la leyenda, esa masa de hielo gigante, la isla ubicada en la zona nororiental de América del Norte muy cerca del Polo Norte, comenzaba a aparecer en los primeros libros a través de un marino y explorador de origen noruego. Cuentan que Erik el Rojo se convirtió en un proscrito de Islandia por su excesivo salvajismo asesinando a numerosas personas. El destierro llevó a Erik a la mar y navegando hacia el oeste descubrió en el año 982 una enorme isla a la que llamó Groenlandia.

Imagen: Paisaje de Groenlandia meridional. Wikimedia Commons

Groenlandia viene a significar algo así como tierra verde, extraño tratándose del enclave que es. Únicamente el sur de la isla es relativamente verde, con apenas unas semanas del verano, por esta razón se cree que el vikingo buscaba con el nombre atraer colonos (como competencia a la propia Islandia). A partir de aquí este pedazo de tierra helada se mantuvo en la ambigüedad durante siglos. Su evangelización se inició en el S. XI, pasó a ser soberanía de Noruega, los europeos la abandonaron, los inuit la poblaron… y finalmente un día fueron los daneses los que se asentaron. En el año 1933 la Corte Permanente de Justicia Internacional (organismo que ya no existe) le otorga el control oficial de Groenlandia a Dinamarca.

Advertisement

Advertisement

Curioso y otra particularidad más para esta isla singular, ya que a partir de entonces sería gobernada desde lejos, a nada menos que 3 mil kilómetros de distancia, en Dinamarca. Así fue también como siete años más tarde nos encontramos en esa sala donde se discute una de las ofertas más inusuales que había recibido el gobierno danés en su historia, la compra de Groenlandia por parte de Estados Unidos ofreciendo 100 millones de dólares.

Camp Century: por un mundo mejor

Imagen: Camp Century. Wikimedia Commons

La extrañeza entre los miembros daneses en la sala era palpable. Groenlandia no dejaba de ser para el más común de los mortales un lugar frío y hostil, quizás con un paisaje exótico y diferente, en cualquier caso nunca un sitio como para ofrecer 100 millones de dólares por él (y 100 millones de la década de 1940). Entonces, ¿cual era la razón de ese interés de los americanos?

La delegación les explica que Estados Unidos quería establecer allí una base aérea. Además, el Ejército también estaba interesado en tener acceso permanente a la capa de hielo del enclave con el fin de desarrollar una serie de técnicas para la construcción de estructuras sobre y bajo el hielo. En último lugar le indican a los miembros daneses que también buscan entrenar a las tropas ante una posible guerra polar, en cualquier caso un entrenamiento bajo condiciones extremas. Todo esto, no hay que olvidarlo, bajo el contexto del comienzo de la Guerra Fría.

Imagen: Diseño de Camp Century. Wikimedia Commons

Los daneses se niegan a vender pero sentían que tenían una deuda de gratitud con Estados Unidos, al fin y al cabo era muy reciente la Segunda Guerra Mundial. Y es que durante la guerra las fuerzas alemanas habían aparecido alguna vez por las tierras de Groenlandia para la instalación de estaciones meteorológicas. Así que pensaron que no sería mala idea que los estadounidenses también estuvieran por la zona. Los americanos tirarían cualquier material nazi no autorizado.

Sponsored

Por tanto el gobierno danés concede a los americanos el permiso para establecer su base aérea y se concede el permiso a los ingenieros del Ejército para que visiten y encuentren una zona remota desolada y plana de la capa de hielo con la que podrían experimentar con su construcción.

Parecía razonable. Así que los ingenieros de Estados Unidos acudieron a Groenlandia y pusieron en marcha dos proyectos de construcciones principales: por un lado construyeron la base aérea de Thule, y a 240 kilómetros hacia el interior empezaron el segundo proyecto con nombre en clave: Camp Century.

Imagen: Camp Century. Aussie55

Lo que se supo en esas fechas de forma oficial para el mundo entero es que Camp Century era el proyecto del hombre por construir una ciudad bajo el hielo, una oportunidad única para dominar los secretos de la supervivencia en el Ártico. Más tarde el gobierno de Estados Unidos añadiría que estaban estableciendo un centro de investigación de propulsión nuclear sin precedentes. Según los slogan de la época:

Advertisement

Advertisement

En este enclave remoto, a poco del Polo Norte, se levanta Camp Century, un símbolo de la meta incesante del hombre a la conquista de su entorno para aumentar su capacidad de vivir y luchar si es necesario en condiciones polares.

Desde luego, dicho así, uno tiene la sensación de que anunciaba un campamento de verano para niños más que una promoción dirigida a altos mandos. Los proyectos fueron desarrollándose y se llevaron a cabo reportajes sobre el mismo. Las piezas mostraban una primera fase de “pre-producción” y el inicio de las obras. Se cortaban grandes capas de hielo para luego “forrarlas” con arcos de acero, y a partir de ahí iban creando el complejo con laboratorios y áreas destinadas a una variedad de temáticas. Algo así como túneles prefabricados por las piezas que iban encajando.

También se advertía que debido a que el transporte de grandes cantidades de combustible diesel por el Ártico era poco práctico, instalarían una planta de energía nuclear. Y tan panchos. No sólo eso, en los reportajes se hablaba continuamente de una pieza principal, la que denominaron como un pequeño reactor nuclear portátil (del tamaño de un camión) que suministraría al centro de investigación de la electricidad necesaria.

Imagen: Los túneles en Camp Century. Aussie55

Luego llegaba la segunda fase del proyecto, que no era otra cosa que la activación de la planta de energía nuclear y su reactor nuclear. En este punto de la historia no está claro si el gobierno danés era consciente de que Estados Unidos tenía previsto la instalación de un reactor nuclear muy real en su capa de hielo.

Advertisement

Sea como fuere, una vez terminado Camp Century constaba de más de 3 kilómetros de túneles en el hielo, se calculaba que alrededor de 200 personas podrían vivir en el interior de esta ciudad helada donde se había incluido un hospital, una pequeña iglesia, un pequeño teatro y otras comodidades a todas luces innovadoras tratándose del espacio. El enclave también incluía un sistema de tuberías y alcantarillado integral, generaba su propia electricidad y fueron capaces de producir agua dulce mediante la perforación de pozos en el hielo con las mangueras de vapor de alta presión.

Concluida esta fase ya se anunciaba como el centro de investigación más importante del Ártico los 365 días del año. Allí convivirían científicos, militares y civiles en paz y armonía y siempre como parte de ese esfuerzo del hombre por investigar sobre los secretos de la tierra madre y del propio universo.

Imagen: Mapa de CC. Aussie55

Ocurrió que a pesar de los éxitos, como en el desarrollo de técnicas de construcción de hielo, Camp Century fue finalmente cancelado. La razón: los científicos descubrieron que la capa de hielo de Groenlandia no era todo lo estable que suponían. Observaron que el hielo migraba lentamente y de forma desigual cada año. Lo que en un principio fueron pequeños cambios con el tiempo se transformó en peligroso, deformando la estructura de los túneles construidos y haciendo peligrosa la estancia.

Advertisement

Advertisement

El experimento termina y el Ejército de Estados Unidos elimina el reactor nuclear en el año 1964, abandonando por completo la base dos años después, en 1966. El hielo fue enterrando lentamente la instalación.

Nunca más se supo de Camp Century hasta varias décadas después. Como es posible que estés pensando, esto no fue lo que parecía.

El accidente de Thule

Imagen: Un B-52. Wikimedia Commons

Era el 21 de enero de 1968, justo dos años después de que Camp Century se convirtiera en una ciudad subterránea fantasma, cuando se aproxima en algún punto cerca de Groenlandia un Boeing B52 Stratofortress estadounidense portando armas nucleares. En un momento se da la voz de alarma, el B-52 se declara en emergencia debido a un incendio en la cabina. A pesar de los esfuerzos de la tripulación son incapaces de controlar las llamas. Comienzan a perder los sistemas eléctricos y la cabina se convierte en una nube tóxica de humo que asfixia al personal.

Advertisement

El capitán, una vez ha evaluado la situación, sabe que le va a resultar imposible aterrizar, así que decide volar el bombardero rumbo a la base aérea de Thule. Cuando la tripulación ve las luces de la base justo debajo de la aeronave, el capitán ordena a toda la tripulación que se tiren. Todo el mundo salta del avión. El B-52 continúa su ruta sin piloto alguno. Su silueta comienza a perderse en el horizonte de un día oscuro y helado. A bordo llevaba nada menos que cuatro cabezas nucleares, cuatro bombas de hidrógeno como parte de la denominada Operación Chrome Dome durante la Guerra Fría.

Imagen: Rescate de la tripulación a bordo del B-52. Wikimedia Commons

Cuando una bomba atómica se detona deliberadamente, normalmente la explosión del material nuclear se convierte en lo que se denomina masa crítica, es el momento en el que se forma esa conocida como nube de hongo ante una detonación “limpia”. En cambio, cuando un arma nuclear experimenta un impacto en un lugar cerrado, por ejemplo en un accidente de avión, la explosión no es precisa, mucho menos controlada, ya que se dispersa el material no fisionable en lugar de estallar. Se convierte entonces en lo que se llama una bomba sucia, exactamente lo que ocurrió cuando el B-52 impactó con la superficie.

Este hecho, conocido en la historia como el accidente de Thule, supuso que el avión se estrellara cerca de la base provocando la ruptura de las medidas de protección de las armas nucleares que transportaba, lo que produjo una contaminación radioactiva. El accidente provocó la dispersión de fragmentos pulverizados de plutonio y otros materiales radioactivos a lo largo de una franja de 100 metros a ambos lados de la zona de impacto. Para hacernos una idea, la revista Time clasificó en el 2009 al evento como uno de los peores desastres nucleares de la historia.

Advertisement

Advertisement

Las tareas de limpieza se iniciaron inmediatamente. Un esfuerzo donde cientos de trabajadores de Estados Unidos, Dinamarca o la misma Groenlandia se sumaron al proyecto de limpieza de la zona. Llevaron hasta allí maquinaria pesada para quitar esa primera capa superior de hielo contaminado.

Imagen: Especialistas en radiación tras el accidente. AP

Fueron nueve meses de trabajo y al finalizar nadie fue claro sobre si el material de las cuatro bombas se recuperó con éxito. Algunos de los investigadores sospecharon que al menos una de las bombas había penetrado claramente a través del hielo. De ser cierto, aún hoy, en algún punto de Groenlandia, hay una bomba de hidrógeno enterrada, pero lo cierto es que esta teoría hasta el día de hoy no se ha podido verificar.

Lo que si ocurrió tras el accidente es que los ciudadanos de Dinamarca se indignaron al enterarse de que Estados Unidos había estado sobrevolando Groenlandia con armas nucleares. Dinamarca tenía una política estricta de ser una zona libre de armas nucleares, pero las autoridades danesas aseguraron a la ciudadanía que la única razón por la que el bombardero entró en el espacio aéreo de Groenlandia se debió a una emergencia.

Advertisement

Y así se mantuvo la historia durante tres largas décadas, con esta versión “oficial” de los hechos.

Project Iceworm

Imagen: Project Iceworm. Aussie55

Saltamos a la década de 1990. A mediados de ella salen a la luz unos documentos de Estados Unidos relativos a sus actividades militares en Groenlandia en la década de los 60. Se trata de documentos que han sido desclasificados que llegan a las manos de varios investigadores daneses.

Estos comienzan a investigar si dichos documentos pueden o no verificar la historia oficial del accidente del B-52 y arrojar luz sobre cualquier otra actividad “atómica” de los estadounidenses en Groenlandia. ¿Qué salió? Los papeles no solo mostraban que Estados Unidos había volado con armas nucleares de manera rutinaria por Groenlandia en los 60, también revelaban que habían estado almacenando armas nucleares en la base aérea de Thule, todo lo contrario de lo que habían expresado públicamente.

Advertisement

Advertisement

Aún peor, estos investigadores descubren que el propio gobierno danés sabía en todo momento de las prácticas de los estadounidenses y había estado mintiendo a sus ciudadanos durante 30 años, lo que acabó llamándose en Dinamarca como el Thule-Gate.

Imagen: Project Iceworm. Gombessa

Durante la investigación posterior los investigadores daneses presentaron otro documento desclasificado más reciente. Se trataba de un informe de 1960 del Ejército de Estados Unidos bajo el título de Strategic Value of the Greenland Ice Cap y hacía referencia a Camp Century.

Pero lo más interesante fue cuando en esos mismos documentos aparece de forma detallada un diseño de una base totalmente diferente a la que se había promocionado en la época (esa en la que el hombre y el universo iban de la mano).

Advertisement

Los documentos dejaban a las claras que Camp Century nunca fue lo que se dijo, ni por la ciencia ni por la supervivencia del hombre amante de la paz. Era, ni más ni menos, que una operación de cobertura sobre un esfuerzo mucho más ambicioso que se conoció secretamente por los altos mandos estadounidenses como Project Iceworm.

Imagen: Project Iceworm. NBI

El objetivo del mismo era probar si era factible excavar permanentemente pozos verticales profundos en el hielo de Groenlandia. Y no, no era para construir una pequeña aldea para inuits. Estos pozos ocultarían una amplia gama de misiles nucleares con un objetivo en común: los enclaves soviéticos cercanos. La documentación del Project Iceworm mostraba con todo detalle la propuesta de un complejo de hasta 600 puntos de lanzamiento nuclear ocultos alrededor de Groenlandia, todo ello con la coartada de Camp Century.

Los documentos también detallaban que los misiles nucleares, apodados Ice Man, eran una nueva variante con la que experimentar habitando en el hielo ocultos. También se supo que los ingenieros del Ejército primero experimentaron con técnicas de construcción de hielo en otro espacio secreto de Groenlandia conocido como Project Fistclench. Luego pasaron a construir Camp Century con el fin de probar sus diseños complejos de hielo “nuclear” bajo la apariencia, de cara al público, de un esfuerzo científico.

Imagen: Project Iceworm. NBI

Lo cierto es que, ironías del destino, al final fue la propia naturaleza la que intervino e impidió el avance de semejante plan. Y si tuviéramos que hablar de algún aspecto positivo, Project Iceworm también lo tuvo, aunque de manera obviamente accidental.

Advertisement

Advertisement

Gracias a sus inicios en la investigación, mientras los ingenieros de Estados Unidos perforaban en las profundidades de la capa de hielo de Groenlandia y extraían algunos de los primeros núcleos de hielo profundo, los científicos obtenían por primera vez este material hasta entonces imposible de conseguir. Todo un avance para la ciencia, ya que estos núcleos siguen ofreciendo información valiosa hoy en día. En particular, el análisis químico de las capas de hielo se ha utilizado para establecer un vínculo entre los gases atmosféricos de efecto invernadero y las temperaturas globales.

Curioso, lo que comenzó como un plan e instrumento para la guerra, un proyecto secreto de destrucción del hielo para el uso de armas nucleares, al final ayudó a la ciencia a descubrir que, efectivamente, nosotros mismos estamos destruyendo poco a poco nuestro propio ecosistema.


Síguenos también en Twitter, Facebook y Flipboard.