Henry, ¿estás preparado? No tienes que tener miedo, la operación te va a librar de esas terribles jaquecas. Estas fueron las últimas palabras del doctor Scoville a Henry antes de pasar al quirófano el 1 de septiembre de 1953. Cuando la operación terminó, el mundo jamás volvería a ser el mismo para el paciente H. Su historia es tan sorprendente que cuando Henry murió varias décadas después, su cerebro se puso a disposición de todos los científicos del planeta. Esta fue su increíble historia, aunque él jamás la recordó.

El 26 de febrero de 1926 nacía un niño aparentemente normal en el condado de Hartford (Connecticut). Conocida actualmente como la capital mundial de los seguros, el condado hoy acoge a la mayor parte de las sedes centrales de las mayores empresas de seguros de todo el planeta. De hecho, ese es su principal motor económico. También es una zona tristemente conocida por un suceso que ocurrió a mitad del siglo pasado. El 6 de julio de 1944 se produjo el incendio del Circo Hartford, uno de los peores desastres a causa de un incendio en la historia de Estados Unidos. Murieron más de 150 personas y 700 resultaron heridas.

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Por último y quizás más importante que los hechos descritos anteriormente, Hartford tuvo el honor de tener entre sus ciudadanos a Henry Gustav Molaison. Su vida fue un calvario hasta el 1 de septiembre de 1953. A partir de entonces, su relato simplemente se había detenido. Ese día dejó de tener nuevas preocupaciones, no tenía miedo al presente porque simplemente no había presente, no lo recordaba. Ese día sería el límite para el resto de su vida. O algo así.

Vida de Henry antes de 1953

Henry a los 27 años. Wikimedia Commons

La vida de Henry transcurría con normalidad hasta el año 1935. Una mañana de verano el joven se levanta temprano. Le había dicho a su madre que había quedado con sus amigos para ir de ruta en bicicleta. Ese día Henry se cayó de la bici y quedó conmocionado durante unos minutos. Cuando cobró la conciencia nada volvió a ser igual. Desde entonces sufrió y padeció una severa epilepsia, de carácter intratable según los médicos que visitó.

La epilepsia se agudizó con el paso del tiempo. El chico fue creciendo y se hizo un joven extremadamente inteligente, aunque lo que antes eran pequeñas crisis parciales espaciadas en el tiempo ahora eran momentos cotidianos en su día a día. A los 16 años comenzó a tener convulsiones tónico-clónicas, las crisis eran cada vez más severas y nadie sabía como remediarlo.

El estudiante inteligente convivía con ataques que se caracterizaban por la pérdida de consciencia junto a espasmos y rigidez musculares. La frecuencia de estos eventos epilépticos aumentó hasta el punto de que fue atacado por episodios espontáneos de inconsciencia cada pocos minutos. Había que encontrar una solución y rápido antes de que ocurriera un evento impredecible.

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Así que tras la visita de decenas de profesionales, Henry se encuentra con el hombre que iba a cambiarlo todo, el doctor neurocirujano William Scoville. Henry tenía 27 años y tenía muy poco que perder por aquellas fechas. Prácticamente incapacitado para llevar a cabo una vida profesional, para tener un simple trabajo, Scoville podría ser lo último a lo que podría agarrarse.

Dos terceras partes de su hipocampo fueron eliminadas. Wikimedia C.

El neurocirujano le propone una cirugía experimental, una operación de la que piensa que el joven va a salir airoso y a recuperar parte de su vida normal. Si estaba en lo cierto, el diagnóstico sobre su epilepsia en el lóbulo frontal podría curarse, aunque con ciertos riesgos. Henry acepta la propuesta y el doctor le propone una fecha, el 1 de septiembre de 1953, para llevar a cabo la operación.

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Ese día Scoville administró una resección radical de los lóbulos temporales mediales de Henry, una lobectomía bitemporal donde eliminaría amígdala, uncus y dos terceras partes de su hipocampo. Se trataba de un intento arriesgado, casi desesperado, para que el chico recuperara algo de calidad de vida.

Y lo cierto es que la operación experimental fue todo un éxito. Tras la operación, las convulsiones severas de Henry se redujeron drásticamente. Sin embargo, Scoville tenía una gran duda. No tenía ni la menor idea de si la eliminación del hipocampo, el cual quedó sin funciones junto a la corteza entorrinal (el espacio de comunicación con el hipocampo) había despojado a Henry de su capacidad para formar recuerdos.

No tardaría demasiado en descubrirlo.

Vida de Henry después de 1953

Henry realizando tests en el MIT. Basic Books

Un año y ocho meses después, el 26 de abril de 1955, Henry acude a una serie de pruebas en el Hospital de Hartford. Se trataba de pruebas psicológicas para ver la evolución del paciente. Henry entra en una sala en la que le espera una doctora. Se sienta, toma un vaso de agua y la mujer comienza una batería de preguntas. Henry la interrumpe.

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“Señorita, no me acuerdo de las cosas”, le dice a la mujer, una completa desconocida para Henry. La doctora está intrigada y comienza a preguntarle acerca de su día a día, cómo es un día normal en la vida de Henry Molaison:

¿Qué haces cada día cuando te levantas Henry? ¿Qué sueles comer para desayunar? ¿Ayer hiciste algo distinto o reseñable que me puedas contar?

Desgraciadamente, todos los esfuerzos de la chica por sacarle alguna información de su reciente pasado fueron infructuosos. Henry podía responder a cualquier pregunta que tuviera que ver con su infancia o con los primero años de adulto, pero a partir de cierto punto o momento en el tiempo, el hombre había sido despojado de sus propios recuerdos. De hecho, la doctora notó que el propio Henry había pasado en un corto espacio de tiempo, en unos pocos segundos, a olvidarse de donde estaba y quién era ella. La mujer no daba crédito. Se levanta, le dice que se tranquilice. Sale del cuarto para dejarle espacio y vuelve pasados unos minutos.

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Cuando la doctora vuelve a entrar en el cuarto la cara de Henry era de total sorpresa. Extrañado, le pregunta que quién es y qué hace él allí. No había dudas para la chica. Henry se sentía como si acabara de despertar de un sueño profundo, un sueño donde permanecen fugazmente los restos y recuerdos que se evaporan más allá de su propio alcance. Henry Molaison no recordaba ninguna experiencia reciente; cada una de ellas, ya fuera eventual o importante en su historia, se difuminaba de su memoria sin dejar rastro.

Henry en 1958. Basic Books

Y durante décadas, Henry vivió con lo que se ha denominado amnesia anterógrada, una forma de pérdida de memoria profunda que impide que los nuevos eventos lleguen a la memoria a largo plazo. Como resultado de este extraño caso ocurrido con Henry Molaison, su memoria solo alcanzaba a los recuerdos que poseía antes de la amnesia junto a una pequeña y diminuta ventana de momentos inmediatamente anteriores al presente. Dicho de otra forma, Henry y su memoria se habían parado el 1 de septiembre de 1953, y ahí se quedaron en un bucle infinito.

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¿Cómo puede ser? La amnesia representada con frecuencia en la ficción es una variedad muy rara conocida como fuga disociativa, un espacio donde se ven comprometidos la identidad y las memorias previas a un evento central. En ella, el individuo no recuerda una parte (o la totalidad) de su vida pasada y no sabe quién es. De hecho, puede dar lugar a una nueva identidad en el individuo.

Por el contrario, la amnesia anterógrada no priva a quién la sufre de su identidad o pasado, tampoco de sus habilidades; lo que hace es limitarlo evitando que se formen nuevos recuerdos. Como consecuencia, estas memorias parecen congelarse a perpetuidad, a menudo acompañadas de una sensación constante de que uno acaba de despertarse de un largo estado de “inconsciencia”, estado que llena el tiempo intermedio.

Y esto fue lo que le ocurrió a Henry tras la cirugía experimental realizada por el doctor Scoville. A partir de entonces, ni siquiera era capaz de reconocerse cuando se miraba al espejo a primera hora de la mañana. Esa persona que tenía delante, conforme fueron pasando los años, era muy diferente del Henry de 1953. Y lo mismo ocurría con sus familiares, y en general, con el mundo entero.

La memoria humana a través de Henry Molaison

Fotograma de la película Memento de Nolan.

Obviamente, su condición fue tan peculiar que rápidamente se convirtió en objeto de estudio. Era, sin ninguna duda, el tema más famoso en el mundo sobre el estudio del cerebro humano. Por esta razón, desde el mismo momento en el que los doctores supieron de su estado, su verdadera identidad pasó a ser un secreto hasta el día de su muerte. Fue el denominado paciente H.M.

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Sin embargo y a pesar de lo desafortunado de su condición, el propio hándicap de Henry ayudó a impulsar por primera vez en la historia la investigación de la memoria más allá del ámbito de la filosofía. Podemos hablar de una época antes de Henry, y otra después. Anteriormente, los esfuerzos para explorar la memoria se habían limitado a estudios con animales, un terreno donde los científicos dañaban deliberadamente diversas regiones del cerebro animal en laboratorios con el fin de observar cualquier pérdida de las funciones de la memoria.

Poco antes de morir y a través de las numerosas entrevistas que le realizaron, uno podía darse cuenta del sufrimiento que debía pasar diariamente. Quienes le trataron lo describían como un tipo amable e increíblemente inteligente pese a sus circunstancias. Pero el pozo de tristeza se reflejaba cuando contaba anécdotas.

Henry siempre fue capaz de recordar con nitidez eventos de su infancia, o incluso del mundo en general en esa época. En cambio, el día que alguien le recordaba que su madre ya había muerto, era como la primera vez, una primera muestra de incredulidad, seguida de una pena de corta duración, lo justo para que aflorara una lágrima antes de que su memoria se desligara de su mente y olvidara que, efectivamente, su madre ya no estaba. Durante una de las muchas entrevistas que tuvo con los investigadores el propio Henry describía la situación:

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Ahora, justo en este preciso momento, me pregunto, ¿he hecho o dicho algo extraño? Ya ve usted que ahora mismo veo justo delante mía todo claro pero, ¿y lo que ocurrió hace un momento? Esto es lo que de verdad me preocupa. Para mí, es como despertar de un sueño. Un sueño que jamás recuerdo.

Atlas digital del cerebro de Henry. BrainandSociety

Con el tiempo han existido casos similares de amnesia anterógrada, muchos de ellos a causa del llamado síndrome de Korsakoff. Una dolencia que afecta a la memoria y el aprendizaje, aunque involucrando a otras funciones cognitivas. El síndrome está ocasionado por el daño cerebral causado en la mayoría de ocasiones por deficiencia de vitamina B1, sobre todo por alcoholismo, trastornos de alimentación o por envenenamiento.

Lo curioso en los estudios posteriores de amnesia anterógrada es que, aunque se les impide almacenar nueva información, los investigadores han descubierto que son capaces de dominar algunas tareas nuevas, incluso complejas. Por ejemplo se han dado casos de sujetos que han mejorado tocando la guitarra, aunque ellos mismos crean que lo están haciendo siempre por primera vez.

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En el caso de Henry, la neuróloga del MIT Suzanne Corkin siguió su progreso durante décadas. Esto no impidió que cada vez que ella se presentaba Henry la saludara como si fuera la primera vez. Sin embargo, en una ocasión una enfermera le dijo a Henry que la doctora Corkin había preguntado por él. Henry respondió “¿Suzanne?”. A pesar de que no podía decir quién era, había logrado asociar su nombre con el apellido.

Lightspring / Shutterstock

Durante años los investigadores observaron que una pequeña cantidad de información se había logrado filtrar en la memoria a largo plazo de Henry, lo que sugería que, quizás, su cerebro luchaba por encontrar nuevas vías. Antes de morir su mente llegó a recordar más allá de 1953. Sabía el año en el que murió JFK, que el hombre había llegado a la luna e incluso podía dibujar la casa en la que vivió o familiarizarse con su “nueva” cara, cada vez más adulto. Una vez le preguntaron que cómo se veía ante el espejo ya con 80 años. “Ya no soy un niño”, les dijo.

El 2 de diciembre del año 2008 Henry Gustav Molaison fallecía con 82 años de edad por una insuficiencia respiratoria. El doctor Jacopo Annese junto a la doctora Corkin llevaron entonces un análisis exhaustivo del cerebro de Henry, un estudio anatómico sin precedentes. Un trabajo que proporcionó una observación microscópia completa de todo el cerebro con el objetivo de poner de manifiesto las bases neurológicas del increíble e histórico desorden memorístico de Henry, a resolución celular.

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En el año 2014 se completaba el proceso de creación del mapa tridimensional del cerebro de H.G. Desde entonces, está a disposición de todos los científicos del mundo para estudiar algo tan complejo y fascinante como es nuestro cerebro. Henry fue el primero de varios casos con amnesia anterógrada que han permitido avanzar y contribuir de manera indispensable sobre la memoria.

Una lástima que murió sin saber lo importante que había sido su vida.