El mayor accidente nuclear de la historia sigue siendo un peligro. Investigadores del Norwegian Institute for Air Research han analizado el efecto de los incendios en los bosques cercanos a la zona de exclusión de Chernóbil. Su conclusión: aún hay riesgo de que la radiación se extienda en el aire.

La zona actual de exclusión de Chernóbil es una extensa área de 4.800 kilómetros cuadrados. Está rodeada por completo de bosques, y también dentro, con maleza y vegetación que ha cubierto la zona abandonada. El problema son los incendios que se han experimentado en las zonas colindantes durante los últimos años. Las hojas de los árboles y la vegetación han absorbido la radiación depositada en las capas altas del subsuelo. Al quemarse esta vegetación, parte de la radiación se libera en el aire. De ahí se extiende a otros países colindantes.

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Investigadores del Norwegian Institute for Air Research han medido de hecho este fenómeno. Analizaron imágenes de satélite de grandes incendios sucedidos en la zona en 2002, 2008 y 2010. Midieron también los niveles de cesio-137 depositados en el subsuelo en esos años. Según sus cálculos, los incendios ocurridos en esas fechas liberaron en el aire, en forma de humo, entre un 2% y un 8% del cesio-137 aún presente en la superficie. Las corrientes de aire distribuyeron esas partículas tóxicas por Europa occidental e incluso llegaron hasta zonas de Italia, Turquía y Escandinavia.

Los investigadores, como explican a la revista New Scientist, hicieron de hecho cálculos conservadores. Según ellos, la población cercana de la ciudad de Kiev, por ejemplo, habría estado expuesta durante esos incendios a una radiación adicional de cesio de 10 microsieverts, más o menos solo un 1% de la dosis que una persona puede recibir al año. Es poco, pero el problema no está solo en las partículas de cesio, también analizaron partículas en el aire de estroncio, plutonio y americio que pueden afectar la salud de las personas o colarse directamente en la cadena alimentaria.

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Según calcula el informe, liderado por el investigador Nikolaos Evangeliou, continuarán produciéndose incendios importantes en la zona cercana a la exclusión, y dentro de la misma, hasta 2026. Es decir, todavía durante muchos años antes de que la radiación en el subsuelo y en la vegetación comience a desaparecer por el paso del tiempo. Lo peor: no parece que haya ningún plan para evitarlo. [Ecological Monographs vía New Scientist]

Foto: AP

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