La primera semana que probé el nuevo iPad Pro, ansioso por publicar mi reseña, saqué una serie de conclusiones. La segunda, con mi visión algo más madurada, aprecié otra serie de matices. Y ahora, en la tercera, mi conclusión es que el iPad Pro no se parece en nada a un laptop. Y eso es algo genial.

Es curioso porque el iPad a menudo se utiliza como reclamo del “futuro” (futuuuuro) y como muestra de cómo trabajaremos de aquí a cinco, diez o veinte años. No lo discuto, después de mi experiencia estos días creo firmemente que las cartas que ha puesto Apple sobre la mesa con el nuevo iPad Pro son una buena muestra, aún inmadura, de ello.

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Mi problema, en cambio, comienza con que a menudo todas las comparaciones, reclamos y similitudes en lo relativo a Productividad + iPad se realizan contra un PC/Mac tradicional, contra un laptop. “No tiene ventanas”, “No puedo usar mi versión de Photoshop de escritorio”, “Apple debería portar OS X a los iPads”

La famosa cita de Jobs que compara a los PCs con camiones se hace dolorosamente cierta con el nuevo iPad Pro. Apple ha llegado a un punto en el que, a base de mejoras puntuales pero incrementales de iOS y de engarzar los iPads con procesadores que son auténticas bestias (el A10X es más potente que algunos de los MacBooks), no solo es posible trabajar con una tablet, es que, para un buen número de casos, es hasta mejor.

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La comparación con los camiones vuelve a venir a mano porque, precisamente, el iPad se encuentra en un punto donde hace falta perderse en los matices y hace falta perderse en las vaguedades que a menudo implica definir eso que llamamos, sin más, “trabajo”. ¿Es bueno el iPad para trabajar? ¿Es suficiente? Pues, como todo, depende, y además se puede responder con otra pregunta ¿Tu trabajo implica que conduzcas un “camión” o un “turismo”?

Camiones, turismos y todo lo que hay en medio

Cuando mencionaba al principio que mis opiniones sobre el nuevo iPad Pro y el salto que supone fueron cambiando radicalmente en el transcurso de dos semanas lo hice simplificando y omitiendo un factor decisivo en el proceso: iOS 11.

Inicialmente, mi creencia es que debía publicar la reseña con iOS 10 puesto que esa es la versión con la que el dispositivo está llegando a las tiendas a fecha de hoy. El problema es que cuando salió la beta pública la curiosidad mató al gato, la tentación, demasiado fuerte y la instalé en el nuevo iPad Pro.

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Ya no hubo vuelta atrás.

Creo sinceramente que Apple ha seguido un camino muy inteligente a la hora de dotar a iOS en el iPad de los cambios necesarios para convertirlo en una herramienta de productividad. En lugar de arramplar y destruir la esencia de iOS haciendo demasiados cambios en poco tiempo (de hacer el famoso “OS X en un iPad” que a menudo se reclama), ha ido añadiendo y refinando por el camino una serie de características que, con iOS 11, alcanzan un punto de madurez muy cercano a lo que de verdad se necesita. El clásico lento pero seguro.

La pantalla dividida, los atajos de teclado, son cambios que se remontan a versiones previas de iOS. En iOS 11, sin embargo, están más refinadas, más pulidas y cambios tan simples como la posibilidad de cambiar la disposición de la pantalla dividida o tener hasta tres aplicaciones a la vez suponen un cambio mucho mas profundo de lo que se adivina intuitivamente. El mayor cambio para el iPad Pro, tanto para esta generación como para la anterior, vendrá por su sistema operativo.

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Creo que no merece la pena perderse en más detalles de iOS 11 porque no deja de ser, por el momento, una beta y porque ya habrá tiempo de hablar cuando llegue la versión definitiva en otoño. Pero sí que es, con todo, esencial aclarar que supone un testamento magnífico de lo que el iPad está a punto de convertirse.

La línea solo la puedes dibujar tú

¿Para qué sirve, exactamente, un iPad Pro? ¿Por qué habría de merecerte la pena? ¿Lo podrás usar para trabajar? La respuesta a todas estas preguntas está íntimamente ligada a la subjetividad y al método de trabajo de cada persona, así que responderlas es complicado.

Mi escritorio principal en iOS 11 con el iPad Pro, una mezcla entre ocio y trabajo.

Sí que es posible, sin embargo, dar una serie de ideas que ayuden a delimitar donde se encuentra la línea ahora mismo y qué podemos considerar, con respecto al iPad, qué es trabajo “para camiones” y qué es trabajo “para turismos”. Conviene recordar, también, que es una línea que no sólo no está claramente definida sino que Apple además la empuja hacia atrás incansablemente año tras año con cada versión de hardware y de software.

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Dicho de otro modo: la línea solo la puedes dibujar tú, solo tú puedes decidir si eres “camionero” o “conductor” y en ti cae evaluar si tu trabajo reside a un lado o a otro de la línea. Hazte las preguntas pertinentes, y decide.

Para explicar mejor a lo que me refiero, me pondré a mí mismo de ejemplo. Mi trabajo consiste, esencialmente, en escribir, en editar y en tomar decisiones acerca de la mayoría de artículos que se publican en Gizmodo. Mis herramientas principales de trabajo son Slack (con la que me comunico con el resto del equipo), Safari (el navegador que me da acceso a Kinja, el CMS), Trello y Twitter. Mis herramientas no principales, las que no necesito tener todo el rato activas son Things 3 (gestión de tareas), Bear (anotación de ideas y elaboración de estrategias) y Fantastical (calendario). En segundo plano suele estar Spotify o Apple Music con música que me ayuda a trabajar.

Pese a que potencialmente todas esas tareas y aplicaciones las puedo realizar con un iPad desde 2010, hasta que Split View, la posibilidad de tener dos apps a la vez, no llegó a iOS yo no pude trabajar de verdad con un iPad. Varios son los motivos, el principal es que dependo tanto de Slack que a menudo necesito tenerlo siempre delante, suelo tener la aplicación con la que estoy trabajando en la ventana principal según el momento o la tarea (Safari, Trello, Tweetbot, Things) y a un lado Slack. Dicho de otro modo: no solo importa el qué importa el cómo. Ahí tracé mi línea.

Por qué el iPad Pro no se puede comparar con un laptop

iOS 11 va a revolucionar muchos de mis flujos de trabajo. Por ejemplo: antes cambiar entre esas aplicaciones a menudo requería el tedio de volver al escritorio, o escritorios, encontrar la app manualmente y lanzarla. Con el nuevo dock lo más probable es que siempre la tenga ahí a mano.

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Pero (y es un pero importante) no soy tan necio como para afirmar categóricamente que todas las cosas que realizo cómodamente desde el escritorio son posibles desde un iPad Pro con la misma comodidad. No puedo arrastrar imágenes desde el escritorio (algo que también solucionará, parcialmente, iOS 11), no puedo conectarle mi comfortable teclado mecánico vía USB y otra serie de compromisos. No puedo hacer todas las cosas que puedo hacer en escritorio porque, esencialmente, hablamos de dispositivos distintos. Con propiedades, características, elementos y funcionalidades distintas. De vehículos distintos. Compararlos no tiene sentido.

El nuevo iPad Pro junto al nuevo MacBook Pro. Encuentre las 37 diferencias.

Lo curioso es que a menudo se habla de las concesiones que supone pasar de PC/ Mac a iPad pero no al revés. En mi caso, de nuevo, hace años descubrí que soy infinitamente más productivo “ordenando” mis ideas con un lápiz y un papel que anotándolas con un teclado. El Apple Pen, en conjunción con la magnífica GoodNotes, me permite varias veces al idea diagramar, bocetar y anotar a mano de un modo que mi torre con Windows nunca va a poder. También, y de nuevo en mi caso, es mucho más cómodo editar un artículo largo leyéndolo desde el iPad en el sofá que mirando a un monitor. La lista de ejemplos a favor es larga.

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Trabajar en el iPad, usar el iPad como la computadora principal requiere, como cualquier cambio, un periodo de adaptación, de concesiones y de aceptaciones. No es casualidad que la mayoría de las aplicaciones que nombré, desde Slack hasta Fantastical, estén tanto para tablet como para desktop.


Hay un proceso detrás que consiste en entender que las concesiones, para bien y para mal, van hacia un sentido y hacia otro. El iPad sobresale en tareas donde un PC o un Mac se queda atrás, y al revés. Identifica esas tareas y determina si, a día de hoy, caes a uno u otro lado.

¿Merece la pena el iPad Pro 2017?

Si es para usarlo como tablet (navegar ocasionalmente por internet, ver películas, leer libros...) un uso que hasta ahora apenas he mencionado en mi reseña, no hay dispositivo mejor en el mercado que el iPad Pro. Que los iPads, en general. Hay tabletas Android muy buenas, como el Samsung Tab S3, pero en términos generales siguen estando a años luz de los iPad. Con las Surface la comparación está más cogida por los pelos, pues hablamos de un sistema operativo de escritorio, Windows 10, pero ocurre algo parecido.

Si es para trabajar, como dije, es una pregunta que probablemente solo puedas contestarla tú. En mi caso, además de los motivos arriba expuestos, el iPad Pro ha eliminado por completo la necesidad de comprar un sustituto para mi viejo laptop de 7 años.

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La generación que nos ocupa, la de 2017, trae cambios que son importantes pero no revolucionarios: el HDR y la pantalla TrueTone luce espectacular bajo cualquier situación, los 120hz de ProMotion aumentan la sensación de fluidez exponencialmente y tener una cámara como la del iPhone 7 es un plus a la hora de escanear documentos o tomar alguna foto ocasional.

Pero lo verdaderamente importante, después todo, es cómo el software y el hardware cabalgan juntos en el iPad para ofrecer una experiencia impecable que no solo no se parece a la de ningún laptop, es que no le hace falta.