¿Qué se necesita falta para simular gravedad de forma artificial en el espacio? Cualquiera que haya visto un poco de cine contestará que basta con fabricar una nave que gire sobre sí misma para que la fuerza centrífuga sea equivalente a la de la gravedad. La respuesta es teóricamente correcta, pero hacer realidad ese plan es algo muy distinto.

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La idea de estaciones espaciales en forma de rueda que giran para que sus tripulantes puedan permanecer pegados al suelo en lugar de flotar no es nueva. La hemos visto en decenas de películas desde 2001: A Space Odyssey hasta The Martian. En los años 60, la NASA fabricó un simulador gigante para tratar de probar si la fuerza centrífuga provocada por el giro de un objeto podía usarse para simular gravedad dentro de ese objeto. Los resultados fueron positivos, pero nunca se ha llegado a fabricar una nave así. ¿Por qué?

Como explican en este vídeo de Real Engineering, la razón es puramente práctica. Para construir una estación espacial así hace falta una cantidad desmesurada de recursos y dinero.

El primer problema es el tamaño de la estación. En el caso que nos ocupa, la fuerza centrífuga es proporcional al diámetro a la velocidad de giro, y las naves espaciales de este tipo que vemos en el cine no se preocupan mucho de cálculos. En 2001: A space Odyssey, por poner un ejemplo, la estación espacial tiene un diámetro de 300 metros y gira a una velocidad aproximada de 1rpm. Esa configuración apenas basta para simular la gravedad lunar, que es 1/6 de la terrestre. Para simular una gravedad como la de la superficie de la Tierra tendría que girar a 2,4rpm.

Si la nave tuviera un tamaño más realista (25 metros de radio), tendría que girar a 6rpm, lo que probablemente sería poco práctico para realizar experimentos y desorientaría a los astronautas. Además, la gravedad depende de la distancia al centro de giro. En una estación tan pequeña, la gravedad percibida en los pies de una persona sería diferente a la percibida en la cabeza. Volviendo a la ISS, en realidad parte de la gracia de nuestra actual estación en órbita es que permite experimentar con microgravedad.

Definitivamente, para que simule la gravedad de forma funcional, una estación espacial debe ser muy grande, y solo poner en órbita los materiales para construirla es increíblemente caro. Poner en órbita un kilo de peso en uno de los actuales cohetes Falcon 9 de SpaceX cuesta 2700 dólares. Cuando la compañía comience a operar su nueva variante pesada del Falcon 9, ese precio se reducirá a 1.650 dólares por cada kilo de carga.

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Probablemente el coste se pueda recortar el día que seamos capaces de extraer metales de los asteroides que flotan en el Sistema Solar y procesarlos en el espacio. Incluso entonces, construir estructuras de 60 kilómetros de diámetro como la estación de la película Elyssium serán todo un reto de ingeniería. [víaReal Engineering]


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