En la vida hay dos bandos bien diferenciados: los que llegan a la hora que han quedado y los que siempre llegan tarde. Si eres de los primeros seguro que te habrás preguntado por qué demonios ese familiar o amigo no es capaz de cumplir con lo pactado. Las razones pueden ser variadas.

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La situación tienes que haberla vivido alguna vez (a no ser que tú seas el que siempre llega tarde). Quedas con alguien, llegas a la hora acordada y tienes que esperar 20 minutos extra a que aparezca esa persona, que además y casualmente, siempre tiene una excusa.


Lo cierto es que existen varias investigaciones acerca de este comportamiento, todas tratando de averiguar por qué algunas personas son así. Dice Alfie Kohn, un profesor, escritor y conferenciante experto en la psicología de la conducta humana, que estas personas son “desconsideradas”, una palabra que tampoco nos proporciona una explicación detrás de la tardanza.

Por esta razón Kohn sugiere que, quizás, estas personas disfrutan de la atención de hacer una entrada con alguien esperando, o tal vez están demasiado envueltos en los problemas de sus propias vidas y necesitan de la atención de hacer esperar a la gente.

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Sin embargo, el profesor señala que esto no puede aplicarse a aquellos que llegan tan tarde que incluso supone un inconveniente para ellos mismos. Por ejemplo aquellos que llegan a perder vuelos o que llegan tarde a un concierto o evento al que iban a asistir. Mientras que muchos observan el reloj a medida que se acerca el plazo de una cita que tenemos, el escritor sugiere que algunas personas simplemente no le dan la importancia y no miran el reloj. Según Kohn:

Tal vez tienen una tendencia a perderse en lo que están haciendo actualmente y no descubren qué hora es hasta que es demasiado tarde.

El problema puede ser cómo hacemos uso del tiempo

Ilustración de Fruzsina Kuhári

Es posible que la culpa sea de la forma en que hemos aprendido a manejar los tiempos. De esto se hablaba en un estudio del 2016 llevado a cabo por los psicólogos Emily Waldun y Mark McDaniel de la Universidad de Washington. En este caso lo definieron bajo el nombre de memoria prospectiva basada en el tiempo (TBPM).

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Para ello realizaron un experimento. Los investigadores dieron a varios sujetos un tiempo establecido para completar una tarea, aunque con la ventaja de poder comprobar un reloj cuando fuera necesario. El experimento fue creado de tal manera que los participantes quedaban atrapados en las tareas, como si fuera un rompecabezas donde además estaban preocupados comprobando el tiempo.

Los resultados arrojaron que algunas personas eran mejores que otras a la hora de estimar el tiempo que disponían. En realidad es similar a cuando nos quedamos absortos ante una actividad cualquiera (por ejemplo navegando en páginas en Internet). Podemos estar en la cama sabiendo que tenemos cinco minutos de sobra antes de salir al trabajo. Sin embargo, es posible que cuando pensamos que sólo han pasado esos cinco minutos, podrían haber pasado 20 minutos.

Los investigadores dicen que las personas que son buenas en las tareas del experimento (TBPM) parecen ser mejores en la regulación de su propio comportamiento a la hora de cronometrarse. Dicho de otra forma, estas personas tienen en cuenta la importancia de medir la cantidad de tiempo que podría tomar algo.

En este caso los investigadores ponen otro ejemplo. Cualquiera puede usar Google Maps u otra herramienta similar para estimar el tiempo que tarda en llegar a un sitio, pero lo interesante es que, aún así, a lo largo del camino pueden existir variables que no controlamos tales como un retraso del transporte o encontrarse con alguien. Por eso y aunque el plan puede ser sólido, todavía puede fallar.

La personalidad como base del problema

Dice Susan Krauss Whitbourne, profesora de psicología en la Universidad de Massachusetts, que los psicólogos freudianos abogan porque la tardanza excesiva se reduce a las personas que tienen tendencias autodestructivas, dejándolas atrapadas en un ciclo de llegar tarde y castigarse por ello. De hecho el propio Kohn también argumenta que podría ser una falta de autodisciplina, donde la gente encuentra imposible alejarse de una actividad que están disfrutando o una tarea que sienten que tienen que completar.

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Otros como el psicólogo y escritor Adoree Durayappah-Harrison explican que para algunas personas llegar tarde es una cuestión de principios, simplemente no les gusta llegar temprano. Estas personas piensan que no tiene sentido estar esperando mientras llega otra persona, agravado en algunos casos con el sentimiento de sentirse incómodos ante la espera.

Finalmente hay una última manera de verlo. En un artículo del New York Times se sugería que el retraso “crónico” es impulsado por el optimismo de la persona. Por ejemplo en la capacidad de creer que un trayecto de 25 minutos va a tardar únicamente 10 si todo sale perfecto a nuestro favor.

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Quizás este último comportamiento tiene un punto de locura, quizás incluso todos los escenarios lo tengan. De cualquier manera y como vemos, hay muchas razones para explicar por qué la gente llega tarde todo el tiempo. Y por mucho que nos lo expliquen, tengo la sensación de que seguirá pasando. [BusinessInsider]