Los trolls son, a estas alturas, una parte inherente de internet. Puedes amarlos o puedes odiarlos, o puedes ser uno de ellos, acechando estas líneas (¡Hola!). Un estudio de Stanford se ha dedicado a analizar 40 millones de comentarios para encontrar patrones entre los trolls y los resultados son bastante interesantes.

Vaya por delante: es complicado calcular, con un algoritmo matemático, interacciones tan complejas como la humana y más aún cuando la única referencia es el texto escrito. No se tiene en cuenta el sarcasmo, la ironía o la estupidez honesta, por decirlo de una manera suave. Pero cuando tenemos en cuenta una población estadística muy alta, como es el caso (40 millones de comentarios y 1,7 millones de usuarios) algunos patrones comienzan a emerger.

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Para encontrarlos, los responsables del estudio hicieron algo bastante inteligente: dividieron a los usuarios entre los que en algún momento del periodo de observación fueron baneados y los que no. Los baneados mostraban una característica recurrente: escribían comentarios más a menudo, se salían con frecuenta del tema original del post, comentaban varias veces por cada uno de ellos y eran, lógicamente, mucho más negativos. Los trolls eran, en resumen, hiperactivos.

Como consecuencia, los moderadores de cada sitio tendían a eliminar más y más comentarios tóxicos, lo que a su vez repercutía en comentarios cada vez más agresivos. Dicho de otro modo, la acción sobre los trolls tenía una reacción que a su vez repercutía en otra acción y en otra reacción entrando en un ciclo sin fin que se detenía cuando el usuario por fin era baneado.

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El estudio concluye: “El comportamiento antisocial se exacerba cuando el feedback de la comunidad es negativo”. El “Don’t feed the troll” de toda la vida, en resumidas cuentas pero respaldado con números.

¿Mi experiencia? Después de años escribiendo (tanto posts como comentarios) creo que no he conseguido ni una sola vez llegar a términos razonables con un troll. Eso no quiere decir que, en ocasiones, no sea un ejercicio sano e incluso divertido. Los trolls son molestos, pero trolear el troll lo eleva todo a una categoría superior.

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