Todo el mundo conoce a Alexander Graham Bell como la persona que se apropió de la invención del teléfono, pero el fundador de Bell fue más que un empresario de éxito. Era una mente brillante e inquieta, como demuestran sus predicciones sobre calentamiento global, crisis energética, paneles solares y biocombustibles.

Graham Bell cofundó la National Geographic Society en 1888. 29 años después escribió un artículo en National Geographic donde predijo con precisión algunos de los problemas a los que nos enfrentamos hoy en día por el uso desenfrenado de combustibles fósiles y las emisiones de gases de efecto invernadero.

“Aunque podríamos perder parte del calor del sol, ganaríamos parte del calor de la Tierra, que normalmente se irradia al espacio”, escribió Bell. “Me inclino a pensar que tendremos algún tipo de efecto invernadero”.

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Edwin S. Grosvenor, bisnieto de Bell, explica el contexto de estas afirmaciones en una biografía del inventor: “Los pocos científicos que pensaban en la contaminación del aire en 1917 estaban convencidos de que un aire más sucio haría que el clima se enfriase, ya que los rayos del sol quedarían bloqueados”.

También en 1917, hace ahora 100 años, Bell pronunció un discurso de graduación en la escuela McKinley, en Washington DC, que más tarde recogió National Geogpraphic. El mundo había pasado de las velas a electricidad en cuestión de años y ahora era posible darse un baño caliente a las 2 de la madrugada o transportar a personas por el precio de un sello postal. Pero Graham Bell estaba preocupado.

Predijo que, por culpa de estos rápidos avances, no dejaríamos de usar el carbón y el petróleo hasta que los suministros se secaran. “El carbón y el petróleo están subiendo y están estrictamente limitados en cantidad: podemos extraer carbón de una mina, pero nunca podremos devolverlo; podemos extraer petróleo de los embalses subterráneos, pero nunca podremos rellenarlos”, advirtió.

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“El consumo mundial de carbón y petróleo se ha vuelto tan grande que ahora estamos a una distancia medible del final de la oferta. ¿Qué haremos cuando no tengamos más?”, insistió. Pero Bell tenía una visión sobre energías renovables. Recalcó el poder de las mareas y las olas, “que todavía no hemos aprendido a utilizar” y habló sobre “el empleo de los rayos del sol como fuente de energía”.

Y entonces predijo con inquietante precisión los paneles solares:

Cada pueblo o ciudad tiene una vasta extensión de techo expuesto al sol. No hay razón por la que no debamos utilizar los tejados de nuestras casas para instalar aparatos solares para capturar y almacenar el calor recibido del sol.

El calor solar, como el calor que pasa por una chimenea, representa un producto de desecho: lo tenemos, pero no lo usamos. Y entonces criticamos el precio de nuestras facturas de carbón.

Es como si fuera un viajero en el tiempo. Pero hay más, porque Bell también predijo los biocombustibles. El inventor abogaba por el uso de alcohol de serrín y tallos de maíz como una fuente ampliamente disponible de “combustible muy limpio y eficiente” y dijo en 1917 que “el mundo dependerá más y más del alcohol con el paso del tiempo” (algo que, por ahora, no se ha cumplido).

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[Science Alert]