Sabíamos que el Tyrannosaurus rex era un dinosaurio tremendamente fuerte pero, ¿cuánto? La cuestión parece que la han resuelto en un estudio de las universidades de Florida y Oklahoma. Cuando la criatura mordía era capaz de pulverizar huesos con fuerzas equivalentes al peso de tres coches.

El trabajo se ha publicado hoy y tiene a los profesores Gregory Erickson y Paul Gignac como protagonistas. Ambos comienzan explicando que la capacidad de pulverizar o aplastar los huesos a mordiscos se suele ver en mamíferos carnívoros como las hienas o los lobos, nunca antes en reptiles cuyos dientes imposibilitan masticarlos.

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Precisamente, el estudio viene a decir que existe una excepción en el caso de los T-Rex. Los profesores encontraron que el réptil prehistórico era capaz de morder con más de 3.500 kilos de fuerza. Para que nos hagamos una idea, eso significa que el dinosaurio tenía hasta dos veces más fuerza que la mordedura de los cocodrilos vivos más grandes, animales que son actualmente los “campeones” en cuanto a fuerza para morder.

Imagen: Tuomas Koivurinne

Más datos. Erickson y Gignac cuentan que sus dientes largos eran capaces de generar una increíble presión de nada menos que 195.000 kilos por 6,5 cm cuadrados. Esto es muy importante, ya que gracias a ellos la poderosa criatura podía quebrar el hueso mientras mordía repetidamente (al igual que la de un mamífero). Según explica Gignac:

Gracias a ello, el T. Rex podía consumir los cadáveres completos de dinosaurios de grandes cuernos y hadrosáuridos de pico de pato cuyos huesos, ricos en sales minerales, no estaban disponibles para los dinosaurios carnívoros más pequeños y menos equipados.

La investigación partió del estudio de la musculatura de los cocodrilos (parientes cercanos de los dinosaurios) y la fuerza que ejercían al morder. Luego compararon los resultados con las aves, “los dinosaurios modernos”, y generaron un modelo para el T-Rex.

Reconstrucción moderna de un T-rex según las últimas evidencias fósiles. Ilustración: RJPalmerArt

Cuando estudiaron a los cocodrilos se dieron cuenta de algo. La enorme fuerza que ejercen al morder es una parte de la historia, pero no toda. Para entender de qué forma un dinosaurio gigante consumía un hueso necesitaban descifrar cómo esas fuerzas se transmitían a través de los dientes. Fue lo que denominaron como “presión dental”. Así lo explicaba Erickson:

Tener una gran fuerza al morder no significa necesariamente que un animal puede perforar la piel o pulverizar el hueso, la presión del diente es biomecánicamente el parámetro más relevante. Es como asumir que un motor de 600 caballos de fuerza garantiza velocidad. En un Ferrari seguro, pero no para un camión de basura.

Así pues, hoy sabemos que el imponente T-Rex, la bestia del Cretácico, es el único reptil conocido capaz de desmenuzar y fragmentar un hueso con unos dientes que poco tienen que ver con los de “especialistas” como los lobos o las hienas. Unas habilidades para engullir y alimentarse extremadamente sofisticadas y muy parecidas a la de los mamíferos modernos. [Florida University vía Phys]

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