La sexta temporada de Juego de Tronos tiene el ritmo más acelerado que hemos visto en la serie hasta ahora. En todos los episodios sucede algo interesante e impactante, (casi) nada se siente de relleno, y en el cuarto episodio hemos visto cómo se comienzan a mover todas las piezas hacia una sola cosa: la guerra.

Recuerda: recomendamos no leer a continuación si no has visto el cuarto episodio de la sexta temporada de Juego de Tronos.

El cuarto episodio vio el regreso de uno de lo personajes más temibles de toda la serie, Peter “Meñique” Baelish, quien estoy seguro de que es y siempre ha sido la mente maestra detrás de todos los acontecimientos de Juego de Tronos, o al menos de los acontecimientos políticos.

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Y por primera vez el bueno de Meñique está listo para entrar en la acción directamente; quiere llevar el ejército del Nido de Águilas al Norte para “luchar y salvar a la pobre Sansa Stark”, prima de Robyn Arryn, Señor del Nido y un niñato tonto y enfermizo (al punto de disfrutar ver cómo mueren personas) que se deja manipular por Meñique y hace todo lo que diga.

Baelish después de demostrar el control que tiene sobre Robyn Arryn se prepara para entrar en la guerra, y este es solo uno de los tantos ejércitos que comenzaron a mover sus fichas en este emocionante episodio.

La evolución de Sansa

Si hay algo que nos dejó claro este episodio es que la Sansa Stark de la sexta temporada no es igual en absolutamente nada a la Sansa de la primera temporada, más allá del cabello rojo, por supuesto. La comparación es drástica, lo sé, porque en la serie han pasado algunos años desde una temporada a la otra, pero mi punto es que la evolución de Sansa ha sido impresionante. Ha crecido en todos los aspectos, y hoy en día es una mujer llena de fuerza, valentía y mucha sed de recuperar lo que es suyo y de su familia.

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Porque aunque claramente quiere que ver a Ramsay Bolton muerto, se que sus acciones no se basan únicamente en algo tan egoísta y estúpido como la venganza. Sansa está harta de que el apellido Stark ya no valga nada, está cansada de ver a otras familias indignas sentarse en la silla de su padre, y está decidida a dejar de huir, quiere luchar, y su afán es tan fuerte que incluso cacheteó verbalmente a un Jon Snow que está roto y deprimido, y no tiene ningún plan de lo que hará con su vida en el futuro inmediato.

Jon Snow no quiere tener nada que ver con la guerra o con luchar, pero la presión de su hermana y su deber con la familia lo va a obligar a ello. Porque al inicio del episodio le dice al bueno de Edd que ya su deber con la guardia se ha acabado; el murió, ya cumplió su juramento, pero al enterarse de los planes de Ramsay y que tiene cautivo a Rickon deberá actuar.

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Y los “Salvajes” (u Hombres Libres, como quieras llamarlos) lo apoyan. Mientras Jon leía la carta de Ramsay la expresión en el rostro de Tormund era maravillosa, anhela la guerra, y luchará con gusto junto a su amigo- no, junto a su hermano, para recuperar Winterfell. Los Salvajes le deben la vida a Jon, y Tormund siente un compromiso y lealtad enorme con su amigo.

Eso, sumado a que Sansa le dejó claro que “si no lo haces tu lo haré yo”, llevará a Jon Snow a la guerra, luchando junto a Salvajes y a las familias del norte que se les quieran unir contra un sádico llamado Ramsay Bolton. Aquí, dos ejércitos más que se moverán en Westeros, y será por recuperar Winterfell. No podría estar más emocionado.

Regresa el hijo pródigo

Theon ha regresado a las Islas del Hierro, y su hermana Yara cree que lo ha hecho para amenazar su derecho al Trono de Sal, pero este hombre roto también conocido como “Hediondo” no tiene ningún tipo de interés en ser rey o gobernar nada; solo quiere paz, tranquilidad y sentirse seguro en algún lugar, y cree que Pyke, su hogar, es el lugar perfecto para ello.

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Pero lo que no sabe es que su tío Balon Greyjoy está allí también, y las Islas de Hierro vivirán mucha tensión durante los próximos días debido a la elección de su nuevo regente. Habrá conspiraciones, asesinatos y mucho juego sucio. Pobre Theon, se le hace imposible descansar.

En Desembarco del Rey también se habla de otro ejército; los Tyrell y la guardia real se preparan para atacar a la Fe Militante, incluso en contra de los deseos de ese rey niñato y cobarde llamado Tommen Baratheon. La apuesta de Cersei y el consejo real es hacerlo sin el consentimiento de Tommen para que cuando se entere ya no se pueda molestar porque habrán rescatado a Margaery, su reina. Todo suena tan bien que es imposible que resulte así.

El anhelo de destruir al Gorrión Supremo y su secta de locos religiosos es tan grande que incluso Cersei se ha tragado su orgullo y ha aceptado trabajar con Olenna Tyrell para rescatar a Margaery (y Loras, esperemos). Cersei dijo que no va a permitir que la reina sufra la caminata de la vergüenza que vivió ella, porque eso le haría perder más poder y respeto a Tommen, además de que es una experiencia que no le desea a ninguna mujer, ni siquiera a su rival. Qué grande eres, Cersei.

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Y aquí tenemos a otro ejército que se moviliza, preparándose para una guerra civil. Personalmente no ocupo mi deseo de ver caer al Gorrión Supremo, porque si hay algo más desagradable que un rey loco es un líder de una secta loco y manipulador que se crea superior a todo lo que lo rodea.

La que no arde ahora tiene otro ejército

Ay, Khaleesi, su historia me sigue pareciendo cada vez más desproporcionada y exagerada, casi como si los escritores quisieran hacerla ver como el personaje más fuerte de toda la serie; de hecho, estoy seguro de que es así.

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Mi principal problema con Daenerys siempre ha sido su ego, su forma de creerse superior a todos solamente por tener un apellido que hasta hace casi dos décadas era sinónimo de poder. Pero hoy en día los Targaryen no son nadie, un recuerdo del pasado, y aunque en varias ocasiones Jorah le ha dicho a Daenerys que “en Westeros anhelan su regreso” la realidad es que no hay evidencia de que eso sea así. No hemos visto a nadie mencionar el nombre de esta “Reina”.

Volviendo a los acontecimientos del cuarto episodio de la temporada, Daenerys consiguió hacerse con un ejército de miles de salvajes barbudos que montan y comen caballos, y violan y matan por donde pasan. ¿Y cómo lo hizo? Quemando a todos los jefes (o Khals) que estaban reunidos en un solo sitio, y aprovechando su peculiar habilidad de ser invencible ante el fuego para salir airosa de éxito y cómo dios la trajo al mundo frente a miles de Dothrakis y así sorprenderlos y hacerlos sus seguidores automáticamente. Es algo que resultó tan perfecto que solo le podía pasar a ella.

Ahora Daenerys no tiene uno sino tres ejércitos (sumando a los Inmaculados y a los mercenarios de Daario Naharis) listos para algún día embarcarse a Westeros y tomar (o intentar tomar) el trono a la fuerza, siempre y cuando logre recuperar su dominio en las tres ciudades de esclavos que conquistó y luego perdió por no saber controlarlas.

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Que por cierto, Tyrion está haciendo un grandioso trabajo diplomático, pero sus medidas han sido tan polémicas que estoy seguro de que cuando llegue Daenerys a Meereen se olvidará de cualquier acuerdo que el menor de los Lannister realizó en su nombre.

La guerra se avecina

Jon tiene su ejército, Meñique también, Cersey y Jaime tienen otro y Daenerys tiene tres. Eso, sin contar los ejércitos de Dorne y los Caminantes Blancos que continúan su camino hacia el Muro. Pronto estallará la batalla en Westeros por todos lados, y no podría estar más emocionado.

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Por cierto, las miradas pícaras de Tormund a Brienne no tienen precio, sobre todo cuando la miraba de forma seductora mientras comía al estilo vikingo una enorme pata de pavo.


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