Imagen: April Nobile / AntWeb.org / CC-BY-SA-3.0

Cuando piensas en especies invasoras argentinas se te vienen a la mente la cotorra argentina y ese estereotipo de hombre con acento marcado que va por la vida dispuesto a conquistar a tu novia, guitarra en mano. Pero la especie que sin duda ha logrado invadir el mundo entero se llama Linepithema humile.

La hormiga argentina es un insecto nativo del noreste de Argentina, en zonas aledañas al río Paraná, que ha logrado expandirse a todos los continentes del planeta, excepto la Antártida. Llegó a lugares tan aislados y lejanos a su hábitat natural como Hawái, Japón, Nueva Zelanda y Noruega, y se ha convertido en una de las peores especies invasoras del mundo. Una auténtica plaga que por ahora solo va a peor.

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Miden tres milímetros de largo y caben por agujeros de tan solo un milímetro. No tienen inconvenientes para reproducirse y empezar nuevas colonias: con una reina y unas cuantas obreras pueden pasar de ser 20 a ser 20.000. Parte de su éxito está relacionado con su principal defecto: no son capaces de construir grandes hormigueros por sí solas, así que si su colonia se vuelve demasiado grande tienen que separarse o invadir el hormiguero de otras especies.

Una vez que encuentran un hogar, son imparables. Compiten y luchan por el control de la zona y del alimento, son muy agresivas con las otras hormigas y pueden comer cualquier cosa, desde carne y azúcares hasta aceites vegetales, por lo que arrasan con las especies autóctonas y generan problemas en los cultivos, en la biodiversidad, en la polinización, en la producción de frutos y hasta en los sistemas de riego.

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La conquista empezó hace más de un siglo. En 1890 descubrimos que la hormiga argentina había llegado a Portugal, Valencia y Cataluña a través de sus puertos. En 1925 se había empezado a expandir por Estados Unidos, el país que tiene más zonas afectadas en la actualidad. Hoy ha invadido más de 6.000 kilómetros de costa en Europa por el Mediterráneo y el Atlántico. Están por todas partes, literalmente:

Pero hace algunos años los científicos descubrieron algo que no cuadraba. Cuando dos poblaciones de estas hormigas se encuentran en un mismo hábitat, pelean entre ellas por el control del territorio. Sin embargo, si viajan a tierras más lejanas, incluso cruzando los océanos, se reconocen como hermanas y colaboran para formar colonias enormes conocidas como supercolonias. Hay una supercolonia que va desde el norte de Italia hasta el sur de España; otra que va desde la frontera de California y México hasta el Estado de Georgia, al este de Estados Unidos...

En 2010, por fin entendimos lo que estaba pasando. Un estudio del comportamiento y la química de la especie demostró que existe un solapamiento químico en las señales de las hormigas argentinas que forman parte de una misma supercolonia, aunque estén separadas por grandes distancias y miles de generaciones. Por eso, cuando se cruzan con poblaciones menores, se pelean o se ignoran, pero cuando se juntan con el resto de la supercolonia, colaboran como hermanas.

En otras palabras, estamos rodeados de hormigas argentinas que se ayudan entre ellas para construir un imperio. Forman la unidad cooperativa más grande jamás descubierta, y el cambio climático las favorece. Tienen el potencial de expandirse a zonas donde no han llegado en África y Asia, y son capaces de alterar la biodiversidad a nivel global. [NCBI vía Meridianos]

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