El Boeing 787 Dreamliner no es ni de lejos el avión más grande del fabricante estadounidense. Sin embargo, sus ventanillas son enormes en comparación con otros aviones de pasajeros de tamaño medio o incluso mayores. El secreto de su tamaño está en el fuselaje.

Las ventanillas de los aviones son ovaladas porque esa forma permite que las tensiones del fuselaje derivadas de la presurización y despresurización de la cabina se disipen mejor. En una ventanilla rectangular, la tensión se acumula en las aristas y termina por provocar grietas en la estructura. En esto las ventanillas del 787 no son diferentes.

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El tamaño, sin embargo, es otro problema. Aunque sean redondeadas, las ventanillas bloquean la circulación de fuerzas de tensión por el fuselaje, por eso no pueden ser muy grandes. La clave del mayor tamaño de las del 787 está en el material del fuselaje. El Dreamliner está compuesto en su mayor parte de plástico reforzado con fibra de carbono. Este genial vídeo de Real Engineering explica el proceso a fondo:

La idea de un avión de plástico resulta un poco inquietante, pero en realidad es más seguro que la mayoría de metales. La estructura molecular de metales como el aluminio tiende a sufrir imperfecciones que terminan por hacer que surjan grietas. El fuselaje en fibra de carbono se confecciona en capas y más capas que ofrecen una resistencia a la aparición de grietas mucho mayor que la del aluminio. Eso permite hacer las ventanas más grandes.

Para rematar, las ventanas del 787 no llevan cortinilla de plástico. Es el propio cristal el que se oscurece mediante un sistema electrónico que controlan las azafatas o los pasajeros mediante un pequeño mando. [vía Real Engineering]