Inscripciones de tinta encontrados en la fortaleza de Tel Arad, al sur de Judá. Imagen: Michael Kordonsky / Universidad de Tel Aviv / Autoridad de Antigüedades de Israel

Hace 2600 años, un grupo de soldados judaítas vigilaba la frontera sur de su reino antes de que Jerusalén fuera saqueada por Nabucodonosor, dejando atrás numerosas inscripciones. Gracias a un análisis digital sin precedentes, ahora sabemos cuántas personas las escribieron. La tecnología arroja luz sobre el origen de la Biblia.

“Se sabe que la Biblia no fue redactada en tiempo real sino escrita y editada más tarde”, explica a Gizmodo Arie Shaus, matemático de la Universidad de Tel Aviv. “La pregunta es cuándo exactamente”.

Shaus es uno de los tantos matemáticos y arqueólogos que intentan abordar esa pregunta de una manera radical: con el uso de herramientas de aprendizaje automático para determinar cuántas personas sabían leer y escribir en los tiempos antiguos. Su primer gran análisis, que aparece hoy en las Actas de la Academia Nacional de Ciencias, sugiere que leer y escribir era una capacidad extendida por todo el reino de Judá, lo que enmarca un posible escenario para la compilación de los textos bíblicos.

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Si bien algunas partes de esta conclusión siguen siendo controvertidas, la tecnología que hay detrás del estudio podría revolucionar nuestra comprensión de la alfabetización y la educación en los tiempos bíblicos.

La mayoría de los estudiosos coincide en que los textos bíblicos más antiguos, (incluidos el Libro de Josué, el Libro de los Jueces, y los dos libros de Reyes) tomaron forma a finales de lo que se conoce como el periodo del Primer Templo, antes de la caída de Jerusalén a manos del rey de Babilonia, en el año 586 a. C. Pero las circunstancias que rodean la redacción de estos textos, como cuándo se escribieron por primera vez y cuántos autores tienen, siguen sin estar claras. Curiosamente, los textos que no tienen nada que ver con la Biblia pueden arrojar algo de luz sobre este asunto.

Imagen aérea de la fortaleza de Tel Arad, donde se encontraron las inscripciones usadas para el estudio. Imagen: Wikimedia

Durante el periodo que acabamos de mencionar, la gente escribía una amplia variedad de información en fragmentos de cerámica conocidos como ostraca. “Estos textos son muy comunes”, dice Shaus, que cita órdenes militares y órdenes de suministro como temas populares de discusión.

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Pero aparte de la cantidad de vino que pedían los soldados judaítas, podemos extraer otra capa de información de los ostraca: cuántas personas sabían escribir en aquella época. Eso es exactamente lo que hicieron Shaus y sus colegas: analizar 16 fragmentos de cerámica bien conservados de una fortaleza militar remota, en la frontera sur de Judá. La mayoría de estos ostraca datan aproximadamente del año 600 a.C., la víspera de la caída del reino.

El primer paso del análisis llevó a los investigadores a usar herramientas punteras de procesamiento de imagen para restaurar caracteres que habían sido borrados parcialmente de los fragmentos. Luego desarrollaron algoritmos de aprendizaje automático para comparar y contrastar la forma de los caracteres hebreos antiguos, con el fin de identificar las caligrafías que eran estadísticamente distintas. Es una herramienta parecida a los algoritmos que utilizan las empresas tecnológicas para identificar una firma digital.

“El análisis de la escritura a mano es un área muy grande que ha inspirado una gran cantidad de investigación en los últimos años”, dice Shaus. “Sin embargo, hemos tenido que desarrollar nuestras propias herramientas y esto ha sido todo un reto. El medio se encuentra muy deteriorado, y también lo está la escritura”.

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El equipo había conseguido diseñar una herramienta de reconocimiento de escritura que funcionaba muy bien con hebreo moderno, así que decidieron ponerla a prueba con inscripciones antiguas. Su análisis reveló que había al menos seis autores diferentes detrás de los 16 ostraca. Al examinar el contenido del propio texto, los investigadores concluyeron que estos autores abarcaban toda la cadena de mando militar. “Desde el comandante hasta el maestro del agua de menor nivel podían comunicarse por escrito”, explica Shaus. “Fue un resultado muy sorprendente.”

El resultado apunta a una “proliferación de la alfabetización” en toda la sociedad judaíta antes del 600 a. C., lo que implica que la infraestructura educativa necesaria para escribir la Biblia existió casi con total seguridad. Pero no todo el mundo se siente cómodo con todos los aspectos de esta conclusión.

“Es un estudio muy innovador e importante”, explica a Gizmodo Christopher Rollston, un experto en arqueología y estudios bíblicos de la Universidad George Washington. Y señala, sin embargo, que hay numerosas evidencias arqueológicas de que hay porciones de la Biblia que ya estaban escritas en el año 800 a. C. ¿Quién era capaz de escribir por aquella época?

“Yo creo que la alfabetización se limitaba a las élites: básicamente escribas, altos funcionarios militares y sacerdotes”, dice Rollston. Es posible, añade, que para finales del periodo del Primer Templo la lectura y la escritura se hubieran extendido más allá de la clase alta.

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Tal vez el aspecto más importante del trabajo de Shaus sea la introducción de una tecnología de reconocimiento de imagen sofisticada para el estudio de los textos antiguos. El grupo de investigación de Tel Aviv está dispuesto a compartir sus herramientas para reconstruir otras cartas y descifrar la escritura a mano con otros arqueólogos. Aplicar estos métodos en nuevos casos podría ayudarnos a determinar cuándo, dónde y quién escribió por primera vez el libro más perdurable de la historia.

“Tenemos nuevas pruebas en juego”, dice Shaus. “Ahora hay que ver qué otras cosas salen”.


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