Imagen: Muro Lennon (Praga). Emka74 / Shutterstock

Existen un gran número de leyendas sobre los usos paralelos que se le podían dar a los vinilos de música entre mediados de los 60 y finales de los 80. Desde la sincronización perfecta de un tema de Pink Floyd con 2001 de Kubrick hasta los mensajes “satánicos” ocultos que las bandas de rock y heavy metal introducían a través de una escucha “al revés” del disco. Fue una época donde la Iglesia se vio amenazada e incluso aparecieron leyes contra estas “obras del mal”. Y todo comenzaría como un pasatiempo de los Beatles.

Que la letra del rock y sus variantes se presta a mil y una interpretaciones parece estar fuera de duda. Lo que ocurre es que en el contexto en el comenzaron a aparecer estos mensajes “ocultos” en grabaciones al revés hubo mucha confusión, mucho engaño, muchas ganas de divertirse y apareció la religión. Hablamos de lo que se conoce como Backmasking y desde su aparición se dieron decenas de historias para no dormir. Empecemos por el principio.

Historia del backmasking

Imagen: Cinta grabadora que permitía grabación a la inversa. Wikimedia Commons

Se trata de una técnica de grabación en la que un sonido o mensaje se registra hacia atrás sobre una pista que, en principio, está destinada a escucharse hacia delante. Por tanto cuando hablamos de ella en la música estamos ante un proceso deliberado. Este último punto es más importante de lo que parece puesto que cuando encontramos o creemos encontrar un mensaje a través de una fonética invertida, ésta puede ser involuntaria.

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Para hablar de la técnica tenemos que remontarnos a los pioneros empezando por el francés Édouard-Léon Scott de Martinville, el hombre que inventó el primer dispositivo capaz de grabar una vibración sonora con su fonoautógrafo en 1857. Tras él llegaría años más tarde el fonógrafo de Thomas Edison en 1877. Edison lograba un sistema de grabación mecánica analógica donde las ondas sonoras eran transformadas en vibraciones mecánicas mediante un transductor acústico-mecánico.

Las vibraciones mueven un estilete que labra un surco helicoidal sobre el cilindro del fonógrafo. Finalmente para reproducir el sonido se invierte el proceso. Al año siguiente Edison observó que cuando lo tocaba al revés, la canción seguía manteniendo la melodía en muchos casos, incluso afirmaba que el “cambio” producía nuevas interpretaciones y sonidos, aunque obviamente bajo un contexto diferente a la canción reproducida de forma original.

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Unos años más tarde, en 1888, aparece en escena Emile Berliner patentando el gramófono, en este caso un instrumento similar al fonógrafo que se utilizó para darle sonido a las películas además de ser el punto de partida de la CBS en Estados Unidos. Más tarde, en la década de 1950, se empezó a tomar algo más en serio el uso y manipulación de los sonidos y música grabada.

Imagen: Bikeriderlondon / Shutterstock

Llegaron dos nuevos desarrollos en la tecnología de audio. Por un lado la denominada musique concrète (desde Francia), música electrónica vanguardista de la época donde se editaban conjuntos de fragmentos de sonidos naturales e industriales. Por el otro, la difusión y utilización de las cintas de grabación en los estudios de grabación.

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Por tanto estas dos tendencias que aterrizaron en los 50 confluyeron en una época de aprendizaje y experimentación utilizando técnicas que permitían la descontextualización de un sonido fijándolo en un soporte con el fin de tratar este sonido de manera separada. Se cortaba, pegaba, superponía o combinaba los sonidos resultantes, y con ello conseguían una partitura auditiva. Técnicas en las que se incluían los efectos de una cinta inversa.

Y finalmente llegaron los Beatles, quienes no inventaron la técnica, pero si la popularizaron. La banda de Liverpool incorporó las técnicas de la musique concrète para sus grabaciones de estudio, y fue en ese momento cuando le dieron “vida” al concepto de backmasking. La historia comenzaba en 1966 tras el lanzamiento del séptimo álbum de los Beatles, Revolver.

John Lennon llevaría a cabo un gran número de experimentaciones en el álbum, pero todas quedarían eclipsadas por el tema Tomorrow Never Knows, posiblemente uno de los primeros temas psicodélicos de su género. Pero aún más importante, estamos ante una canción donde se llevaron a cabo técnicas pioneras como el uso de una guitarra inversa o efectos. Fue la primera vez que la banda tocaba con la caja Leslie (para obtener efectos como el vibrato a partir de la voz) y para la grabación se utilizó el sistema ADT que permitía duplicar el sonido de la voz. Una canción que se basó en un solo acorde. Lennon tocaría posteriormente el tema al revés y le encantó el resultado. Al día siguiente lo comentó con el resto de la banda y también les gustó. Posteriormente escribiría el tema Rain, el primer caso de mensaje a la inversa (con la inclusión de voces al revés).

Así que nos encontramos a mediados de los 60 con toda una técnica innovadora con la que satirizar. En el caso de las bandas de rock y similares, un elemento lúdico con el que podían lanzarse a registrar mensajes, subliminales o no, de todo tipo, guiños a los fans, chistes y bromas de cualquier índole, saltarse la censura, como simple elemento artístico o llegado el caso, de denuncia social o ataque hacia aquello con lo que no estuvieran de acuerdo. ¿Qué ocurrió?

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Que un gran número de artistas decidieron “darse al backmasking”, y con ello comenzaron los primeros movimientos religiosos que acusaban a las bandas de incitar a la violencia y el satanismo. Veamos una correlación de cuatro casos conocidos:

La supuesta muerte de Paul McCartney

Imagen: McCartney. Wikimedia Commons

La primera gran leyenda urbana ocurrió en 1969 y como no podía ser de otra forma, tenía a los Beatles y a uno de sus miembros como protagonistas. Ese año se corrió el rumor de que el bajista de los Beatles había muerto en un supuesto accidente. El 12 de octubre de ese mismo año un chico llama al presentador de la emisora de música WKNR-FM en Estados Unidos, Russ Gigg. El joven dice llamarse Tom y ser estudiante de la Universidad de Michigan. Llama para comunicar que Paul McCartney estaría muerto.

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La razón: Tom convence en antena a Giggs para que reproduzca la canción Revolution 9 en reverso. Lo que en palabras del locutor resultaría que la frase “number nine”, la cual se repite muchas veces, se convierte en “turn me on, dead man…”. Tras la escucha muchos oyentes llaman al programa y se muestran receptivos al mensaje, un hecho que no hizo más que avivar la leyenda de la supuesta muerte de McCartney. Esta fue la secuencia (original e inversa):

Freddie Mercury y los evangelistas

Imagen: Mercury en el 82. Getty Images

En 1980 Queen lanza el single Another One Bites the Dust perteneciente al álbum The Game. Unos años más tarde y cuando el tema ya era todo un clásico del rock, un grupo de cristianos evangelistas acusan al tema de supuestos mensajes subliminales a través del backmasking.

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El grupo alegaba que Freddie Mercury cantaba, si se reproducía a la inversa, “Decide to smoke marijuana”, “It’s fun to smoke marijuana” o “Start to smoke marijuana”. El propio Mercury se tomó a broma las acusaciones aunque finalmente tuvo que salir a desmentir los rumores un portavoz de Hollywood Records (el sello de Queen en Estados Unidos) negando que la canción tuviera dichos contenidos. Esta fue la secuencia (original e inversa):

Unos años más tarde y en todo un tour de forcé por demostrar si existe o no backmasking, los psicólogos John R. Vokey y J. Don Read llevan a cabo un estudio en 1985. Usando el salmo XXIII de la Biblia o el Another One Bites the Dust de Queen investigan los sonidos para concluir lo siguiente:

Tras el estudio no pudimos encontrar efecto significativo alguno de los mensajes invertidos sobre el comportamiento de los oyentes, consciente o inconscientemente.

Increíble, pero esto ocurrió.

Stairway to Heaven (versión satánica)

Imagen: Plant y Page en el 73. Wikimedia Commons

Probablemente uno de los casos más famosos. En 1971 Led Zeppelin lanzan el tema como parte del álbum Led Zeppelin IV. Ocurre que posteriormente acusan a la canción de contener mensajes satánicos cuando se reproduce hacia atrás (a mitad de la canción). La acusación llegó firmada por el tele evangelista Paul Crouch, quien afirmaba que el tema quedaba así:

Oh here’s my sweet Satan. The one whose little path would make me sad, whose power is Satan. He’ll give those with him 666, there was a little toolshed where he made us suffer, sad satan.

En este caso el rumor se hizo demasiado grande y tuvo que salir al paso el mismísimo Robert Plant, cantante de la banda, para explicar lo siguiente:

En primer lugar, ¿A quién se le hubiese ocurrido eso? Tienes que tener mucho tiempo libre para siquiera considerar que alguien pueda hacer eso. Y especialmente con ‘Stairway to Heaven’, estábamos tan orgullosos de ella, y sus intenciones son tan positivas. La sola idea me parece sucia, pero es muy estadounidense, en ningún otro sitio del mundo nadie se lo ha planteado o se han preocupado por ello. Si los mensajes al revés funcionasen todos los discos llevarían ‘compra este álbum’ escondido.

No solo eso. La misma discográfica, Swan Song Records también emitía un comunicado negando las acusaciones y explicando, por si existieran dudas, que los vinilos del sello “sólo giran en una dirección, hacia adelante”. Esta fue la secuencia (original e inversa):

El caso de Judas Priest y el pacto suicida

Imagen: Rob Halford en el 88. Wikimedia Commons

La acusación más grave llegó tras la muerte en 1985 de un joven y tuvo como protagonistas a la banda británica Judas Priest. James Vance y Raymond Belknap, estudiantes en Nevada, acudieron a un parque y se emborracharon. Belknap había llevado una escopeta del calibre doce, se apuntó a la cabeza y se disparó muriendo al instante. Acto seguido su compañero hizo lo mismo pero sobrevivió. A los tres años Vance moriría por sobredosis de analgésicos pero antes de morir había contado a su familia que durante el intento de suicidio ambos jóvenes estaban escuchando el álbum Stained Class de Judas Priest.

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Según el relato de los padres, quienes acusaron a la banda de estar involucrados indirectamente del suicidio, Vance les contó que estaban escuchando el tema Better By You, Better Than Me, el cual supuestamente contenía el mensaje subliminal “Do It” escuchando la cinta al revés y que llevaría a los chicos a este pacto suicida.

Un juicio que comenzó en 1990 y que duró tres semanas donde el juez acabó dictaminando lo siguiente:

La investigación científica presentada no establece que el estímulo subliminal, aún si se percibe, pueda precipitar a una conducta de esta magnitud. Existen otros factores que explican el comportamiento del difunto, independientemente del estímulo subliminal.

La respuesta posterior de la banda fue que jamás se les pasó por la cabeza insertar este tipo de mensajes y que de haberlo hecho habrían introducido un mensaje que incitara a comprar más discos.

Religión vs backmasking

Imagen: Alex74 / Shutterstock

Son sólo cuatro ejemplos pero a lo largo de la corta historia del backmasking han existido un gran número de grupos acusados falsamente de usar la técnica para el uso de mensajes subliminales de dudoso fin. En Estados Unidos acabó siendo un tema de gran controversia durante las décadas de los 70 y los 80, con acusaciones de grupos cristianos sobre los usos con fines satánicos, lo que llevó finalmente a la quema de vinilos por grupos extremistas o incluso a las propuestas de legislaciones por estados y gobiernos federales.

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Los primeros grupos que presionaron por demonizar la técnica fueron varios grupos de cristianos fundamentalistas, quienes declaraban que los mensajes subliminales de corte satánico alteraban el comportamiento. Aseguraban que la música rock junto al backmasking era capaz de inducir al oyente hacia el sexo y el consumo de drogas. Según escribiría el Pastor Jacob Aranza en el libro de 1982 Backward Masking Unmasked:

Los grupos de rock están utilizando la técnica para transmitir mensajes satánicos relacionados con las drogas al subconsciente.

Aranza formó en esa época un grupo de cristianos que recorrerían varios estados alertando de esos mensajes subliminales y advirtiendo a los padres cristianos sobre el peligro que corrían los hijos.

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Una de las consecuencias de la ola de protestas cristianas fue el despido de muchos de los locutores de radio que habían alentado a los oyentes a buscar mensajes a través del backmasking en sus vinilos. Aunque la más grave fue la legislación llevada a cabo por los gobiernos de Arkansas y California. En 1983 se introdujo una ley para prevenir y evitar la técnica y que esta “pueda manipular el comportamiento sin el conocimiento o consentimiento de las personas y convertirlas en discípulas del Anticristo”.

Esta propuesta llevó a unos niveles de censura inauditos. Durante el tiempo que estuvo activa en California se aprobó que toda distribución de una grabación que incluyera backmasking no declarado (por tanto el termino no tendría validez) incurría en una invasión a la privacidad de las personas, y por tanto el distribuidor podría ser demandado.

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En Arkansas la ley también fue aprobada por unanimidad el mismo año y obligaron a que discos de Pink Floyd, los Beatles, Queen, Led Zeppelin o Electric Light Orchestra debían incluir una etiqueta con advertencias que añadían lo siguiente:

Atención: Este registro contiene backmasking que puede ser perceptible a un nivel subliminal cuando el disco se reproduce en sentido inverso.

Luego llegarían los 90, y con la entrada de la nueva década se calmó la controversia. Ante la fuerte creencia de un sector de los ciudadanos estadounidenses del uso “satánico” de las letras durante esas décadas, siempre existieron estudios que demostraban que todo se debía a una percepción errónea de un patrón. El profesor de Stanford Brian Wandell analizó el comportamiento de esta época para investigar sobre los acontecimientos.

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Wandell concluyó que la creencia del backmasking cuando no lo hay se debe a un error que surge de la facilidad con la que reconocemos patrones. El profesor argumentaba que la teoría de la persuasión subliminal es inverosímil. Wandell venía a decir que matemáticamente, si escuchamos el suficiente número de veces un tema, al final lograremos encontrar un patrón.

Y es que lo que ocurre con los mensajes de artistas como Queen o Led Zeppelin es un uso de la fonética invertida sin intencionalidad, un acto involuntario por parte del artista que accidentalmente puede llegar a combinar nuevas palabras cuando se escucha al revés.


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