En marzo de 2012, un aficionado a la astronomía descubrió una nube descomunal que se elevaba hasta 250 kilómetros sobre la superficie de Marte. Tres años después, un grupo de astrónomos profesionales confirmó la existencia de la gigantesca masa brillante, pero su origen continuó siendo un misterio.

En un análisis publicado por la revista Nature el año pasado, los científicos concluyeron que una condensación de partículas heladas de agua y dióxido de carbono en la parte superior de la atmósfera era la explicación más plausible para lo que estaba sucediendo sobre Marte. Sin embargo, las nubes no se forman nunca a tanta altura, ya sean terrícolas o marcianas.

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Para resolver el enigma, un equipo del Instituto Sueco de Física Espacial dirigido por el astrofísico David Andrews se dedicó a estudiar los datos recogidos por la sonda europea Mars Express (que orbita el planeta rojo desde la Navidad de 2003). Sus lecturas sugieren que hay una relación entre la gigantesca pluma nubosa y la actividad del Sol en la época por la que apareció la misteriosa nube.

La formación habría sido causada por una eyección de masa coronal (EMC) procedente de nuestra estrella: una energética ráfaga de plasma que golpeó la superficie de Marte justo antes de que se observara por primera vez la nube. “Hay una coincidencia entre ambos eventos en Marte: la llegada la EMC y la observación de la nube. Por lo que parece plausible que haya una relación”, explica Agustín Sánchez-Lavega, de la Universidad del País Vasco —autor principal del estudio que publicó Nature en 2015.

Lo que los científicos todavía no tienen claro es cómo puede el Sol causar este tipo de nubes en la atmósfera (una posibilidad es que el plasma de la eyección de masa coronal interactúe con las partículas de hielo y polvo más bajas de la atmósfera y las cargue eléctricamente para impulsarlas hacia arriba). Pero ahora tienen una correlación interesante para seguir investigando. [New Scientist]


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