Interpretación artística de la superficie de Psyche. Vía NASA

Nadie sabe cómo es Psyche. Tan solo imaginar su superficie es un ejercicio arriesgado sencillamente porque no tenemos la más mínima referencia. Esa es solo la primera razón por la que la NASA ha decidido dar luz verde para explorar uno de los objetos más extraños de todo el Sistema Solar.

Hasta ahora hemos visitado planetas rocosos como Marte o Plutón y gigantes gaseosos como Júpiter o Saturno, pero nunca nos hemos acercado a un planeta cuya composición se reduce a una aleación casi pura de hierro y níquel. Ni siquiera sabemos qué aspecto puede tener su superficie.

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Por supuesto, sacarle fotos para saciar nuestra curiosidad no es la única razón para visitar Psyche, cuyo nombre completo es 16 Psyche. Se cree que el asteroide, de 210 kilómetros de diámetro, es lo que queda del núcleo de un planeta del tamaño de Marte que quedó completamente destruido durante la formación del Sistema Solar. Estudiar su composición puede arrojar muchas claves sobre el núcleo de nuestro propio planeta, que por ahora es imposible de visitar. La tercera y última razón es que Psyche podría ser un auténtico tesoro en lo que se refiere a minería espacial.

La misión a Psyche se lanzará en 2023, y no llegará a su destino hasta 2030. Cuando lo haga, pasará 20 meses orbitando alrededor del asteroide, determinando con exactitud su composición y campo magnético, y cartografiando en detalle su superficie.

Antes de Psyche hay otra misión llamada Lucy. Despegará en 2021 y su destino son los denominados asteroides troyanos de Júpiter, a los que llegará en 2025. Se trata de un grupo de grandes asteroides capturados por la gravedad de Júpiter que comparten su órbita alrededor del Sol con la del planeta gaseoso. [vía NASA]