Era el año 1993 cuando Carl Sagan notó una serie de extraños destellos de luz que aparecían en las imágenes de la Tierra tomadas por Galileo. Sagan jamás pudo descifrar de dónde venía esa extraña fuente brillante. Más de 20 años después la NASA lo ha resuelto.

El propio astrónomo dejó siempre la puerta abierta a una hipótesis extraordinaria, un destello que podía provenir de algún tipo de vida desde el espacio. Sin embargo, existía otra teoría mucho más recurrente y válida: estos destellos tan grandes que se podían ver a miles de kilómetros del planeta eran causados por la luz del sol que se refleja en la superficie del océano.

Cuando Sagan percibió los destellos, la sonda Galileo llevaba cuatro años en el espacio. El plan inicial consistía en estudiar Júpiter y sus lunas, pero el propio Sagan y su equipo decidieron aprovechar la sonda para llevar a cabo una recolección de datos sobre nuestro planeta y detectar signos de vida.

Sagan. AP

¿Por qué? Sagan decía que si podían detectar las señales de vida en la Tierra desde el espacio, entonces sería muy factible pensar que cualquier vecino extraterrestre también pudiera. Aquellas imágenes de Galileo dieron con los destellos, una luz que “reflejaba como los espejos” según el astrónomo, aunque sólo podían encontrarlos en regiones del planeta cubiertas de agua. Según explicaron en aquellas fechas:

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Los destellos se encuentran en grandes extensiones de océano azul. Un examen detallado de las imágenes muestra una región de reflexión especular (un reflejo) en el océano, pero no en tierra.

24 años después…

Ocurre que más de dos décadas después la NASA empezó a localizar el destello en superficies de tierra. Según ha explicado Alexander Marshak, del Centro Goddard de la NASA:

Nos encontramos con destellos muy brillantes sobre la Tierra. Recuerdo que cuando lo vi por primera vez pensé que quizá había algo de agua allí, quizá un lago con el que el sol se refleja, pero el brillo era bastante grande, así que no podía ser eso.

Ocurrió en el mes de junio del 2015. En el intervalo de un año, hasta agosto del 2016, la NASA detectó 866 ráfagas o destellos de luz, y todas provenían de la tierra, no del océano (ver vídeo encima).

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Los destellos fueron tomados con la cámara EPIC de la agencia a bordo del observatorio espacial de NOAA (DSCOVR). Tras los avistamientos acudieron al trabajo de Sagan y su equipo. Cuando la NASA estudió las antiguas fotos tomadas por Galileo y las compararon con las actuales se dieron cuenta de que Sagan se había pasado por alto un detalle bastante crucial: los destellos que habían detectado en 1993 realmente provenían de la tierra, aunque ellos siempre creyeron que venían del océano.

Los destellos desde EPIC. NASA

¿Qué hizo la NASA? Llevó a cabo un exhaustivo trabajo trazando la ubicación de las imágenes de Galileo y EPIC. Entonces teorizaron que si los destellos eran causados ​​por el reflejo de la luz solar, únicamente podían venir de una serie de localizaciones del planeta, enclaves donde el ángulo entre el Sol y la Tierra era el mismo que el ángulo entre la sonda y la Tierra, lo que permitió a Galileo captar la luz reflejada.

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Para averiguar lo que la luz del sol estaba reflejando, el equipo propuso que el agua seguía siendo el culpable, pero en la atmósfera en vez de en la superficie. A través de los datos de EPIC pudieron determinar de dónde provenían exactamente los reflejos y reducir la fuente de 5 a 8 km por encima de la superficie, justo donde cuelgan los cirros llenos de cristales de hielo (tipos de nube).

Finalmente, modelaron la dirección de la luz del sol que reflejaba los hipotéticos cristales de hielo que estaban flotando en el aire en un ángulo horizontal. El resultado fue inequívoco, los números coincidían con las imágenes de EPIC y Galileo. Esos cristales de hielo en la atmósfera tenían la culpa. Y no, desgraciadamente no eran señales de vida desde el espacio. [NASA vía LiveScience]