La Justice League de Zack Snyder es a la vez lo mejor y lo peor que hemos visto del universo extendido de DC y Warner Bros. Hay muchas cosas que nos gustan y otras tantas que no, pero, en última instancia, lo bueno supera a lo malo lo suficiente como para que acabe emocionado por todo lo (bueno) que está por venir.

Nota: esta reseña está libre de spoilers, puedes leer sin miedo.

Toma lugar justo después de los eventos de Batman v Superman: Dawn of Justice y la película gira sobre todo en torno a Bruce Wayne (Ben Affleck) y Wonder Woman (Gal Gadot) trabajando juntos para formar un equipo de superheroes que pueda derrotar al villano Steppenwolf (Ciarán Hinds). El equipo, por supuesto, consta de Barry Allen, interpretado por Ezra Miller; Arthur Curry, interpretado por Jason Momoa; y Victor Stone, al que da vida Ray Fisher. En los cómics, los conocemos respectivamente como Flash, Aquaman y Cyborg.

Aunque el Batman de Affleck, la Wonder Woman de Gadot e incluso el Superman de Henry Cavill han sido ya bien definidos, Justice League pasa una buena porción de tiempo introduciendo a estos personajes, lo que da lugar a una narrativa muy inconexa. Salta todo el rato para ayudar a establecer quienes son, lo que pueden hacer y cómo encajan lo cual es comprensible, pero nunca se siente como algo cohesivo. La película se acaba percibiendo como cinco películas a la vez, juntadas y mezcladas frenéticamente.

Sin embargo, una vez los personajes han sido presentados, es fácil identificarse con ellos y resultan interesantes. Barry, por ejemplo, es increíblemente inseguro. Diana acumula un sentimiento de culpabilidad debido a su larga ausencia sin proteger a la humanidad. Víctor se siente como un extraño, y así todo. Son características muy simples, sin duda, pero le dan a cada uno la suficiente profundidad como para que, una vez la película termina por fin de arrancar, tienen objetivos que completar mas allá de derrotar al malo villano.

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Es ese malo, desafortunadamente, el principal problema de Justice League. Steppenwolf resulta tan poco amenazador que se siente como algo prácticamente superfluo a la película. Que quede claro: no es superfluo, pero hay multitud de intentos para hacerlo amenazador y poderoso, todos los cuales se quedan cortos debido a lo genérico y aburrido que es. Si fuese Lex Luthor, Darkseid, Doomsday o cualquiera de los grandes villanos de DC, Justice League apenas hubiese tenido que cambiar nada, porque no hay nada muy diferenciado en Steppenwolf. El personaje se siente como un elemento de relleno para un malo de verdad que al final se les olvida insertar en el film, así que, como resultado, nunca se siente como un verdadero adversario. No hay un momento en toda la película en el que la victoria de Justice League quede en duda.

De hecho, todo en Justice League es demasiado fácil. Algo de ello se debe a la duración en sí, que se queda por debajo de las dos horas. Debería ser algo bueno, con tantas y tantas películas de superhéroes con el metraje inflado, pero en realidad lo que ocurre es que Justice League elimina mucho tejido conectivo en lugar de contar una historia más cohesiva. Entre esas escenas no necesarias aparece una familia Europa aleatoria que se siente fuera de lugar en todo momento y, cuando su verdadera función es finalmente revelada, las repercusiones son mínimas. La primera aparición de Wonder Woman es otro buen ejemplo. Está luchando contra terroristas que tienen una agenda política enorme y compleja para simplemente desaparecer luego, dejándote totalmente descolocado. El guión inconexo, junto a la falta de tensión, va todo el rato en contra de la película.

Las escenas de acción, por el otro lado, tienen más intensidad de lo que habían revelado al principio. Podrían haber sido fácilmente una sucesión de puños y cosas volando por los aires, pero todos los superhérores reciben un rol que, si bien es esperable, está bien definido. Aquaman ayuda con el agua, Flash con la velocidad, Cyborg con la tecnología, Wonder Woman con la fuerza y Batman es el entrenador, asegurándose de que todo funciona a la perfección. Cuando todos los elementos del equipo luchan lado a lado, la película es entretenida y divertida.

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Con todo, aquí aparece otro problema más: mientras esas escenas se suceden, el nivel visual no siempre está a la altura. Muchos de los efectos especiales en Justice League no es que sean malos, es que son muy malos. Es demasiado obvio qué escenas con Superman tuvieron que grabarse de nuevo, porque la eliminación digital del bigote mostacho de Cavill no es muy fina. Algunas tomas de Cyborg le hacen parece que existe en múltiples planos de existencia. Por suerte, estos problemas no son persistentes ni generalizados, aunque ahí están, dispuestos a arruinar tu inmersión en la película.

Dejando los problemas a un lado, los personajes son carismáticos, entrañables casi. No es algo que pueda decirse de muchas películas de superhéroes. Así que a pesar de solo algunas partes de Justice League funcionan de verdad, toda la ella tiene muchísimo potencial. Crea un interés genuino por una próxima película de Aquaman, Cyborg y Flash. No es una gran película, pero sí una que deja buenos fundamentos para próximas entregas. Sabemos quienes son esos personajes, qué hacen y además nos caen bien. Ahora, todo lo que DC y Warner Bros han de hacer es conseguir que esas entregas sean mejores que esta.