La Organización Mundial de la Salud, la OMS, se pronunció en 2008 al respecto y hoy lo ha vuelto a hacer en el mismo sentido: "aconsejamos encarecidamente a los consumidores no utilizar los cigarrillos electrónicos o sistemas electrónicos de administración de nicotina (ENDS, en sus siglas en inglés)", asegura en un comunicado. El motivo: su efectividad, seguridad y calidad aún no están probadas ni reguladas por ningún organismo nacional. Hasta que eso ocurra, avisa la OMS, lo mejor es no utilizarlos.

El comunicado de la OMS llega en un momento clave: las ventas de cigarrillos electrónicos se han disparado en los últimos años. Solo en EE.UU. se movieron 300 millones de dólares en ventas en 2011; el año pasado fue el doble y, según Goldman Sachs, este año se superarán los 1.000 millones. Cifras preocupantes porque la efectividad y calidad de los e-cigarettes, dice la OMS, no está en absoluto probada ni avalada por ningún organismo nacional sanitario.

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El organismo recuerda que los cigarrillos electrónicos varían mucho en cantidades de nicotina que contienen y en otras sustancias químicas. "No hay manera de que los consumidores sepan cómo les afecta lo que están inhalando", dice. Según los fabricantes, cada uno de los cartuchos contiene entre 6 y 24 miligramos de nicotina, pero hay modelos de cigarrillos electrónicos que pueden tener hasta 100 miligramos, además de cantidades excesivas de glicol de propileno, una sustancia irritante al inhalarse.

Sobre el otro debate, sobre si los cigarrillos electrónicos son un método fiable y efectivo para ayudar a dejar de fumar, la OMS es igual de tajante: "La eficacia de los sistemas electrónicos de administración de nicotina para ayudar a la gente a dejar de fumar no ha sido científicamente demostrada". Más claro, imposible. [OMS vía Europa Press]

Foto: Getty Images