Si las informaciones hechas públicas hoy demuestran ser ciertas, el sector del taxi tiene un serio problema a la vista. Por un lado, Google está planeando lanzar su propio servicio similar a Uber, pero con coches que se conducen solos. Por el otro, Uber trabaja en su propia flota de vehículos autónomos.

La primera noticia apunta a que Uber está construyendo una planta de investigación en Pittsburgh, Estados Unidos, con el objetivo de desarrollar su propia flota de coches completamente autónomos. Según las fuentes cercanas a la compañía a las que ha tenido acceso TechCrunch, la compañía de transporte ya ha contratado a cincuenta expertos en robótica de la Universidad Carnegie Mellon, y del Centro Nacional de Ingeniería robótica de Estados Unidos.

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Paralelamente, Bloomberg ha tenido acceso a fuentes internas de Google de las que se desprende que los de Mountain View planean lanzar su propio servicio de taxis autónomos. Según parece, ha sido el propio David Drummond, jefe legal de Google y miembro de la junta directiva de Uber, el que ha informado de los planes a sus colegas al frente de Uber. En la startup se han mostrado muy preocupados por la noticia, y nos les faltan razones. Los problemas legales en muchos países, entre ellos España, no son nada comparados con la súbita entrada en el mercado estadounidense de un gigante como Google haciéndoles la competencia.

Antiguos aliados, nuevos enemigos

Se da la circunstancia de que Google Ventures, la división de nuevos proyectos financieros de la compañía, invirtió 258 millones de dólares en Uber en agosto de 2013. Hasta hace bien poco, un escenario en el que Google acabara comprando Uber no era nada descabellado. Sin embargo, las tornas han cambiado, y parece que Google ya no quiere saber nada de Uber y está apostando por crear su propio servicio paralelo.

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Es imposible saber a ciencia cierta saber qué ha llevado a Google a este cambio de rumbo, pero los problemas legales y la actitud prepotente de Uber en muchos de los mercados en los que ha entrado pueden ser una buena razón. Después de los últimos problemas con sus propios conductores, con los gremios de taxistas, y hasta con los periodistas en Estados Unidos, la imagen pública de la compañía se ha visto seriamente dañada.

Una apuesta a largo plazo

Todo ello ha terminado en la situación actual, en la que Google parece más dispuesto a crear su propia plataforma de taxis autónomos que en comprar Uber y automatizarla. La reacción de Uber es atrevida, pero no extraña si tenemos en cuenta su trayectoria: competir con Google en su mismo terreno.

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A primera vista, Google lleva ventaja en esta carrera. La compañía lleva años ya trabajando en la idea de un coche autónomo. De momento es solo un prototipo bastante torpe que circula por un puñado de carreteras próximas a los laboratorios de Google X, pero podría llegar al resto de vías en un plazo tan corto como cinco años. Se dice que al propio CEO de Google, Larry Page, le fascina la idea de mejorar el transporte en las grandes ciudades. En la reciente feria del automóvil de Detroit, el responsable del proyecto de coches autónomos de Google, Chris Urmson, detalló que el proyecto aún es a muy largo plazo. No parece que Uber vaya a desarrollar su alternativa más rápido si aún está poniendo en marcha las instalaciones donde trabajará en sus coches autónomos.

El único punto claro es que ambas compañías apuestan por prescindir del mismo elemento en sus futuros servicios: el conductor. Independientemente de si esto es posible o no a medio plazo, lo cierto es que no augura un futuro muy brillante para los profesionales del transporte de pasajeros, que en unos pocos años podría convertirse en una especie en extinción. De momento, los coches autónomos tienen que labrarse su propio camino, no solo técnico, sino también legal. [vía TechCrunch y Bloomberg]

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