Durante años he luchado por llegar a un acuerdo y aceptar este nuevo conocimiento. A menudo, cuando me despierto en mitad de la noche, vuelven a aparecer imágenes terribles en mi mente. Recuerdo a Satan aspirando la sangre que brotaba de una gran herida en la barbilla de Sniff; al viejo Rodolf, por lo general tan sumamente bueno, de pie a punto de lanzar una enorme roca sobre el cuerpo postrado de Godi; o a Jomeo rasgando a tiras la piel del muslo de ; o Figan golpeando continuamente sobre el cuerpo tembloroso y malherido de Goliath, su ídolo en la infancia. Aunque tal vez lo peor fue recordar a Passion comiéndose la carne del hijo de Gilka, con la boca llena de sangre como si fuera un vampiro.

Detrás de estas desgarradoras palabras se encuentra la figura célebre de Jane Goodall. La primatóloga hace referencia a un hecho histórico, único y salvaje. Un asesinato, el 7 de enero de 1974 en el Parque Gombe, que dio origen a la primera gran guerra de la historia documentada entre primates no humanos, la primera documentada por la ciencia y la primera vez que tuvimos constancia de que no somos los únicos capaces de matar de manera salvaje y premeditada.

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A comienzos de 1960 Jane Goodall llegaba a la Gombe Stream Chimpanzee Reserve (ahora el Gombe National Park) en Tanzania. Su idea era la de comenzar a documentar la vida social y familiar de los chimpancés que allí vivían. Lo conseguido desde entonces ha cambiado muchísimas premisas en cuanto a lo que pensábamos, pero si hubiera que nombrar los hitos de su investigación, Goodall tiene el reconocimiento de la comunidad científica por contradecir dos creencias muy arraigadas por aquellas fechas: aquellas que decían que únicamente los humanos podríamos crear y utilizar herramientas, y que los chimpancés eran vegetarianos. A ello habría que añadir que la primatóloga nos descubrió que podían ser tan violentos, agresivos y salvajes como los humanos.

A partir del 7 de enero de 1974, el concepto guerra dejó de ser únicamente para referirnos a nuestra especie. Los cuatro años de violencia que siguieron a la primera muerte cambiaron radicalmente las nociones de la propia Goodall sobre los chimpancés. Así dio comienzo a lo que se ha llamado la Guerra de Gombe, o como simplemente lo tituló Goodall en el capítulo 10 de su libro Through a Window: My Thirty Years with the Chimpanzees of Gombe: la guerra.

Un asesinato premeditado

Jane Goodall con una chimpancé hembra en 1997. AP Images

A comienzos de la década de los 70, diez años después de que Goodall llegase a Gombe, la comunidad de chimpancés que tan bien conocía había empezado a dividirse. La primatóloga contaba que ocurrió hacia el final del reinado de Mike como macho alfa, en ese momento había 14 machos adultos, y seis de ellos, incluyendo los hermanos Hugh y Charlie y el viejo amigo de Goodall, Goliath, comenzaron a pasar más tiempo en el sur, distanciados del resto de la comunidad.

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Más tarde se unirían a ese pequeño grupo Sniff, que al comienzo era un adolescente, y tres hembras adultas con sus crías. Por tanto se podía hablar de un subgrupo de sur y otro en el norte, siendo este último más numeroso, con ocho varones adultos, doce hembras y sus crías.

A medida que pasaban los meses la relación entre los machos de ambos grupos era cada vez más hostil. Los machos del norte se intentaban mantener fuera del área del grupo sur. Sin embargo, con Hugh y Charlie a la cabeza, el grupo sur parecía tener no tener miedo al grupo norte. A ellos se les podía ver deambulando del sur al norte, y como la mayoría de las veces lo hacían en grupo, los machos del norte los intentaban evitar. Aún así, a los machos más antiguos del grupo norte, Mike y Rodolf, se les podía ver deambulando con Goliath (el más longevo de los habitantes del sur).

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Dos años después de que se observaran estos primeros comportamientos y signos de división, parecía claro que ya existían dos comunidades bien distintas, cada una con su propio territorio delimitado. La denominada “comunidad Kahama” del sur había renunciado a la zona norte, mientras que la “comunidad Kasakela” se veía excluida del sur, un espacio donde hay que recordar que antes recorrían libremente.

Un chimpancé macho. Steffen Forestier / Shutterstock

Por aquellas fechas todo estaba a punto de estallar. Cuando los machos de las dos comunidades se encontraban en la “frontera” entre ambas áreas se mascaba la tensión. Más tarde comenzarían los primeros insultos a modo de ruidos entre unos y otros. Cada bando se mostraba en alerta, listo para la pelea, pero finalmente se retiraban a sus respectivas zonas de seguridad en los territorios. Cabe destacar que la propia Goodall pudo constatar que incluso en estas fechas, los tres machos más longevos de los grupos llegaron a renovar una vez más su amistad. Pero al año siguiente las cosas no mejoraron. Y entonces, de manera repentina, todo estalló.

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El primer ataque fue observado por Hilali Matama, un colaborador de Goodalll. Él fue el tipo que, estupefacto, pudo contar al mundo el inicio de la escalada de violencia que se vivió en Gombe. Se trataba del primer ataque brutal perpetrado por los machos Kasakela sobre un varón de Kahama.

Era un 7 de enero de 1974. Cuando llegó la tarde, antes del anochecer, una patrulla de Kasakela de seis machos adultos habían decidido ir de ruta. Al mismo tiempo, un miembro joven de los Kahama, el macho Godi, se había alejado del grupo, un paseo que le había llevado hasta un enorme árbol con fruta. Godi decidió que allí pasaría el rato, comiendo en lo alto de las ramas hasta saciarse para luego regresar con el resto del grupo.

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Desgraciadamente para Godi, el grupo de los Kasakela lo había avistado a lo lejos. Sin hacer ruido, en sigilo, el grupo se fue acercando hasta Godi, quien estaba en ese momento absorto disfrutando de la comida y en ningún momento vio venir a los agresores. Cuando el grupo se encontraba a pocos metros, Godi se gira y se percata del grupo agresor.

Dos chimpancés peleando. AP Images

Ya era demasiado tarde. Estaban encima de él. Godi salta y comienza un intento de huida veloz hacia su grupo, pero Humphrey, Figan y sobre todo Jomeo, todo un peso pesado en la lucha, lo seguían de cerca, hombro con hombro. El primero en dar con el joven macho fue Humphrey, quién consigue impactar con las piernas de Godi y este acaba en el suelo. En ese momento llegan hasta el joven Figan, Jomeo, Sherry y Evered, quienes inician un serie de golpes demoledores sobre el rostro de Godi. Ya en el suelo, Humphrey es el encargado de inmovilizarlo sentándose sobre su cabeza e inutilizando las manos de Godi con sus piernas.

Como vemos, Godi no tenía ninguna posibilidad de escapar, mucho menos de defenderse. Es entonces cuando Rodolf, el mayor de los machos Kasakela, comienza a golpear con furia e inusitada violencia sobre el rostro de Godi. Gigi, una hembra que también estaba allí junto a un macho joven, se mantiene a un lado mientras anima al resto. La imagen que pudo ver el colaborador de Goodall era atroz. Todos los chimpancés estaban gritando en voz alta mientras Godi estaba indefenso, sumido entre los gritos de terror y dolor mientras sus agresores descargaban toda su ira sobre el joven.

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Fueron alrededor de 10 minutos de violencia extrema. En ese momento Humphrey soltó a Godi. El resto del grupo se detuvo en su ataque y se mantuvieron alrededor de Godi de forma ruidosa. El joven macho había quedado postrado en el suelo, inmóvil durante unos momentos. Luego se intentó poner en pie lentamente mientras apenas podía emitir un sonido. Estaba gravemente herido, con grandes cortes en la cara, en una pierna y en el lado derecho del pecho. Le habían dado tal paliza que no podía ni gritar. En ese momento Rodolf se acercó desafiante al cuerpo malherido del macho, tomó una roca, la levantó, y la impactó contra el cuerpo de Godi.

La guerra entre primates y su origen

Lucha entre chimpancés. Sergey Uryadnikov / Shutterstock

Lo que ocurrió a partir de entonces fue toda una guerra civil que duraría cuatro años. Tiempo en el que ambos bandos se sumieron en una lucha de la que hasta entonces no teníamos constancia ni estudios. Al igual que las guerras entre humanos, la batalla de Gombé fue larga y brutal. Ese 7 de enero de 1974 la tensión se desbordó en un incidente violento dando inicio al largo conflicto.

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Durante los cuatro años siguientes, los Kasakela matarían a los otros cinco machos (mas una hembra) del bando de los Kahama. Al mismo tiempo, también atacarían sin piedad e incluso secuestrarían a tres hembras de los Kahama. Tras la muerte a golpes en 1977 de Sniff, el último macho del bando, la comunidad Kahama desapareció, todos se habían convertido en víctimas y los Kasakela reclamaron el antiguo territorio de los Kahama como propio.

De ahí que podamos entender las palabras con las que comenzamos, donde Goodall explicaba en sus memorias los eventos perturbadores que le hicieron cambiar de opinión sobre muchos aspectos de los chimpancés. ¿Son entonces una especie violenta por naturaleza? ¿son, definitivamente, como los humanos?

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El estudio de Goodall concluyó que los pacíficos chimpancés eran también y según las circunstancias, unos adeptos cazadores. Ella descubrió que también hieren y cazan a primates más pequeños (con los monos Colobus de manera sistemática) llegando a veces al canibalismo. De alguna manera y como llegó a afirmar, había encontrado que los chimpancés pueden ser “brutales, y como nosotros, tenían un lado oscuro en su naturaleza”.

Un grupo de Chimpancés “de ruta”. Sergey Uryadnikov / Shutterstock

Cuando la primatóloga informó sobre los acontecimientos de la batalla que había tenido lugar, su relato no se creyó, o al menos, se puso en tela de juicio por muchos colegas. En aquel entonces los modelos científicos de la conducta humana y animal prácticamente nunca se solapaban. Algunos científicos acusaron a Goodall de excesivo antropomorfismo. Otros sugirieron que su presencia y la de sus colaboradores junto a la práctica de alimentar frecuentemente a los chimpancés, había creado un conflicto violento en una sociedad pacífica por naturaleza. Sin embargo, las investigaciones posteriores utilizando métodos menos invasivos acabarían confirmando que las sociedades de chimpancés mantenían en su estado natural este tipo de conflictos.

Para el antropólogo Richard Wrangham, de la Universidad de Harvard, los chimpancés y los seres humanos están genéticamente predispuestos a la violencia letal. Wrangham afirma en su libro Demonic Males: Apes and the Origins of Human Violence que la matanza sólo puede ocurrir en grupos, como en el caso de la guerra de Gambe.

El hombre explica que, como en el caso de Godi, aunque a los chimpancés les gusta vivir en grupos, a los machos también les gusta alejarse a menudo de los grupos con el fin de alimentarse por sí solos durante el día. Estos chimpancés solitarios son vulnerables. Según el antropólogo, estima que un grupo de chimpancés solo mataría si se trata de una lucha de 5 contra 1, una ventaja abrumadora.

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Por tanto, este tipo de incursiones letales no tienen por qué surgir de un conflicto anterior, no tiene que haber una escalada de hostilidades en el pasado. Es, según el antropólogo, un apetito por la caza, y como consecuencia se mata a los rivales, algo similar a la depredación. Claro que otros muchos antropólogos rechazan la teoría de Wrangham de que los chimpancés sean agresivos y busquen la guerra de manera innata.

Calma en un grupo de Chimpancés. Sergey Uryadnikov / Shutterstock

Hace muy pocos años el exhaustivo trabajo de Goodall fue revisado por varios investigadores de la Universidad de Duke liderados por Joseph Feldblum, luego publicado en un artículo para Newscientist. En el pasado, los investigadores habían estimado que la fuerza de los lazos sociales se basaba en la cantidad de tiempo que pasaban juntos los chimpancés.

Feldblum tenía una idea mejor de las relaciones sociales de los animales, como por ejemplo considerar si los chimpancés llegaron al mismo tiempo y en la misma dirección. Su equipo conectó estos datos en un software, una herramienta cuyos algoritmos pudieron describir la red social de los animales y las claves del enfrentamiento. El estudio lo hicieron durante varios períodos entre 1968 y 1972, lo que revelaba el momento en el que la naturaleza de la red social cambió.

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Sus resultados sugieren que la comunidad de Gombe se unió hasta 1971, y que a continuación surgió la brecha social, los chimpancés se separaron repentinamente en dos grupos, los cuales se socializaron cada vez menos entre sí. Feldblum apunta como momento clave la muerte de Leakey a finales de 1970. Se trataba el macho más longevo y el puente que unía a ambos grupos. Tras la muerte de Leakey comenzó el reino como macho alfa de Humphrey, aunque este era más débil y acabaría en una rivalidad con Charlie y Hugh (los hermanos del sur) y posteriormente con el inicio de la batalla.

El estudio de Feldblum venía a dar la razón a Wrangham y a la propia Goodall. Humphrey acabaría matando a todo el clan y lo haría porque los chimpancés, efectivamente, pueden llegar a atacar (y matar) como lo ha hecho el ser humano a lo largo de la historia, ya sea por la búsqueda de recursos o por la lucha de un territorio. Los grupos se habían formado por “preferencias” o afinidades.

Con un matiz. Como explica el propio Feldblum, la guerra de Gombe es un evento único y conocido de chimpancés que se separaron bajo estos términos.