En un mundo en el que Hollywood parece haberse quedado sin ideas y el 99% de sus producciones no son más que refritos o secuelas, llega una nueva serie basada en una película: Minority Report, que intentará atraparnos con una premisa muy interesante pero sin la magia que tuvo el film de Spielberg.

En el año 2002 Steven Spielberg dio vida a una película que se basaba en la posibilidad del ser humano de detener los crímenes antes de que sucedieran, con Tom Cruise como protagonista; ustedes saben, ese actor que nadie parece querer pero que tiene un montón de buenas películas de ciencia-ficción (y acción) en su haber, incluyendo esta.

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La historia nos cuenta cómo la policía de los Estados Unidos creó el departamento de “Precrimen” que usaba las peculiares habilidades de tres adolescentes para predecir los crímenes violentos, por lo que la tasa de asesinatos bajó hasta el 0%. Todo parecía un éxito, hasta que comenzaron a modificar lo que veían estos “precognitivos” (o “precogs”, para los amigos) e incriminar inocentes. Finalmente, el departamento de Precimen cerró y los precogs se fueron a vivir a un lugar remoto, en paz.

Entonces, la serie nos mete en este mundo 11 años después de los acontecimientos de la película en los que uno de los precogs regresa a la civilización (específicamente a la ciudad de Washington) porque su conciencia no lo dejaba tranquilo y sabía, gracias a sus visiones, que podía detener asesinatos. Luego se encuentra con una detective que se encuentra en el complicado mundo de resolver asesinatos a lo “vieja escuela”, y se alían para formar el equipo perfecto. Un dúo dinámico. Uno como nunca habíamos visto... o mejor dicho, uno como hemos visto en docenas de series más.

Sus dos grandes fallos: predecible y repetitiva

El principal problema de Minority Report es que toma una buena premisa y la desarrolla con una fórmula que ya ha sido usada mil y un veces, en infinidad de series y películas. Un episodio, un caso, dos protagonistas “buenos” que se complementan (bonus si uno de ellos es retraído o tiene “problemas”) y resuelven el caso al final, cuando parecía que no iba a ser posible. Acabo de describir casi todas las series de detectives que existen, ¿cierto?

Y a ese grave problema sumamos otro: es demasiado predecible. Es increíblemente fácil “adivinar” quién será el criminal en el primer episodio, incluso al final cuando intentan darle un giro al asunto, también lo adivinas.

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El piloto de Minority Report me pareció una gran decepción, lo cual es una verdadera lástima, debido a que se basa en una película de ciencia-ficción que me encantó.

Pero no diré que todo es malo, debido a que tiene sus buenos momentos y bondades. Por un lado la protagonista, Meagan Good (Lara Vega) logra que te intereses en ella, en medio de esta historia aburrida, mientras que el protagonista Stark Sands (el precog Dash) no genera la mínima empatía en el televidente. Alrededor de él hay una especie de conspiración y misterio relacionado a los otros precogs, y se supone que deberías interesarte en él, sentir su pena, pero no, no lo haces, la serie no lo logra.

Sálvanos de esto, Tom.

Finalmente lo mejor de la serie hasta ahora se basa únicamente en su universo, dado que plantea la pregunta de qué tan moral o correcto es encarcelar a alguien por un crimen que no ha cometido, y las consecuencias de hacerlo. Es algo digno de debatir y hablar con unas cervezas junto a los amigos, pero después de ver la película, no esta serie.

No es la primera vez que una serie trata de ser la continuación de una película exitosa y no lo logra, ni tampoco será la última. Personalmente, quizás le daré una última oportunidad la próxima semana a Minority Report, pero no tengo buenas expectativas. El primer episodio es sencillamente decepcionante.

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