Huracán Isabel. Wikimedia Commons

Seguro que te lo has preguntado estos días: Irma, José, Katia o Harvey. ¿Por qué demonios los ciclones y huracanes tienen nombres de personas y quién decide cómo los vamos a llamar? La historia se remonta a hace más de un siglo.

Veamos. Todos los años, los tipos que trabajan en NOAA tienen que decidir qué 21 opciones anuales van a proponer. Además, deben tener en cuenta varios parámetros, como si el nombre es corto y fácil de recordar, si representa a una región relevante o la letra por la que comienza.

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Para hacerlo todo un poco más complicado, el término “ciclón tropical” sirve de paraguas para ciclones, tifones y huracanes. En realidad, todos son el mismo tipo de tormenta, aunque reciben nombres diferentes dependiendo de la cuenca oceánica en que se formen.

Tifón Nabi. Wikimedia Commons

Lo cierto es que la denominación de las tormentas tropicales, largamente dominadas por los meteorólogos occidentales, ha sido motivo de disputa en los últimos 150 años. ¿Por qué? Por que las elecciones de los nombres han estado impregnadas con tintes de racismo y sexismo, preferencias personales e incluso venganzas. De hecho, tomó mucho tiempo llegar a un sistema unificado y tener en cuenta la democracia y la representación regional actual.

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Hoy, dependiendo de donde vivas, has oído hablar de Katrina o Mitch, de Ioke o Hudhud, pero si retrocedieras cien años en los libros meteorológicos, verías que los sistemas de tormentas llevaban nombres como el de Xerxes y Hannibal (antiguos comandantes), Drake y Deakin (políticos australianos) o Elina y Mahina (bellezas tahitianas).

Durante el último siglo y medio, los nombres también se han tomado prestados de lugares y santos, de esposas y novias, o de figuras públicas (algo disgustadas, por cierto). Durante un tiempo, hasta los cambios que tuvieron lugar en la década de 1980, sólo fueron nombrados mujeres.

Wragge y el uso de nombres de mujer

Clement Wragge. Wikimedia Commons

Clement Wragge comenzó la tradición de usar los nombres para describir los sistemas del tiempo en 1887. El hombre era meteorólogo británico y un día decidió tomar prestados nombres de la mitología griega y romana, y luego los pasó a los nombres de las mujeres de la Isla del Pacífico cuya belleza le llamó la atención. De esta forma, muchas de las tormentas tropicales y huracanes que barrieron el Pacífico Sur en la década de 1890 y principios de 1900 sentaron el precedente de dar nombres femeninos a los huracanes.

Poco después, varias figuras públicas se opusieron a los proyectos de Wragge. ¿Su respuesta? El hombre agregó sus nombres a las tormentas de forma que la gente los asociara con la angustia de la llegada de un ciclón o huracán. Wragge fallece en 1922 y su sistema cae en desuso. A partir de entonces los fenómenos fueron descritos por su localización o por las zonas que golpeaban (por ejemplo el Huracán Nueva Inglaterra).

Tifón Cobra, al igual que otros tifones durante la Segunda Guerra Mundial, fue asignado de forma informal un nombre de código. Wikimedia Commons

Años después, durante la Segunda Guerra Mundial, se recuperó la práctica de Wragge, con meteorólogos de la Fuerza Aérea y la Marina nombrando ciclones tropicales como sus esposas y novias. En 1945, la Oficina Meteorológica Nacional introdujo una lista desordenada y alfabetizada fonéticamente. En 1954, la organización del gobierno de Estados Unidos adoptó oficialmente la tradición casi centenaria de nombrar las tormentas con mujeres. Australia y Nueva Zelanda le siguieron.

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Por cierto, según un estudio de 2014, los huracanes con nombres femeninos son percibidos como menos amenazantes (y por tanto se toman menos precauciones) que aquellos con nombres masculinos. Dicho de otra forma, el estudio venía a decir que eran más letales.

En 1979 y tras muchas presiones por parte de activistas por los derechos de la mujer, el Servicio Meteorológico Nacional y la Asociación Meteorológica Mundial (OMM) finalmente comienzan a escoger una división de nombres de mujeres y hombres.

Catarina. Wikimedia Commons

Luego hicieron otro cambio. Según las regiones modificaron las listas para representar mejor las lenguas y poblaciones; por ejemplo, en la cuenca del Atlántico se obtenían nombres en su mayoría ingleses con hispanos. En la cuenca del Pacífico Oriental, se obtenía más representación hispana, ya que la gran mayoría de esas tormentas no tendrán ningún impacto en Estados Unidos, sino en México y Centroamérica, y así sucesivamente.

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En la actualidad, un comité internacional de la Organización Meteorológica Mundial ha creado una lista en la que aparecen los nombres de los huracanes que tendrán lugar en un periodo de seis años.

La lista es cíclica, se repiten los nombres a partir del séptimo año, en la que aparecen 21 nombres propios por año (uno por cada letra del abecedario). No obstante, se omiten algunas como la Q, U, X, Y y Z, debido a los pocos nombres que comienzan así. [BBC, Wikipedia, History]