¿Las pistas de aterrizaje están saturadas y los vuelos se retrasan? Convirtámoslas en una rotonda. Suena a chiste, pero es un proyecto muy serio que lleva años en desarrollo en el Centro de Investigación Aeroespacial de Holanda (NLR) con fondos de la Unión Europea.

La idea de despegar y aterrizar en una pista de trazado circular no es nueva. Se viene experimentando con ello desde los años 60, pero nunca ha llegado a cuajar porque los sistemas computerizados de tráfico aéreo, y los de los propios aviones no estaban preparados. Hoy en día, sin embargo, es una idea totalmente plausible.

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El padre del proyecto, Henk Hesselink, explica sus virtudes y no son pocas. La primera es evidente. Una pista circular agiliza de manera considerable el tráfico aéreo, ya que permite que tres aviones despeguen o aterricen simultáneamente en la misma pista sin que las turbulencias de aire causadas por un avión afecten a los otros. También soluciona uno de los mayores inconvenientes de las pistas rectas o paralelas, que es el de los vientos cruzados. Hesselink y su equipo han probado simulaciones con el tráfico del aeropuerto Charles De Gaulle de París en hora punta y su rotonda soporta el tráfico perfectamente.

Un segundo factor es que el propio aeropuerto puede construirse en un formato más compacto que el de los aeródromos actuales. Para que sea efectiva, la pista debe tener un diámetro mínimo de tres kilómetros.

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La pista, eso sí, no es completamente horizontal. Para optimizar el aterrizaje y despegue, y compensar las fuerzas centrífugas que se generan, debe tener un peralte bastante pronunciado como el de algunos circuitos de NASCAR.

De momento no hay una fecha concreta para construir el primer aeropuerto circular. El objetivo del proyecto es tener todo el sistema listo para funcionar en 2050. Para ese año se prevé que el tráfico aéreo europeo se triplique, y los aeropuertos van a necesitar soluciones urgentes. No faltan los críticos al proyecto. Aunque Hesselink asegura que es muy fácil aterrizar en una pista de este tipo una vez se ha realizado un pequeño curso de adaptación, los pilotos tienen sus dudas. Tampoco está claro hasta que punto habrá que modificar los aviones actuales para que soporten el estrés desigual en el tren de aterrizaje que se generará en una pista de estas características.

Para un profano en la materia como yo, la idea parace a medias un absurdo y una genialidad. Probablemente sean los pilotos, los ingenieros aeronáuticos y los controladores aéreos aéreos los que deban decidir si en el futuro los aeropuertos serán una gran rotonda. De momento, Hesselink y su equipo ya están planificando hacer pruebas con una sección de pista. [Endless Runway Project vía The Independent]