Una de las pruebas nucleares de la Operación Plumbbob. Foto: Wikimedia Commons

¿Cuál es el objeto más rápido creado por el hombre? La respuesta depende de la época y de lo que consideremos objeto. Sin embargo, hubo un tiempo en el que el objeto artificial más rápido pudo ser algo muy parecido a una tapa de alcantarilla. Esta es la historia de la Operación Plumbbob.

Operación Plumbbob es el nombre que recibieron una serie de 29 pruebas nucleares que el ejército estadounidense llevó a cabo en el desierto de Nevada entre mayo y octubre de 1957. Se detonaron bombas nucleares de todo tipo, pero la prueba que nos interesa es la número 12, un experimento de seguridad llamado Pascal-A.

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Pascal-A está considerada la primera detonación nuclear subterránea que se conoce. En lugar de hacer explotar la bomba en superficie o en el aire, lo hicieron dentro de un pozo de 150 metros de profundidad y aproximadamente uno de diámetro. El pozo estaba abierto, aunque sobre la bomba había varias capas de instrumentos destinados a medir la fuerza de la explosión. Los filtros estaban sobra una especie de tapa de hormigón llamada colimador que hacía de filtro para dirigir la fuerza de la explosión hacia arriba en la medida de lo posible.

El problema de la prueba es que, como fue la primera, los físicos no pudieron calcular bien la fuerza de la detonación en un espacio tan reducido y comprimido. Pascal-A explotó tuvo un resultado 55.000 veces superior a lo esperado sobre el papel.

Priscilla, otra de las bombas detonadas durante las pruebas de ese año.

Ponerle una tapa al pozo donde explotaría la siguiente bomba

Intrigado por medir la velocidad de la onda de choque inicial en su ascenso por el tubo, un astrofísico que participaba en las pruebas llamado Robert Brownlee decidió variar la configuración en el siguiente test. Dicho en cristiano, se le ocurrió ponerle una tapa al pozo para medir a qué velocidad salía disparada.

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Para que una detonación así genere impulso en un objeto en lugar de destruirlo debe estar muy cerca. Por eso Brownlee puso el colimador de hormigón (una pieza de varias toneladas) inmediatamente encima de la bomba, y coronó el pozo con una gruesa placa metálica redonda de 10 cm de grosor y 1,4 metros de diámetro. Esa tapa podría pasar perfectamente por una gruesa tapa de alcantarillado.

Al detonar, Pascal-B vaporizó el colimador de homigón y envió la nube por el tubo como si fuera una especie de gigantesco cañón que hizo saltar por los aires la tapa de acero. Brownlee instaló cámaras de alta velocidad para tratar de medir el impulso al que la tapa salió disparada, pero las imágenes que tomaron fueron inútiles. La tapa saltó tan rápido que solo aparece parcialmente en un fotograma. No se puede estimar la velocidad solo con eso.

Crater Sedan producto de una prueba nuclear subterránea de 1962. Foto: Wikimedia Commons

Mucho más tarde, en un documento titulado Learning to Contain Underground Nuclear Explosions, Brownlee explica cómo se desarrolló la segunda prueba y una conversación previa que tuvo con el director del proyecto, Bill Ogle:

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Para Pascal B, mis cálculos estaban diseñados para calcular el tiempo y los detalles de la onda de choque cuando alcanzara la tapa. Utilicé rendimientos esperados y exagerados en mis cálculos, pero significativos. Cuando describí esos resultados a Bill Ogle, la conversación que siguió fue algo así:

Ogle: -¿Cuánto tarda la onda de choque en llegar a la parte superior del tubo?-

RRB: -31 milisegundos.-

Ogle: -¿Y qué pasa entonces?-

RRB: -La onda de choque se refleja de vuelta en el agujero, pero las presiones y las temperaturas son tan altas que la tapa saldrá disparada.-

Ogle: -¿A qué velocidad?-

RRB: -Mis cálculos son irrelevantes en ese punto y sólo son válidos al hablar de la reflexión de choque...-

Ogle: -¿A qué velocidad?-

RRB: -Los números no significan nada porque suponen que hay un vacío por encima de la tapa. No hay aire, ni hay gravedad, ni fuerzas materiales reales que afecten a la tapa de hierro.-

Ogle: -¿A qué velocidad? - Esta última pregunta fue más un grito. A Bill le gustaba tener una respuesta clara y directa a cada una de sus preguntas.

RRB: -Seis veces la velocidad de escape de la tierra-

Bill parecía fascinado con la respuesta, porque nunca antes había oído una velocidad expresada en términos de velocidad de escape de la tierra. Hubo muchas risas, y en ese momento nació una leyenda, porque a Bill le encantaba contar “lo de las unidades de velocidad de Brownlee”. Siempre aseguraba que la tapa salió de la Tierra. (Pero, por supuesto, no creíamos que eso sucediera).

Como de costumbre, los hechos nunca están a la altura de la leyenda, así que a veces se refieren a mi como el tipo que puso una tapa de alcantarilla en el espacio. También me critican a menudo y dicen que soy un estúpido que no entiende de masas o aerodinámica. Hasta me han llegado a decir que soy un criminal por dar semejante dato.

Por velocidad de escape se entiende el impulso que hace falta para que un objeto supere completamente la gravedad de un planeta sin que vuelva a caer a él. En el caso de la Tierra, esa velocidad es de 11,2 km/s (40.320 km/h).

Cohete Bumper-WAC, el primer objeto en llegar al espacio tras alcanzar una altura de 393 kilómetros. Vía NASA

Si la respuesta de Brownlee hubiera sido exacta, eso quiere decir que la tapa del pozo de Pascal-B despegó a una velocidad de 241.320 kilómetros por hora. No solo es casi 9 veces la velocidad a la que despegaban los transbordadores espaciales. Es que supera incluso la velocidad en el espacio de sondas como la Voyager o la New Horizons.

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Si la leyenda fuera cierta, la tapa de alcantarilla se adelantó al Sputnik-I en ser el primer objeto hecho por el hombre en alcanzar la órbita terrestre, y probablemente también sea el primer objeto artificial en alcanzar el espacio exterior teniendo en cuenta que se lanzó años antes que las Voyager.

Llegado a este punto, queda bastante claro que ni siquiera Brownlee cree que la tapa “de alcantarilla” de Pascal-B realmente lograra atravesar la atmósfera terrestre y ahora mismo esté en algún lugar camino de otra galaxia. La teoría más probable es que la tapa se consumiera por completo debido a la fricción de salida cuando atravesó la atmósfera. Según otras hipótesis, ni siquiera llegó tan alto y volvió a caer sobre la Tierra. La tapa nunca se encontró, así que aún podría estar tirada en algún lugar del desierto.

Tampoco está claro si la tapa es el objeto más rápido de su época, porque los cálculos de Brownlee, como él mismo reconoce, se referían a la onda de choque de la explosión nuclear, no a una tapa de acero. Ni siquiera tenían en cuenta la atmósfera u otras fuerzas que obviamente afectaban su velocidad.

Recreación artística de la sonda Juno. Vía NASA

A día de hoy, y si exceptuamos objetos como los protones (una partícula creado por el hombre) que viajan por los aceleradores de partículas, el récord de velocidad lo tiene la sonda Juno de la NASA, con 265.000 kilómetros por hora.

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