Foto: Audrey / Fickr, bajo licencia Creative Commons.

¿Por qué las tortugas aprendieron a esconder la cabeza dentro del caparazón? Casi todos contestamos a esta pregunta con un “para defenderse de los depredadores”. Un nuevo estudio sobre biología evolutiva pone sobre la mesa una razón un poco más inquietante: para matar mejor.

La clave de este nuevo estudio publicado en Nature es el esqueleto de una especie de tortuga que vivió hace 150 millones de años, la Platychelys oberndorferi. Los fósiles de esa tortuga son raros, pero un espécimen en muy buen estado ha permitido estudiar en detalle las vértebras cervicales, y su fisonomía echa por tierra la idea de que esconden la cabeza para defenderse.

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Las tortugas modernas se dividen en dos ramas en función precisamente de cómo retraen la cabeza dentro del caparazón. Las pleurodiras esconden la cabeza echándola hacia un lado y ocultándola en un hueco de la pata dentro del caparazón. Las cryptodiras, en cambio, echan la cabeza hacia atrás. La Platychelys oberndorferi se considera una pleurodira, pero sus huesos no concuerdan con esta definición.

Esquema de cómo retrae la cabeza la Platychelys oberndorferi. Imagen: P. Röschli.

La Platychelys oberndorferino escondía completamente su largo cuello dentro del caparazón. Tan solo plegaba una parte, lo que no tiene ninguna ventaja desde el punto de vista defensivo. Para tratar de dar con una explicación, el equipo del paleontólogo Jérémy Anquetin comparó las vértebras con las de dos especies de tortugas modernas que muestran una fisonomía similar, la Chelus fimbriata o tortuga matamata, y la Chelydra serpentina o tortuga mordedora. Ambas especies son un ejemplo único de evolución convergente en regiones del mundo muy alejadas.

Representación artística de una Platychelys oberndorferi. Ilustración: P. Röschli.

Aunque damos por hecho que las tortugas son animales pacíficos y mayormente hervíboros, estas especies son agresivas y cazan peces y pequeños invertebrados para alimentarse. El método de caza es precisamente lanzar la cabeza hacia adelante como si fuera un ariete. Las poderosas mandíbulas en forma de pinza hacen el resto.

Anquetin ha hallado indicios de que la Platychelys oberndorferino utilizaba exactamente este mismo método de caza, y cree que la técnica es extrapolable a otras especies, si bien a veces es un truco muy útil para proteger parcialmente la cabeza de otros depredadores.

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Los restos fósiles de esta tortuga primitiva son demasiado escasos como para que los datos sean aún definitivos, pero es una hipótesis a tener en cuenta y que arroja nueva luz sobre unos animales a los que no imaginamos cazando casi como si fueran serpientes. Cuando esconden la cabeza no es solo por miedo. Se preparan para atacar. [Nature vía Smithsonian]