Foto: AP Photo/John Hopper

Algunas sectas modernas son tan conocidas que pueden resumirse con una sola palabra: Manson, Waco, Jeffs, Jonestown. Otras, sin embargo, puede que no estén tan arraigadas en el imaginario colectivo, pero siguen proporcionando combustible para tus pesadillas a paladas.

A continuación van solo cinco ejemplos. Todos ellos llegaron a las portadas cuando salieron a la luz sus casos y todos han caído en el olvido desde entonces.

El culto de sacrificios humanos de matamoros

En marzo de 1989, un estudiante de la Universidad de Texas llamado Mark Kilroy desapareció durante las vacaciones de primavera. Se dice que se alojó en la Isla del Padre, pero la noche que desapareció había cruzado la frontera con México para conocer su vida nocturna. Nunca se le volvió a ver.

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Cuatro semanas después, su destino se reveló en un reportaje para la revista People. Lo primero que encontraron fue su cerebro.

El órgano apareció en un caldero negro de hierro. Lo habían hervido en sangre en una hoguera junto a un caparazón de tortuga, una herradura, una columna vertebral y otros huesos humanos.

Su asesinato ritual se había perpetrado en el marco de una especie de religión demente practicada por un traficante de drogas que operaba desde México. Las autoridades encontraron una tumba con lo que quedaba del cuerpo de Kilroy. Fue el primero de una larga lista de cadáveres mutilados.

El primer día de excavación aparecieron 12 cuerpos en el rancho Santa Elena. Las víctimas habían sido cortadas, golpeadas, ahorcadas o disparadas. Algunas fueron hervidas vivas. El único punto en común eran las mutilaciones rituales que seguían a su asesinato.

Los traficantes creían que los sacrificios humanos los protegían mágicamente de ser capturados por la policía e incluso que les hacía invulnerables a las balas. Por supuesto, se equivocaban. El arresto de un miembro del culto que se saltó un control de carretera en posesión de marihuana precipitó la caída de la banda cuando la policía se desplazó al rancho de la familia del arrestado.

En ese rancho encontraron muchas más drogas, pero también los cuerpos desfigurados de las víctimas del culto, incluyendo al desafortunado joven estadounidense que se cruzó con el grupo cuando buscaban su próximo sacrificio. El caso extendió un rumor que desató una ola de pánico satanista en los 80. Se decía que había cultos que secuestraban niños para sus rituales.

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El hombre que convenció a sus adeptos para seguirle en esta locura se hacía llamar El Padrino y era un joven de solo 26 años llamado Adolfo de Jesus Constanzo que perpetraba sus crímenes con ayuda de Sara Aldrete, su novia de 24 a la que conocían como La bruja. Como explican en un reportaje en profundidad sobre el caso publicado en la revista Rolling Stone, Constanzo había sido educado en la santería, pero sus creencias se transformaron en algo mucho más siniestro y oscuro a medida que obtuvo poder.

Constanzo eludió a las autoridades hasta 1989, año en el que ordenó a un acólito que lo disparara antes de verse capturado por la policía. Su novia estudiaba en Texas y aseguró desconocer los crímenes, pero tanto ella como el resto de la banda acabó en la cárcel acusados de una larga lista de delitos de sangre. La cabaña en la que realizaban sus crímenes se incendió por orden de la policía y se dice que antes practicaron un ritual para limpiar el lugar de malos espíritus.

Foto: AP Photo/Le Soleil

La orden del templo solar

Fundada en 1984 por Joseph Di Mambro y Luc Jouret, tenía seguidores en varios países incluyendo Suiza, Francia o Canadá. El grupo se basaba en un conjunto de creencias muy heterogéneo basado en los Rosacruces o los caballeros templarios. Con el tiempo, su espiritualismo New-Age cambió hacia creencias apocalípticas y una fuerte paranoia.

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La cara visible del culto era el doctor Jouret y pese al mensaje apocalíptico, sus discursos eran los bastante magnéticos como para atraer nuevos seguidores. Di Mambro llevaba las finanzas de la secta y no le faltó el trabajo, porque los seguidores eran en su mayor parte personas de mediana edad y buen nivel económico que llegaron a sumar 400 personas.

A caballo entre sus sedes de Suiza y Canadá, la suerte de la secta se terminó en la década de los 90, cuando varios miembros de alto nivel desertaron y comenzaron las acusaciones de tenencia ilícita de armas y abuso sexual. En 1994, el grupo decidió que era hora de ascender a un plano de existencia superior para sobrevivir al apocalipsis medioambiental que se avecinaba y renacer en un planeta que orbitaba la estrella Sirius. El método para llevar a cabo esta ascensión era el fuego.

A finales de ese año, la secta asesinó a Tony Dutoit, un antiguo miembro que había testificado contra ellos, junto a su esposa y su hijo de corta edad. Días más tarde, las sedes de la secta se incendiaron. En la revista Biography.com explican:

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La mañana siguiente a los incendios los investigadores no salían de su asombro. En las sedes había 48 personas muertas. Algunas se habían suicidado, pero otras mostraban signos de violencia. Les habían inyectado con tranquilizantes o asfixiado con bolsas de plástico. A otros los dispararon. Entre los fallecidos estaba Jouret, Di Mambro, y su esposa e hijo.

La tragedia no terminó ahí. En diciembre de 1995, una casa en los Alpes suizos ardía con 16 personas dentro. La mayor parte habían muerto antes del incendio. En 1997, otros cinco miembros de la secta se inmolaron en Quebec. Contando a la familia de Dutoit, las víctimas del culto ascienden a 74 personas.

Foto: AP

La secta de la puerta del cielo

En 1997, el cometa Hale-Bopp dejó un espectacular rastro en el cielo nocturno. Mientras los astrónomos se maravillaban, otro grupo convertía el suceso en tragedia con un suicidio colectivo vinculado a creencias cósmicas. Se trataba de la secta de la puerta del cielo, un grupo que tenía su sede en Rancho Santa Fe, una mansión en California.

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Murieron 39 personas, incluyendo su líder y profeta, Marshall Applewhite. El grupo se sostenía mediante un próspero negocio informático y creía que con el cometa Hale-Bopp venía una nave espacial extraterrestre que les pondría a salvo del apocalipsis inminente. La página que la secta usaba para difundir esta doctrina aún sigue en pie.

Por desgracia, para subir a la nave había que cumplir un requisito problemático: morirse. Las fotos de los seguidores muertos envueltos en telas moradas y luciendo las mismas zapatillas deportivas inundaron los telediarios. En Salon explican:

Los miembros de la secta ingirieron una solución letal de barbitúricos y alcohol en tres tandas. A medida que perdían el conocimiento, se asfixiaban debido a bolsas de plástico con las que se envolvían la cabeza. La metodología a seguir para estas muertes rituales era precisa y los miembros de la secta la siguieron con detalle, amortajando a sus compañeros muertos con telas moradas y quitando las bolsas de plástico.

Foto: AP Photo/Chikumo Chiaki

Aum Shinrikyo

Este culto apocalíptico japonés fue el responsable del espantoso ataque con gas Sarín en el metro de Tokio en 1995. Doce personas murieron, miles resultaron heridas, y la mítica seguridad de Japón sufrió un duro golpe. Las creencias extremas del grupo fundado por Shoko Asahara es similar a la de otros cultos apocalípticos como El templo solar o la puerta del cielo.

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Asahara predicaba que el fin del mundo estaba cerca y que solo los creyentes sobrevivirían al apocalipsis que tendría lugar en 1996 o entre 1999 y 2003. La secta había acumulado mucho dinero gracias a negocios de electrónica y restaurantes. Asahara reclutaba a sus seguidores entre jóvenes universitarios de familias adineradas que buscaban dar sentido a su existencia.

Después de un largo juicio de ocho años, Asahara fue sentenciado a pena de muerte por ahorcamiento, pero aún está a la espera de sentencia. Durante toda la vista rehusó contestar ninguna pregunta y solo hacía comentarios confusos. Según el New York Times, aunque el grupo eludía a las autoridades, para cuando sucedió el ataque en el metro tenía decenas de miles de seguidores en Japón y Rusia. Lo más paradójico es que la secta aún tiene presencia en Japón, aunque con otro formato:

A pesar del ataque, Aum nunca ha sido prohibida en Japón como lo ha sido en Rusia y otros países donde les han declarado organización terrorista. En su lugar, Japón ha optado por mantener a sus miembros bajo una estricta vigilancia. A nivel legal, el culto ha perdido el estatus de grupo religioso y todos sus bienes fueron confiscados para compensar a las víctimas. Su legado son dos sectas paralelas: Aleph y Hikari No Wa. Entre ambas suman alrededor de 1.500 seguidores que aseguran haberse desligado de Asahara, pero muchos japoneses se muestran suspicaces a este respecto.

AP Photo/Dmitry Barkhatov

El culto ruso del día del juicio

El culto ruso del día del juicio que salió de una cueva es un reportaje de USA Today que ilustró las andanzas de una bizarra secta en el país. En noviembre de 2007, la policía rusa trataba desesperadamente de sacar a docenas de personas de una guarida subterránea cercana al río Volga en la que se habían metido para hacer frente al apocalipsis que, según ellos, llegaría en primavera de 2008. Los cultores tenían explosivos y estaban dispuestos a volarse si era necesario.

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Curiosamente, el líder del grupo no se había unido a sus seguidores, la mayoría mujeres con niños de hasta 18 meses, alegando que aún tenía que guiar a otros seguidores que no habían llegado.

El autoproclamado profeta Pyotr Kuznetsov fundo lo que el llamada la auténtica iglesia ortodoxa y envió a sus seguidores a una cueva helada a la que el mismo no quiso entrar.

Kuznetsov estaba pasando por un examen psiquiátrico cuando le acusaron de haber organizado una secta religiosa con ideas violentas. Según sus creencias, los seguidores de la secta serían los encargados de decidir quién va al cielo y quién al infierno en la otra vida. Los seguidores tenían prohibido manejar dinero y ver la televisión o escuchar programas de radio.

Los seguidores se resistieron a salir de la cueva durante meses pese al riesgo de que el techo colapsara. En Marzo de 2008 las conversaciones se reanudaron, esta vez con mejor suerte.

A la postre, fue otro tipo de apocalipsis el que obligó a los últimos cultores a evacuar la cueva. Dos de los seguidores murieron en el refugio y el hedor de los cadáveres se hizo tan insoportable que los nueve miembros que quedaban decidieron que era mejor el fin del mundo que soportar esa peste.

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El destino de Kuznetsov sigue siendo un misterio. Se dice que intentó suicidarse cuando su predicción del fin del mundo fracasó. También fue acusado de una larga lista de cargos. Los rumores más firmes apuntan a que sigue recluido en una institución psiquiátrica a la espera de recuperar la cordura lo suficiente como para ser juzgado.