¿Por qué la mayoría de edad en casi todos los países del mundo es de 18 años? ¿Por qué el 18 es importante para la comunidad hebrea y, al mismo tiempo, una cifra usada en entornos neonazis? Bienvenidos a un nuevo capítulo de nuestra serie sobre los números.

D I E C I O C H O

Observad bien el título. ¿No encontráis nada raro? Si trazáis una línea horizontal justo por la mitad, como si lo tacharais, lo veréis mejor. En mayúsculas el dieciocho es simétrico de arriba a abajo. Es el número más largo escrito en español con esa propiedad.

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No es su única cualidad. Es el único número (aparte del cero) que equivale al doble de la suma de sus dígitos (8+1= 9 y 9+9=18). También es la suma de 3+4+5+6.

En la ciencia, el 18 es el número atómico del argón y el número de años que dura un Ciclo de Saros, que es un periodo de 223 lunas tras el cual la Luna y la Tierra regresan aproximadamente a la misma posición en sus órbitas. Saros se utiliza para medir eclipses lunares.

Hebreos, nazis y chinos

El 18 protagoniza una paradójica coincidencia: ser un número importante tanto para los judíos, como para los neonazis. Para los primeros, es el número de la vida. La razón es que la palabra Jai (vida) se compone de las letras Jet y Yod. Cada letra del alfabeto hebreo tiene un valor numérico, Jet=8 y Yod=10. La suma del valor numérico de Jai es 18, y por eso existe la costumbre hebrea de realizar donaciones en múltiplos de 18.

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Los neonazis, por el contrario, valoran el 18 porque la primera letra del alfabeto y la decimoctava (A y H) son las iniciales de Adolf Hitler. Para algunos estudiosos de las tradiciones cristianas, 18 es un mal número porque es tres veces 6, lo que lo hace similar visualmente al 666, el número de la bestia. El origen de este mito, por cierto, es un pasaje del libro de las Revelaciones de San Juan en el Nuevo Testamento.

Aquí hay sabiduría: El que tiene entendimiento, cuente el número de la bestia, pues es número de hombre. Y su número es seiscientos sesenta y seis.

El número 18 en una placa de un portal. Foto: Imran’s Photography / Shutterstock

El 18 es, en definitiva, un número de vida y de odio según quien lo mire. En China, el 18 se considera un número de buenos augurios y buena suerte. La razón es que su pronunciación (shí bā) es muy parecida a shì fā, una expresión que podría traducirse como “Ojalá te hagas rico” o “hacerse rico seguro”. Se considera de buena suerte vivir en una casa o apartamento con el número 18.

En numeración arábiga tradicional del este, el 18 se asemeja a la forma que tienen las líneas en la palma de la mano. La carta número 18 del tarot corresponde a la luna. Aparte de ser un número de la suerte, el infierno Chino tiene 18 niveles y 18 son los monos de bronce que debe superar un monje shaolin para convertirse en maestro en el folklore de China.

El misterio de la mayoría de edad

La mayoría de edad es aquella en la que la sociedad reconoce a una persona como adulta y responsable de sus actos. En la mayor parte de países del mundo esa edad es 18 años. ¿Por qué? Pues no existe una razón universal. En Estados Unidos, por ejemplo se eligió esa edad porque esa era la edad a la que se podía comenzar a votar. ¿Por qué se eligió esa y no otra? porque esa era a su vez la edad a la que se podía reclutar a soldados para la Guerra de Vietnam, y los congresistas pensaron que, si ya podían morir por su país, también tenían derecho a elegir sus gobernantes. En España la mayoría de edad a los 18 también está relacionada con el servicio militar obligatorio.

Soldados estadounidenses en la Guerra de Vietnam. Foto: AP

En otros países esgrimen sus propias razones políticas, pero la realidad es que no existe ninguna explicación científica plausible por la que se elijan los 18 como los años a los que somos mayores de edad. El crecimiento del cuerpo humano, por ejemplo, se prolonga hasta pasada la veintena. No hablemos ya de la madurez psicológica o del sentido común. En algunas culturas de África, la mayoría de edad no se alcanza hasta los 89 años

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La razón de fijar la mayoría de edad en los 18 es solo una convención que, de hecho, varía en muchos países y que ni siquiera existía antes del siglo XX. También tiene que ver el hecho de que la mayoría de edad en el derecho canónico (el que regula la iglesia católica) también es 18. En el Talmud hebreo, 18 es la edad apropiada para casarse.

Si es por buscar un dato curioso, las huellas dactilares en el feto terminan de formarse alrededor de las 18 semanas, pero ningún país ha usado ese dato (que por otra parte es muy variable según cada feto) para determinar la mayoría de edad. El mundo legal está lleno de convencionalismos. El de los números, a veces, también.

Imagen de portada: Jezper / kos1976. Shutterstock

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