Poster de You Only Live Twice (1967)

Esta es una historia de la Guerra Fría. Una en la que las dos grandes potencias se pusieron de acuerdo (sin saberlo) para intentar derrocar la llegada al poder de un presidente. El plan, por insólito, forma parte de una de las acciones más extravagantes de las agencias norteamericanas y soviéticas. Esta fue la historia.

El 6 de junio de 1901 nacía en Surabaya (Indonesia) el hijo de un maestro de escuela javanés y de una mujer libanesa. El niño se llamó Sukarno y aunque se pasó la mayor parte de su infancia en diferentes zonas como Mojokerto, Blitar o Tulungagung, su padre lo acabó enviando de regreso a Surabaya en 1916.

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Allí fue a la escuela secundaria y conoció a Tjokroaminoto, una figura reconocida del independentismo años más tarde. En 1921 comenzó a estudiar en la Technische Hogeschool y se gradúa en 1925. Luego pasó a estudiar ingeniería civil y se dedica a la arquitectura.

Sukarno (izquierda) con Agus Salim en 1949. Wikimedia Commons

Dos años después de graduarse, en 1927, Sukarno funda el Partido Nacional Indonesio. En el 29 es detenido por las autoridades coloniales de los Países Bajos, y en el 31 lo vuelven a poner en libertad. Ya en 1939 Sukarno acaba siendo desterrado a la isla de Sumatra. Tras la Segunda Guerra Mundial y con la proclamada independencia del país, es proclamado el primer presidente de la República de Indonesia.

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En 1949 los Países Bajos acaban cediendo y reconocen la independencia del país. Sukarmo inicia así una ideología y filosofía del nuevo Estado con el Pancasila.

Él no lo sabía, pero al mismo tiempo estaba poniendo de acuerdo a las dos naciones más importantes y poderosas de aquella época. Las dos bajo un mismo e insólito plan.

Contexto de la Guerra Fría

Cuando Sukarno se convirtió en presidente de Indonesia en 1945 lo hizo con un apoyo popular abrumador. De hecho fue ampliamente considerado como un héroe nacional por dirigir el movimiento de independencia contra el gobierno holandés. El hombre se hizo con una reputación de amar a su país y a las mujeres. Quizás demasiado en este último punto, ya que aquel hábito iba a desencadenar el interés de algunas de las agencias de inteligencias más poderosas del planeta.

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Lo cierto es que Indonesia iba a desempeñar un papel importante en la Guerra Fría entre Estados Unidos y la Unión Soviética. La nación del archipiélago del Pacífico era grande, estratégicamente vital para ambos intereses y el hogar del mayor partido comunista fuera de la Unión Soviética. Aunque Sukarno no era comunista, sí tenía muchos amigos que lo eran. De hecho compartía algunas tendencias e ideas.

Sea como fuere, el país se convirtió en un valioso premio poco después de la independencia. Las elites de la política exterior estadounidense eran fieles creyentes de la “teoría del dominó”, aquella que postulaba que las revoluciones comunistas, si se permitía que ocurrieran, se diseminarían a los países vecinos. Por tanto, la simpatía de Sukarno hacia el comunismo -y sus incipientes vínculos con la Unión Soviética y China- eventualmente convencieron al gobierno de Estados Unidos de que había que hacer algo para derrocarlo.

El plan insólito de los soviéticos

Sukarno con Kennedy en el 61. AP

Existe un memorando de la CIA de 1962 donde se aseguraba que tanto el primer ministro británico Macmillan como el presidente Kennedy habían acordado “liquidar al presidente Sukarno”. Lo cierto es que la CIA ya había empleado métodos para expulsarlo mucho antes.

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En el 55 se gastó millones en las elecciones de Indonesia, elecciones que ganó Sukarno y razón de peso para que este se arrimara a Moscú. Entonces la CIA consideró que había que llevar a cabo una operación paramilitar a gran escala, pero poco después se dio cuenta de que aquello le podía estallar en las manos. La agencia decide pasar a un plan B, un método alternativo.

Poco después llegaron unos informes a los cuarteles generales de la agencia norteamericana donde se informaba de la relación que mantenía Sukarno con un azafata. No sólo eso, se deslizaba la posibilidad de que fuera una espía de la KGB. La CIA lo vio claro. Era una oportunidad de explotar su supuesta promiscuidad mientras socavaban su estatus de héroe nacional.

Inicialmente la agencia se basó en difundir informes sobre el supuesto caso. Un caso donde Sukarno se había dejado arrastrar por el “hechizo” de una agente femenina soviética.

Sukarno con Castro en 1960. AP

A decir verdad, aquellos informes de Sukarno acudiendo a las citas de una azafata soviética y (potencialmente) proporcionando a los soviéticos información, no eran del todo descabellados y podrían tener alguna base. Sukarno había viajado en compañía de una oficial de vuelo rubia durante una visita a la Unión Soviética, y la mismo oficial de vuelo viajó posteriormente a Indonesia con un oficial soviético y fue vista en la compañía de Sukarno varias veces.

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De hecho, esta historia es tan rocambolesca que los propios soviéticos también habían intentado chantajear a Sukarno. Ocurrió en los 60, en una visita a Moscú del presidente. El hombre fue filmado teniendo sexo con un grupo de azafatas y la KGB lo grabó todo. Habían contratado a un grupo de mujeres que lo esperaban en la puerta del hotel donde se alojaba. La idea era venderlo como una película pornográfica a modo de chantaje, una película que se haría pública en caso de no cooperar.

Pero había un problema para la KGB. Sukarno jamás trató de ocultar esas tendencias. De hecho, el hombre alardeaba de ellas y apoyaba abiertamente la poligamia. Sukarno tuvo hasta 5 esposas oficiales y le decía a quién le quisiese escuchar que necesitaba sexo todos los días.

Por tanto, la KGB se dio cuenta muy pronto de que aquella película porno no iba a dar resultado. Incluso cuentan que en un encuentro con agentes de la KGB Sukarno se mostró encantado de que existiera aquella cinta, incluso pidió copias disponibles.

El plan insólito norteamericano

Gorbachev y Reagan firmando en 1987. AP

Si bien la KGB aprendió la lección, la CIA aún no sabía cómo se las gastaba Sukarno. Los agentes siguieron propagando el rumor de que los soviéticos lo chantajeaban con una cinta sexual. Poco después de que sus intentos por promocionar una revolución resultaran fallidos, la agencia vuelve a idear convertir los apetitos sexuales de Sukarno en su contra.

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¿Qué hacen? Por supuesto, montar su propia película sexual protagonizada por Sukarno.

O algo así.

Según contaba William Blum en su libro Killing Hope:

En realidad se hizo un esfuerzo bastante grande para crear una película pornográfica o al menos algunas imágenes que pudieran pasar por Sukarno y su novia rusa dedicadas a “su actividad favorita”.

Después de semanas de búsquedas y escrutinio en películas porno disponibles (y suministradas por la policía de Los Ángeles), no llegan a un consenso sobre la pareja de actores que debía parecerse lo suficiente a Sukarno y su amante rusa.

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¿Solución? La CIA se compromete a producir su propia película pornográfica.

Lo cierto es que los agentes no encontraron un actor que pudiera hacer de Sukarno, o al menos todos le parecían una mala opción a estos reconvertidos “agentes de casting”. Así que la CIA sube la apuesta y piensa que la mejor opción es hacer una máscara de la cara de Sukarno.

Recopilemos un segundo porque vale la pena. La CIA quiere derrocar al presidente de Indonesia, y para ello no hay mejor plan que producir una película pornográfica donde un actor del género con una máscara del presidente debía tener relaciones con una actriz de aspecto soviético.

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¿Qué ocurrió? Que la película se hizo y la produjo la CIA, aunque el relato en cuanto a cómo se realizo difiere. Unos dicen que la máscara se acabó utilizando, pero sólo desde un plano posterior donde no se veía la cara. Otros dicen que la máscara no se llegó a utilizar aunque sí se construyó.

Sea como fuere e independientemente de si la máscara se utilizó o quién la protagonizó, esa película pornográfica producida por la CIA es una joya del género que muy pocos llegaron a ver. Poco después la CIA y el MI6 ayudaban a derrocar a Sukarno en un golpe que lo reemplazó en 1967.

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Así acaba este relato de la historia donde la Unión Soviética y los Estados Unidos se pusieron de acuerdo para construir todo un plan surrealista de películas pornográficas para derrocar un gobierno.

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Y quizás lo más importante de todo. En algún baúl de Los Ángeles alguien guarda una máscara que forma parte del retrato de una época ciertamente loca.