Gastamos muchísima energía buscando maneras de ahorrar tiempo en el día a día. Y sí, seguro que son útiles, pero cuando echo la vista atrás mis mayores arrepentimientos sobre cómo empleo mi tiempo no tiene nada que ver con utilizar demasiado Twitter o no llevar un buen control de mis tareas diarias. Solo son malos hábitos.

Hay en cambio pérdidas de tiempo mayores, más sistemáticas, que realmente se interponen en el camino. Arreglas supone librerar una cantidad enorme de tiempo pero sobre todo de energía.

No pedir ayuda

En la primera semana de mi primer trabajo tras terminar la carrera, mi jefe de entonces me entregó una hoja de cálculo inmensa. Me dijo que la organizase de un modo que para mí no tenía ningún sentido. Siendo como soy una persona tímida y callada, simplemente asentí, me fui de vuelta a mi escritorio y me quedé mirando la hoja durante una hora, esperando a que de repente tuviese algo más de sentido (sí como George Constanza).

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Por fin, un compañero de trabajo se acercó y le confesé que no tenía ni idea sobre qué hacer. Fue paciente, me lo explicó y además me dio un consejo que se me ha quedado grabado desde entonces: “Puedes temer quedar como un tonto cuando preguntas, pero la realidad es que pareces aún más tonto cuando fallas en algo simplemente por no haber preguntado

Es duro, pero es real. Y no sólo quedé mal, también podría haber ahorrado una cantidad de tiempo significativa simplemente preguntándole a mi jefe a qué se refería. Me hizo preguntarme cuánto tiempo habría gastado en mi vida hasta ese momento simplemente por no preguntar. Por muy tonto que te sientas cuando necesites preguntar algo, la realidad es que es la manera más rápida de conseguir una respuesta.

Del mismo modo, pedir ayuda es un modo estupendo para, bueno, conseguirla. Es el motivo por el que el networking y tener un buen mentor son increíblemente valiosos. Si te sientes atrapado en tu carrera o en la necesidad de aprender nuevas habilidades pero no tienes ni idea sobre cómo empezar, hablar con otra gente de tu sector puede llevarte muy lejos. Incluso si es simplemente enviándole a alguien un email corto pidiendo ayuda ya es un atajo increíble en tu carrera. Prueba la fórmula de Leo Widrich para pedir ayuda:

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2-3 frases honestas mostrando aprecio. Hay una razón por la que estás pidiendo ayuda a ese alguien en concreto. Tienen un gran experiencia en ese campo, han trabajado en una startup o idea similar a la tuya o algo similar. Si haces eso, muestra por qué has pensado en ellos al pedir ayuda.

Una frase con una única pregunta, bien enfocada, que el receptor pueda contestar de manera concretar. Aquí hay una que funcionó muy bien cuando le pregunté a Noah:

“Cuál es la única y más valiosa estrategia de adquisición de usuarios que tuviste con Mint al llegar a los 100.000 usuarios”

Otra manera de entenderlo: si no estás pidiendo ayuda, probablemente no te estás esforzando lo suficiente por mejorarte a tí mismo. Si tienes todas las respuestas, no estás aprendiendo nuevas habilidades, intentando nuevas cosas o intentando salir de tu zona de comfort. Hay una serie de razones por las que no pedimos ayuda, pero normalmente es porque somos demasiado orgullosos o estamos demasiado asustados. Es una pérdida enorme de tiempo, porque impide que sigas adelante.

Intentar que funcione una mala relación

Las relaciones requieren mantenimiento, pero hay una diferencia notable entre mantener una buena relación con alguien e intentar que lo haga una mala.

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Hay una carga emocional muy grande con las relaciones románticas y las amistades, así que a veces es difícil determinar si deberías seguir intentándolo o simplemente abandonar. Como mucha otra gente, yo he tomado malas decisiones bastante comunes que han gastado mi tiempo y el de la persona con la que estaba. Por ejemplo:

Siempre hay buenas razones para querer que una relación funcione, pero estas de aquí no suelen serlo. Nublan tu juicio, prolongan tu infelicidad, y te distraen de las cosas que de verdad te importan. Al mismo tiempo, es complicado afirmar que todas las malas relaciones son una pérdida total de tiempo, porque de hecho sueles aprender de ellas bastante sobre ti mismo. Así que hay cierto margen, pero con todo, cuanto antes aprendas esas lecciones mejor.

Del mismo modo, no lidiar con el impacto emocional de una ruptura es también una pérdida de tiempo gigantesca. Cuando una relación termina, normalmente pasamos por las etapas clásicas de duelo asociadas con la pérdida de alguien querido. Es fácil quedarse en lo cómodo y convencernos a nosotros mismos de que en realidad no nos importa y que estamos bien. La realidad es que ignorar el dolor, solo lo prolonga. Nuestro trabajo se resiente, y el resto de nuestras relaciones también sufren.

Obsesionarse con tus errores y defectos

Aprender de tus errores es una cosa. Obsesionarse con ellos sólo gasta tu tiempo, disminuye la confianza en ti mismo y te aparte de seguir con tu vida.

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También hace que sea más probable que repitas tus errores. En un estudio reciente publicado en el Journal of Consumer Psychology, los investigadores les pidieron a los miembros del experimento que gastasen dinero durante un viaje imaginario a un centro comercial. Antes de “comprar”, a algunos se les pidió que recordasen un error reciente al administrar su dinero. Se dieron cuenta de que esos mismos sujetos eran más dados a adquirir deuda. El estudio concluía:

Quizá lo más sorprendente de todo, según Haws, es que recalar en el pasado afecta negativamente al comportamiento actual, dependiendo de cómo se recuerda, incluso cuando esos ejemplos son positivos... En lugar de obsesionarse con lo que ocurrió, su investigación apunta a que establecerse metas para el futuro puede cambiar a mejor el comportamiento. Resumiendo, si queremos tener mejor auto-control “Mira hacia delante” dice Haws” no hacia atrás”

Cuando compares eso contra tus propias experiencias, probablemente tenga sentido. Recalar en el pasado hace que te veas a tí mismo como un fracaso. Y cuando te ves a ti mismo como un fracaso, es fácil decirse a uno mismo que no tiene sentido seguir intentándolo, porque ya eres un fracaso.

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Por supuesto, tampoco tiene sentido obviar tus errores y hacer como que no existen. El objetivo es encontrar un punto intermedio, uno de aprendizaje, y luego dejar ir los errores. Me gusta el proceso de Emilie Wapnick para hacerlo:

Para dejar el pasado atrás, debes perdonarte a ti mismo sin reparos.

Sentir la vergüenza o el arrepentimiento una vez más. Sentirlo de verdad. La siguiente vez, simplemente afírmate a ti mismo que todo el mundo comete errores y que sabes que el resultado final no fue tu intención. Solo un accidente. Finalmente, toma la decisión de perdonarte a ti mismo y dejarlo ir. Hasta decirlo en voz alta ayuda.

De aquí en adelante, cada vez que el pensamiento vuelva, simplemente recuérdate que ya te “has perdonado” y que no tiene sentido volver a recrearte en el sentimiento de culpa una y otra vez. Aparta el pensamiento de tu cabeza.

Otro de mis grandes arrepentimientos, de hecho, es no permitirme a mi misma fallar por temor a mis limitaciones.

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Durante años, me quedé anclada en un sitio cómodo para mí sin probar cosas que realmente quería hacer. Quería viajar después de terminar mi educación escolar, pero me fui a una universidad cercana a mi casa en su lugar porque me daba miedo conocer a gente nueva. Tras el colegio, quise convertirme en una escritora freelance pero en su lugar decidí encontrar un trabajo más estable y accesible, porque era mucho más sencillo. No hay nada malo en querer una vida estable y cómoda, pero yo estaba evitándolo por la razón equivocada: porque tenía miedo a fallar.

Al final, me cansé. Decidí encontrar un trabajo que de verdad me llenase, viajar más y vivir en otro lugar. Cometí muchísimos errores por el camino, e incluso cuanto tuve éxito, me sentí como un impostor. Con todo, a día de hoy pienso que el mayor error fue no intentarlo antes. Incluso si hubiese fracasado, habría aprendido de mis errores mucho antes.

Preocuparse demasiado por otras personas

Es demasiado fácil perder el tiempo preocupándose sobre otras personas. No me malinterpetes, tus amigos y tus seres queridos significan mucho para ti, y quieres pasar tiempo apoyándolos. Eso es correcto. Pero también pasamos demasiado tiempo obsesionándonos con problemas que no importan a la larga.

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Por ejemplo, yo pasé años enfadándome con gente que trataba de menospreciar mi trabajo. Me quejé de ellos, traté de entenderlos, me pregunté acerca de lo que estaba mal conmigo como para inspirar tal tipo de comportamiento. Y al realidades que todos esos hábitos siempre llevaron a un callejón sin salida, porque no implicaban ninguna reacción. Cuanto más mayor me hice, menos tolerante me volví a dicho comportamiento, y aprendí a cortarlo de raíz.

También me autocomplací con otro sentimiento inútil: los celos. Me comparaba a mí mismo con todo el mundo, lo que los demás tenían, y me sentía muy atrás. El caso es que como la mayoría de sentimientos destructivos y negativos, el primer (y mayor) paso para sobreponerte a ellos es entenderlo.

Comencé a prestar atención a mis celos y a qué hacía que se activasen. Acabé por entender que tenían menos que ver con la otra persona que con mi propio sentimiento de no dar la talla. Resumiendo, aprendí a aceptar los celos. La envidia es diferente, pero a menudo viene del mismo lugar. Esto es lo que el escritor Trent Hamm sugiere para lidiar con la envidia:

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La pregunta es: ¿por qué quieres eso en tu vida? A mí me gusta usar la estrategia de “los cinco por qué” para manejar una pregunta así. Cuando intento responder el primer por qué, hago otro, así hasta cinco veces. Así, cada vez que identifico un deseo fuerte que tengo, doy un paso atrás durante un momento y lo “rompo” en partes más pequeñas que puedo entender. Entones, veo si hay posibilidad de incluir esas partes más pequeñas en mi propia vida. De nuevo, tomemos el ejemplo de ese viaje internacional. ¿Qué elementos hacen que lo desee? Quiero mostar a mis hijos culturas diferentes... el asunto es que cuando comencé a preguntar “por qué” repetidamente en torno a ese deseo, encontré aspectos que desde ya podía incorporar a mi vida.

Una vez entiendes por qué te sientes celoso o envidioso, puedes arreglar el problema, ya sea procesando las emociones que te despierta o estableciendo metas. En cualquier caso, es mucho, mucho más productivo.

Es probable que, llegados a este punto del texto, muchos se hayan sentido culpables por uno u otro punto, pero la realidad es que esto es, en esencia, la misma naturaleza humana. El arrepentimiento es otra gran pérdida de tiempo, y no tiene sentido recrearse ni detenerse demasiado en ello. Cuanto antes aprendes de tus errores, antes puedes liberar ese tiempo y esa energía para vivir la vida que quieres.

Ilustración de Sam Woolley

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