La puerta al infierno (la auténtica), al atardecer. Foto: Tormod Sandtorv

En el mundo existe solo un puñado de lugares donde hay lagos de lava permanentes. Además, existe otra pequeña lista de lugares donde no hay actividad volcánica pero la tierra arde. Si estás interesado en visitar llamas eternas, estas son las más espectaculares y peligrosas.

Pozo de Darvaza (Turkmenistán)

Panorámica diurna del pozo de Darvaza. Foto: Stefan Krasowski / Flickr, bajo licencia Creative Commons.

El pozo de Darvaza, en el desierto de Turkmenistán, es el único lugar en la Tierra conocido oficialmente como la puerta del infierno. Las laderas de este cráter de 69 metros de diámetro y 30 de profundidad llevan ardiendo desde 1971.

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El fuego comenzó con un accidente. Un equipo de geólogos soviéticos estaba perforando la zona en busca de gas natural con tan mala suerte que se pusieron a hacer la prospección sobre una cueva natural. El suelo se vino abajo tragándose la perforadora y buena parte de su equipo. Temerosos de que el escape de gas provocara un desastre ecológico, los rusos le prendieron fuego al cráter pensando que no tardaría en consumirse. Lleva así desde entonces, pese a varios intentos infructuosos por apagarlo.

George Kourounis, en las laderas del pozo de Darvaza. Foto: Stormchaser

En mayo de 2015, el explorador canadiense George Kourounis se convirtió en la primera persona en descender al fondo del pozo de Darvaza. Ataviado con un traje térmico, Kourounis tomó muestras del suelo y confirmó que hay organismos viviendo en él, a más de 400 grados.

Brennender Berg (Alemania)

Foto: Wikipedia

El nombre de este lugar significa Montaña ardiente en alemán. En 1688, un depósito de carbón subterráneo comenzó a arder. Las causas no están claras. La ciencia dice que muy probablemente el fuego comenzara espontáneamente por compresión del mineral. La leyenda local dice que un pastor prendió una pequeña hoguera junto al depósito y el fuego se transmitió por las raices del árbol. Sea como sea, lleva ardiendo desde entonces.

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Normalmente no hay llamas visibles en Brennender Berg, pero las grietas en el terreno emiten un calor considerable. Se dice que algunos excursionistas lo aprovechan para cocinar huevos.

Monte Quimera (Turquía)

En Turquía hay una pequeña región llamada Yanartas en la que el suelo arde. Se trata de un conjunto de fisuras en la roca por donde se filtra gas metano que alimenta el fuego. Es de los pocos casos en los que el Metano no tiene origen biológico.

Se cree que estas llamas llevan miles de años ardiendo, y que incluso inspiraron al poeta griego Homero para imaginar la quimera mitológica de la que el monte toma su nombre popular.

Baba Gurgur (Irak)

Soldados junto a Baba Gurgur en la guerra de Irak. Foto: Chad.r.hill

Se cree que las llamas eternas de Baba Gurgur inspiraron el canto de los tres jóvenes en el horno, un relato bíblico sobre tres judíos a los que el rey Nabucodonosor intentó matar arrojando a las llamas por negarse a adorar a falsos ídolos. Leyendas aparte, Baba Gurgur lleva ardiendo desde hace alrededor de 4.000 años.

Geológicamente, se trata de un cráter en el centro de un rico campo petrolífero por el que se filtra gas. Además de producir llamas eternas, Baba Gurgur genera asfalto de manera natural, un material que los habitantes de la zona han utilizado de forma tradicional en sus construcciones. El lugar es visitable, pero peligroso, porque algunas grietas generan sulfuro de hidrógeno, un gas altamente tóxico.

Montaña de fuego de Yanar Dag (Azerbayán)

Fotos: Nick Taylor / Flickr, bajo licencia Creative Commons

Azerbayán se conoce popularmente como la tierra del fuego, y no es para menos. Yanar Dag es un pequeño monte donde la ladera arde de forma permanente con llamas de hasta tres metros de altura. La causa original del fuego se desconoce, pero su origen geológico está en un gran depósito subterráneo de gas que se filtra limpiamente a través de la roca porosa.

En la antigüedad hubo otros lugares de Azerbayán donde ardían llamas eternas muy similares. El más popular fue el Templo del Fuego de Baku (sobre estas líneas), un lugar de oración para el sincretismo hasta su abandono en 1883, cuando las primeras explotaciones de gas de la zona robaron el fuego al templo.

Montaña de fuego de Wingen (Australia)

Wingen o Wingham es una pequeña colina situada a unos 225 kilómetros al norte de Sidney, en Australia. Tiene el récord de ser el depósito de carbón ardiente más antiguo del planeta. Lleva en llamas desde hace 6.000 años. Obviamente, no se sabe qué inició el fuego.

Cada año, el incendio eterno de Wingen se desplaza un metro en dirección a Sidney. Afortunadamente, aún le quedan unos años (225.000) para que suponga un peligro para la ciudad, suponiendo que quedara carbón para entonces. Desde la superficie, los indicios de la combustión son el calor, finas columnas de humo y un paisaje cubierto de ceniza que parece lunar.

Centralia (Estados Unidos)

La carretera 61 de acceso a Centralia, destrozada por el calor interno de la mina. Foto: JohnDS

Un clásico de los incendios subterráneos, en esta ocasión provocados por el hombre. En 1962, un incendio intencionado en una fosa para quemar basura prendió una veta expuesta de carbón en la mina de Centralia, un pequeño pueblo de Pensilvania. Pronto, la combustión se extendió por toda la mina y la explotación tuvo que cerrar.

Foto: Aaron Muderick / Flickr, bajo licencia Creative Commons

Pese a los intentos de sofocar el fuego, el incendio prosigue hoy, y se calcula que aún tiene combustible para otros 250 años. El problema en sí no es el fuego, que está contenido bajo tierra, sino el monóxido de carbono que genera. En 1984 el Congreso de los Estados Unidos asignó más de 40 millones de dólares para indemnizar y reubicar a toda la población. Hoy, Centralia es un pueblo fantasma con solo diez habitantes. Su estética inspiró el videojuego Silent Hill.

Jharia (India)

Jharia es una pequeña ciudad en el estado de Jharkhand, en India, y también un auténtico desastre ecológico producido por la mano del hombre. En el siglo XIX comenzaron a explotarse las minas de carbón cercanas a la ciudad. El primer incendio del que se tiene constancia data de 1916. Hoy hay más de 70 fuegos permanentes que dan a las minas de Jharia un aspecto completamente apocalíptico.

El problema está en que el carbón que se extrae en Jharia es poroso y se prende con mucha facilidad en cuanto tiene contacto con el aire. Una vez comienza a arder ya es muy difícil de apagar. En los años 70, y tras varios colapsos del terreno debido a los incendios subterráneos, la compañía que explota las minas decidió comenzar a hacerlo a cielo abierto, exponiendo más carbón al aire y multiplicando los fuegos.

A día de hoy, India es el cuarto país con más emisiones de monóxido de carbono a la atmósfera y lo es por culpa de esta región. Los gases que emanan de la combustión provocan enfermedades respiratorias y cutáneas a los cerca de 400.000 habitantes de la ciudad, y las autoridades parecen ignorar el problema como si no fuera con ellas. Probablemente lo peor en Jharia aún está por llegar.

Cueva de agua y fuego de Guanziling (Taiwán)

En realidad no es una cueva, sino una pared de roca que tiene la rara combinación de albergar en su interior un manantial de aguas termales y otro de gas natural. El resultado es un estanque de aguas cristalinas del que mana fuego. En la actualidad la llama es discreta, pero hace décadas se dice que alcanzaba varios metros.

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Según el cómputo local, la llama lleva activa alrededor de 300 años. Puede visitarse y de hecho es uno de los lugares turísticos más frecuentados de la ciudad de Tainan, en Vietnam.

Llama de Chestnut Ridge Park (Estados Unidos)

Foto: Sarah Johnson, bajo licencia Creative Commons

La llama que surge de la roca tras una cascada en el parque de la localidad de Chesnut Ridge, en el estado de Nueva York, es digna de una novela de fantasía épica. Su origen, desafortunadamente, no está en dragones ni elementales, sino en un depósito de gas a 400 metros de profundidad.

La llama, de unos 20 centímetros de altura, consume un kilogramo de gases diarios. En su mayor parte es metano, pero también exhibe altas concentraciones de etano y propano. A día de hoy es una de las mayores atracciones de esta pequeña localidad al norte de la Ciudad de Nueva York.