Hace no tanto había que calentar los coches de gasolina durante un rato antes de arrancar. Con los motores de inyección más modernos, los fabricantes dejaron de recomendarlo. No es necesario, aunque haga frío.

El mito proviene de la época de los motores de carburación, que necesitaban varios minutos de ralentí para llegar a una temperatura en la que pudieran funcionar correctamente. Los carburadores no eran capaces de ajustar, en función de la temperatura, la relación aire-combustible que aspira el motor, así que la combustión podía fallar y el coche podía calarse si le exigías fuerza cuando estaba frío.

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Como explica Jason Fenske de Engineering Explained, el panorama cambió con los motores de inyección actuales. Ahora la unidad de control electrónico ECU se encarga de regular la mezcla de aire y combustible para que el motor tenga vapor suficiente para una combustión completa, incluso a temperaturas bajo cero. Dejar el motor al ralentí ya no es necesario y, de hecho, aporta menos calor al proceso que empezar a conducir directamente.

Si “calentamos el coche”, lo que hacemos es tardar más en arrancar y malgastar combustible. El ralentí gasta entre 0,5 y 0,7 litros por hora, lo cual no es poco. Si tu vehículo consume 6,5 litros cada 100 kilómetros, con medio litro habrías podido recorrer casi ocho kilómetros.

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Pero el consumo no es la única razón por la que deberías olvidarte de calentar tu coche al ralentí en invierno. Esta práctica hace que el motor pase más tiempo frío, lo que produce un mayor desgaste en los cilindros. La gasolina es un fuerte solvente que consigue limpiar el aceite de las paredes de los cilindros cuando mantienes el motor encendido y sin utilizar. El aceite será más difícil de reemplazar porque estaba frío.

Menos aceite significa más desgaste, pero no es el único problema. Dejar tu coche inactivo durante mucho tiempo en un día frío contamina el aceite con combustible. Todo ese rato en marcha puede hacer que la gasolina cruda se filtre en el aceite y éste pierda sus propiedades de lubricación. Lo que, en definitiva, aumenta el desgaste del motor.

La sabiduría popular nos hizo creer que esperar a que el coche se caliente reduce el desgaste del motor, pero ya vemos que en realidad ocurre todo lo contrario. La próxima vez que pongas tu vehículo en marcha, arranca directamente y asegúrate de no dar muchos acelerones hasta que se apague el testigo de la temperatura, para evitar otros desgastes innecesarios en el motor. [Engineering Explained vía Road & Track]

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