De todas las teorías que tratan de explicar el origen de la Luna, la más plausible es que nuestro satélite se formó por agregación de grandes fragmentos producto de una colisión entre un enorme planetoide conocido como Theia o Tea, y nuestro propio planeta. Un detallado estudio acaba de confirmar que esa teoría es cierta. Tea existió, y chocó con nuestro planeta hace 4.500 millones de años.

Científicos de la Universidad de Göttingen, en Alemania, han examinado la composición de isótopos de oxígeno, titanio, silicio y otros elementos de los fragmentos de roca traídos a la Tierra en las misiones Apolo 11, 12 y 16. Por los resultados del análisis, publicados ahora en la revisa Science, se sabe que cada planeta de nuestro sistema solar tiene una proporción de isótopos diferente y característica. La hipótesis del equipo de Göttingen era que, si Theia existió su composición tiene que ser diferente a la de la Tierra, y si la Luna se formó con fragmentos de ese planeta después de colisionar con el nuestro, podrían encontrarse en su superficie.

Las primeras muestras que analizaron corresponden a fragmentos de meteoritos lunares, pero el contacto con el agua de nuestro planeta hizo que las muestras no fueran válidas al variar su composición de isótopos.

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Los investigadores tuvieron más suerte al pedir prestados a la NASA fragmentos de roca de las misiones Apolo. Gracias a esos fragmentos, han podido determinar que la Luna está compuesta en su mayor parte (entre un 70 y un 90%) de rocas provenientes de Theia. El resto son fragmentos de nuestro propio planeta. El estudio acaba de publicarse en la revista Science. [Science]

Foto inferior: Recreación artística del choque entre Tea y la Tierra. / NASA

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