La pregunta podría parecer completamente fuera de lugar, pero no lo está gracias a Hoptroff, un fabricante de relojes de súper lujo con sede en Londres. La compañía acaba de anunciar el Hoptroff Nº10, el primer reloj atómico de bolsillo.

Encapsulado en un chasis de 82 milímetros de diámetro y 25 de grosor, el Hoptroff Nº10 es un poco grandecito para llevarlo en la muñeca. En su interior, el reloj lleva un chip Quantum SA-45s de la compañía Estadounidense Symmetricom. El chip controla una cámara sellada que contiene isótopos estables de gas Cesio-133.

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Un láser dispara a esos isótopos y un sensor de microondas detecta las emisiones de electrones del Cesio, cuya frecuencia es la que marca el paso del tiempo. Aunque parezca increíble, todo este tinglado atómico sólo necesita una batería de iones de litio recargable mediante Micro USB para funcionar.

Aparte de para fardar de excentricidad, el llevar un reloj atómico en el bolsillo asegura una precisión máxima que, según sus creadores, puede aguantar mil años sin retrasarse o adelantarse siempre y cuando permanezca cargado claro.

Hoptroff sólo lanzará, de momento, una edición limitada de doce ejemplares a un precio de casi 59.000 euros cada uno. Por si os lo estabais preguntando, el Cesio-133 no se considera material nuclear y no emite radioactividad, así que no hay posibilidad de que llevar el Hoptroff Nº10 os obsequie con superpoderes, enfermedades mortales, ni registros medievales en los aeropuertos. [The Register]