Hay un largo recorrido entre una idea perfecta y una buena idea. Entre la tuerca exacta que engrana la máquina y la que simplemente consigue que funcione. Que Windows 10 permita ejecutar de manera (casi) directa aplicaciones de Android y de iOS es una gran, gran noticia. Pero no es tan buena como parece.

Tampoco es un movimiento, obviamente, aleatorio. La falta de aplicaciones para Windows, tanto en escritorio con la Windows Store como especialmente en Windows Phone, es flagrante. Con la futura tienda de Windows 10 y la unificación de las aplicaciones lo que se pretende es que cualquier desarrollador que tenga una aplicación en iOS o Android pueda, con un algunos ajustes mínimos mediante, colocar su aplicación en la Windows Store sin demasiadas complicaciones.

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Esa es la teoría. La práctica, siempre tan cruel, es algo menos romántica. Asumir que un simple “salto” de un sistema a otro va solventar todos los problemas es algo parecido a un boxeador con tutú. Es un boxeador. Con tutú. Bailando ballet. Puedes disfrutar de un Lago de los Cisnes con Tchaikovsky en toda su gloria con boxeadores en tutú sobre el escenario si te apetece, porque es la misma obra al fin y al cabo, pero hay algo que obviamente no encaja. No es lo mismo.

Hay un ejemplo claro y bastante obvio: el cliente oficial de Twitter y en iOS y Android. En iOS es relativamente decente, sin ser brillante. En Android es una chapuza inconsistente con quejas continuas sobre su usabilidad, sin ser tampoco un desastre. En Twitter son conscientes de ello.

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Ni siquiera una compañía así, con todo el tiempo y esfuerzos dedicados para los dos sistemas operativos más importantes ha conseguido hacer algo como “dar el salto” directo de un sistema al otro. Hay cuestiones únicas y particulares de cada SO, de legacy sobre todo, que hay que tener en cuenta.

El otro asunto delicado es la interfaz. Asumir que el Material Design de Android 5.0 Lollipop va a encajar con la Modern UI de Windows Phone es ingenuo cuanto menos. Lo mismo con iOS 8. iOS tampoco tiene, entre otras cosas, un botón de retroceso como Windows Phone o como Adnroid, y su interfaz está diseñada como consecuencia.

Y el último, aunque no el definitivo, son las actualizaciones. Es el menos importante pero cuando un desarrollador actualice una app de iOS y Android también debería, retoque de código mediante, portarla a su vez para Windows. Es un proceso que a la larga puede dejar, sin más, de compensar. Especialmente en ese estado de “beta constante” sobre el que se despliegan muchas aplicaciones hoy en día.

Que ahora sea más fácil que nunca portar aplicaciones de iOS y Android a Windows Phone es una buena. Una gran noticia. Y a todos los usuarios de Windows Phone debería interesarle. Un empujón necesario en un sistema operativo que, por su calidad, merece eso y mucho más. Pero no es la solución perfecta. La tuerca dorada. Todavía no.

PD: Lo de los boxeadores con tutú es una idea interesante.

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