La playa de Barlings, cerca de Bateman’s Bay, en Nueva Gales del Sur, ha amanecido de color azul esta semana. A primera vista parecen botellas de plástico, pero en realidad son algo bastante más inquietante. Se trata de fragatas portuguesas, un organismo marino cuya picadura puede llegar a ser mortal.

La fragata portuguesa (Physalia physalis) recibe muchos nombres: Carabela portuguesa, botella azul, agua mala o falsa medusa. En inglés también se la conoce como terror flotante, un apelativo que se ha ganado a pulso.

Aunque parece una medusa, la fragata portuguesa es en realidad una colonia de microorganismos que se especializan en distintas funciones para mantener viva la comunidad. El animal no es agresivo. De hecho ni siquiera es capaz de moverse por sí mismo. Tan solo se deja llevar por el viento y las corrientes con ayuda de una vela gelatinosa.

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El problema es que sus tentáculos están cubiertos de una serie de filamentos con diminutas púas que inyectan una peligrosa neurotoxina. La fragata portuguesa usa esos tentáculos para paralizar y devorar a los peces que se le acercan demasiado, pero a menudo protagoniza accidentes en los que seres humanos se enredan en los filamentos que se extienden alrededor de 10 metros desde el cuerpo de la colonia.

Para el ser humano, el veneno de la fragata portuguesa tiene propiedades neurotóxicas, citotóxicas y cardiotóxicas. Al inyectarse en el torrente sanguíneo produce un dolor intenso y puede llegar a causar la muerte si se reciben múltiples picaduras. Las fragatas que arribaron a Barlings aún seguían vivas, así que poner el pie en la masa de organismos no es precisamente la mejor de las ideas.

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La llegada de estas miles de fragatas no es un espectáculo especialmente inusual en Nueva Gales del Sur, y desgraciadamente cada vez será más normal encontrar las playas cubiertas de estas peligrosas colonias o de otros tipos de medusa. La culpa de ello la tiene el calentamiento global. La bióloga marina Lisa-ann Gershin explica:

El calentamiento global está contribuyendo a una multiplicación descontrolada de las medusas. Apenas unas décimas de cambio en la temperatura del agua acelera su metabolismo. Se alimentan más, se multiplican y se vuelven más longevas. Es increíble lo que un ligero calentamiento en el agua puede hacer. La pesca intensiva les da más espacio para multiplicarse, y la acidificación del agua por efecto de la contaminación no las afecta. Afecta a todas las demás especies.

[vía Sydney Morning Herald, StoryTrender]