Más allá de los discutibles cambios estéticos capitaneados por Jony Ive, iOS 7 sienta los cimientos de una nueva forma de funcionar en lo que respecta a los dispositivos Apple. Los cambios del sistema operativo son más estructurales de lo que parecen, y dejan mucho terreno a la especulación en torno a lo que nos espera en los próximos iPhone e iPad.

Un interfaz con motor de físicas

El efecto Parallax que hay entre el fondo y los iconos de iOS 7 no deja de ser un caramelo de diseño para usuarios ávidos de fuegos artificiales. Bajo ese aperitivo se oculta el germen de un motor de físicas cuyo kit de desarrollo aparece con el ambiguo nombre de Dinamic Motion controls.

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Todo parece indicar que el mencionado efecto es sólo el aperitivo de un sistema en el que los controles se comporten como objetos tridimensionales y sean sensibles a la luz, el movimiento, o la posición relativa del teléfono en el espacio. Por supuesto, esto implica subir mucho la potencia de los procesadores, especialmente en lo que a gráficos se refiere.

Personalización

Apple siempre ha sido monolítica en lo que a apariencia de sus productos se refiere. Si quieres que tu iPhone luzca diferente, cómprate una funda. Si quieres que tu software tenga una estética propia, recurre al jailbreak, pero eso podría cambiar muy pronto.

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La manera en que reaccionan los menús a un cambio tan sencillo como la imagen de fondo de pantalla puede ser el preludio a una deseada política más aperturista en la personalización de elementos como el color de la interfaz. El cambio podría ir de la mano de un nostálgico retorno a las carcasas de colores como ya hemos visto en los nuevos iPod.

Uso de los sensores

La alternativa a usar sensores nuevos parece estar en reprogramar la manera en que funcionan los que ya existen. Durante mucho tiempo se ha hablado de que los nuevos iPhone podrían incorporar sensores biométricos de huellas dactilares.

La llegada de iOS 7 parece sugerir lo contrario. Incluso la forma en la que sostenemos o movemos el teléfono puede dar lugar a pautas que, con el tiempo, sean el control de seguridad del teléfono. Igualmente, los cambios en la manera de movernos por la pantalla del terminal auguran también la incorporación de diferentes usos para estos sensores.

El cerebro de un ecosistema

Apple siempre ha sabido manejarse muy bien con su ecosistema de accesorios, pero diseños como la aplicación para automóviles presentada en el WWDC de este año sugieren una voluntad por convertir el iPhone en el cerebro de un ecosistema más grande. La reciente compatibilidad con Airdrop y el nuevo centro de notificaciones de iOS7 también apuntan en este sentido.

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En realidad no hay mucho de nuevo en esto. Otras marcas, desde Samsung a Panasonic, ya intentan que el smartphone sea, cada vez más, el centro de nuestra vida digital. En este sentido Apple tan sólo está poniéndose al día. Habrá que ver también cómo encaja todo esto en su visión de ecosistema cerrado y con conexiones propietarias. No se puede aspirar a regir un ecosistema si nos empeñamos en imponer nuestra conexión.

Por supuesto, todo esto no son más que conjeturas y no suponen una novedad en sentido estricto. Google lleva tiempo desarrollando estas líneas para Android, y Apple necesitaba dejar de vender un smartphone que hace otras cosas, para empezar a vender algo diferente, un motor que mueva un mundo en el que todo está cada vez más conectado.