Foto: next_aqva / Flickr bajo licencia Creative Commons

Una caja de metacrilato con un ratón y un grillo ignorándose mutuamente. Al segundo siguiente, el roedor se abalanza sobre el insecto y le propina un mordisco que prácticamente le arranca la cabeza. La diferencia entre un momento y otro está en un láser activado por un científico.

No es la primera vez que la ciencia logra modificar el comportamiento de ratones mediante pulsos de luz en las neuronas adecuadas. De hecho ya han encontrado el interruptor de encendido y apagado del cerebro. Un pulso láser en esa zona duerme al ratón o lo despierta de forma inmediata, pero el truco de convertir al animal en un cazador implacable es algo más inquietante y espectacular.

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Aunque la idea de un ratón cazando insectos de forma despiadada suene rara, en realidad es perfectamente natural. Los ratones, como otros roedores, no desdeñan alimentarse ocasionalmente de pequeñas presas como insectos.

El trabajo de Ivan de Araujo, neurobiólogo en la Universidad de Yale no consiste sin embargo en convertir ratones en asesinos instantáneos de grillos. Su campo de estudio era el comportamiento alimenticio. Haber encontrado la región del cerebro responsable de los instintos de caza ha sido un hallazgo casual, y también sorprendente porque está en un lugar inesperado: la amígdala.

El cuerpo amigdalino del cerebro es el centro que procesa el miedo y la ansiedad, dos emociones que hasta ahora no se asociaban con la caza. Los investigadores han encontrado dos mecanismos neuronales en esta zona, uno controla la velocidad del movimiento y otro la fuerza con la que muerden. Cuando se activan los dos, el ratón se abalanza sobre lo que tenga más cercano, sea un grillo, un tapón de plástico o un trocito de madera y lo muerde con fuerza.

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El mecanismo no hace que el ratón ataque a otros ratones o a objetos más grandes que él. Lo que sugiere que el instinto depredador está moderado por otras regiones del cerebro que ayudan al animal a diferenciar las presas adecuadas. En cuanto a que el instinto de caza esté en el mismo lugar que el del miedo tiene cierto sentido. Araujo explica que durante la caza el animal está expuesto a su vez a otros depredadores. Tener activo el centro del miedo probablemente sea una buena idea. [Science Direct vía Science Magazine]