Tu cerebro te engaña, continuamente. Lo hemos visto con las ilusiones ópticas que Oculus utilizaba con su realidad virtual y lo hemos visto con efectos de distorsión del tiempo tan particulares como la cronostasis. Tu cerebro también juega con la percepción de lo que oyes, y aquí van unas cuantas ilusiones auditivas que lo demuestran.

El efecto McGurk: cuando chocan tus sentidos

El efecto McGurk muestra la estrecha correlación que tienen nuestro sentidos. El mismo sonido puede variar drásticamente según veamos a la persona que nos está hablando mover sus labios de una manera o de otra. En ambos casos, el sonido es exactamente el mismo, pero lo que oímos cambia según qué imagen miremos. Lo más increíble es que cuando ambas imágenes se están reproduciendo lado a lado, podemos hacer que el sonido cambie simplemente mirando a izquierda o a derecha.

La escala de Shepard, o cuando el sonido conoció a Escher

Escher es un artista famoso por sus representaciones de dibujos y figuras imposibles. Una de las más famosas es esta imagen, la escalera infinita que siempre está bajando (o subiendo) sin que nunca acabe por descender realmente (o ascender).

En la escala de Shepard pasa lo mismo, pero con sonidos. El resultado es una escala musical que da la ilusión de ser infinita. Ocurre cuando se superponen ondas sinusoides separadas por octavas. Cuando la base de lanzamiento del tono (conocido como pitch, el cambio de volumen, en esencia) van hacia arriba o hacia abajo, el sentido de la escala también parece variar.

El oyente se concentra en los cambios entre las notas próximas, omitiendo las demás y dando la sensación de que cada tono parece ser más bajo o más alto que el anterior, pero no lo es. Es decir, el oyente se centra en las distintas gradaciones de las notas próximas según el volumen, no en las de unos segundos atrás, mucho menos en las futuras. Como cada tono "parece" más bajo o más alto que el anterior, da la sensación de que el sonido baja o sube continuamente. Si además los combinamos con fractales, el resultado es así de surrealista:

La paradoja del Tritono: el vestido no era ni amarillo ni azul y el sonido no sube ni baja

La paradoja del tritono está basada en las escalas de Shepard y recuerda mucho al famoso caso del vestido que unos veían azul y negro (¡era azul y negro!) mientras que otros veían de color amarillo y dorado. Escucha el vídeo de abajo y después pídele a varios amigos y familiares que también lo hagan y determinen si el tono global de las notas que se tocan sube o baja.

Lo curioso es que dicha percepción varía, tal y como descubrió Diana Deutsch en 1986, según la infancia de cada persona pero también según su país de nacimiento e incluso su etnia. La manera en la que percibimos esas notas está relacionada con con los sonidos a los que hemos estado expuesto.

El patrón básico consiste en dos sonidos contiguos generados por ordenador que están separados por media octava (es lo que en música se conoce como un tritono, de ahí el nombre), cuando se reproducen seguidos la percepción sobre si esos tonos suben o bajan varían de persona a persona. ¿Por qué? Explicarlo eludiendo al máximo conocimientos técnicos musicales es complejo, pero un buen ejemplo es este reloj, también propuesto por Deutchs.

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Si nuestro punto de referencia, nuestra base, está a las 12 en punto, en el Do (C en inglés, las 12 en nuestro reloj), cuando oiga el tritono que va hasta Fa (F en inglés, las 5), lo percibirá como descendente. Pero otra persona cuyo punto de referencia empiece en Fa sostenido (F# en inglés, las 6)) y vaya hasta La (A en inglés, las 9), lo percibirá como ascendente. Ese cambio de base, de punto de referencia viene determinada por los sonidos a los que ha estado expuesta esa persona. Estados dos imágenes lo explican para ambos casos:

Y sí, también tiene su equivalente visual en forma de figura imposible:

Sonidos Binaurales

Aunque sólo sea por unos centímetros (depende de lo cabezón que seas), tus dos oídos están separados físicamente entre sí. Eso implica que la frecuencia del sonido que llega a los mismos varía ligeramente. Jugando con el volumen y con las longitudes de onda puede recrearse dicha sensación.

Para apreciarlo por completo, utiliza unos auriculares (sí, es imprescindible), sitúate en una estancia sin mucho ruido y disfruta de la experiencia. Parte de las investigaciones actuales en torno a las gafas de realidad virtual como Oculus Rift o las HTC Re están intentando conjugar los sonidos binaurales con la experiencia visual para aumentar la sensación de realismo.

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