Construir un puente en una ciudad separada por un gran río parece una buena idea. Si el puente, además, es un hermoso espacio verde que imita a un bosque, el proyecto parece irreprochable. Sin embargo, eso es precisamente lo que quieren construir en Londres y la opinión pública cada vez está más enfadada con el proyecto.

Lo cierto es que el Garden Bridge, que es como se llama el proyecto, parece una buena idea sobre el papel, pero a poco que van saliendo nuevos datos, comienzan a aparecer preguntas muy comprometedoras. La primera es una simple cuestión de números. El proyecto costará la friolera de 300 millones de dólares debido a que a su arquitecto, Thomas Heatherwick, se le ha ocurrido construir la estructura con una aleación especial de cobre y níquel similar a la que se utiliza en algunas monedas y cuya elección se debe a que no se corroe con el agua de mar.

Advertisement

Y es cierto que el ayuntamiento de la ciudad solo pone 91 millones del presupuesto total (el resto proviene de donaciones), pero sigue siendo una cifra innecesariamente elevada. Por citar una referencia, el último puente que se tendió sobre el Támesis (el Millenium Bridge) costó 46 millones de dólares.

El coste adicional podría entenderse si el Garden Bridge fuera una arteria fundamental para comunicar algún barrio o suplir la falta de zonas verdes, pero no. El puente comunica las zonas de Temple y South Bank, dos barrios muy céntricos que ya están perfectamente comunicados. Por otra parte, la zona centro de Londres tiene ya casi 20 kilómetros cuadrados de zonas verdes repartidos en diferentes parques. No es que necesite más árboles.

Advertisement

El colmo del absurdo llega con un detalle del proyecto que explican en The Guardian. El puente es el capricho de la actriz Joanna Lumley, principal valedora del proyecto y la persona que ha logrado recaudar el capital necesario para la construcción, cosa que la honra, por cierto.

Sin embargo, el proyecto de Lumley es que el puente sea un espacio tan especial y exclusivo que solo podrán cruzarlo personas en grupos de ocho y cerrará a las doce de la noche.

En definitiva, que es más una atracción turística que una infraestructura, una atracción de 300 millones de dólares en una ciudad que ya tiene suficientes diversiones para visitantes y que en realidad necesita desesperadamente inyección de capital en proyectos públicos más acuciantes, como la construcción de nuevas viviendas. Pese a la avalancha de críticas que está recibiendo el proyecto, el alcalde de Londres y amigo de Joanna Lumley, Boris Johnson, ha dado luz verde al proyecto, que se comenzará a construir este mismo año. [vía The Guardian]

***

Psst! también puedes seguirnos en Twitter, Facebook o Google+ :)